La adolescencia es una de las etapas más complicadas y confusas para las personas. Durante ella, los comportamientos de niño deben quedar atrás y ser reemplazados por costumbres más adultas.

Sin embargo, en el proceso los adolescentes siempre están sujetos a situaciones estresantes y no poseen la misma cantidad de herramientas que los adultos para lidiar con ellas. Por ello, para estos individuos tiende a ser mucho más complicado manejar sus emociones y regular sus comportamientos.

Actualmente, el consumo masivo de comida chatarra está generando una peligrosa pandemia de obesidad infantil y adolescente. Por este motivo, en todo el mundo ha surgido un nuevo interés por conocer los motivos por los que esta se vuelve más frecuente.

Además de la facilidad de acceso que esta ofrece, se plantea que el abuso de estos alimentos puede estar relacionado con el estrés. Para comprobarlo Matthew Nagy, Amaanat Gill, Tessa Adams, Julia Gerras, Lauren Mazin, Cindy Leung y Rebecca Hasson se unieron en una investigación que tuvo un total 51 participantes entre 14 y 19 años.

¿Qué es lo que plantea el estudio?

Estos investigadores de la Universidad de Michigan publicaron los resultados de su estudio en Ovid el 10 de julio de este año. El nombre por el que se dio a conocer fue: “Supresión de la ingesta de comida en adolescentes obesos y con sobrepeso inducida por el estrés”.

Para poder registrar los cambios en estos adolescentes, el equipo los sometió al Trier Social Stress Test (TSST) y a diversas citas de control. Gracias a ellas, era posible conocer la condición del participante y la relación de esta con su estado mental.

Asimismo, regularon variables como la medición o no de la ingesta de alimentos. Esto debido a que las respuestas de alimentación variaron de un caso a otro.

El estrés no hace que los niños obesos coman más

De hecho, según los resultados del estudio, este en realidad tiene un efecto por completo contrario. La liberación de cortisol en los niños y adolescentes del estudio se relacionó de forma inversamente proporcional a la ingesta alimenticia.

Es decir, mientras más cortisol fuera liberado por el organismo, menor era el apetito reportado por los participantes. Este momentáneo rechazo a la comida se hizo particularmente fuerte las primeras dos horas con los alimentos que contenían muchas calorías o azúcares durante.

Con un resultado como este, no solo es posible conocer un poco más la relación entre la obesidad y el estrés infantil sino las formas de combatirlo. Después de todo, a pesar de que los resultados revelaron que, durante las primeras horas –cuando el cortisol estaba al máximo–, la ingesta de alimentos disminuyó, muchos de los participantes aseguraron haber consumido más comida luego de sentirse estresados.

Ello implica que podría no ser una respuesta hormonal, pero sí psicológica a ese tipo de estímulos. Como otro detalle adicional del estudio, se probó que los adolescentes que medían las calorías que ingerían, tenían una mayor tendencia a comer por estrés.

Aún hay mucho que descubrir

Los investigadores tienen claro que aún no se conocen todos los efectos del estrés en los niños y adolescentes. No obstante, aseguran que ninguno de los resultados debe ser verdaderamente positivo.

La profesora Hasson señaló que “Esto no significa ‘estresen a sus hijos y ellos bajarán de peso’. Esto se trata solo de un resultado a corto plazo”. Con ello, implica que la posibilidad de que luego el adolescente consuma más alimentos chatarra es alta. Ahora, los investigadores quieren enfocarse en los efectos a largo plazo que podría tener el cortisol en el organismo.

Referencia:

Stress-induced suppression of food intake in overweight and obese adolescents: DOI: 10.1097/PSY.0000000000000732