En el año 2015, en Brasil, miles de personas comenzaron a acudir a los hospitales con un virus que antes no se había presentado en América Latina. Muchas investigaciones después, se descubrió que este era el Zika, una enfermedad que antes se creía que era inofensiva, y que ahora estaba convirtiéndose en una epidemia.

Este virus es transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, a través de la sangre o por contacto sexual, y se caracteriza por presentar fiebre, sarpullido, dolor de cabeza, dolor en las articulaciones, dolor muscular e, incluso, conjuntivitis. Estos síntomas son moderados (a veces, incluso inexistentes) y normalmente desaparecen luego de una semana.

El virus fue descubierto en el año 1947 en Uganda, en un bosque llamado “Zika”, el cual le da el nombre a la enfermedad, y 40 años después de ese descubrimiento solo se habían detectado 14 infecciones en seres humanos, de las cuales ninguna se complicó. Sin embargo, en el año 2007 el virus reapareció en la isla Yap, y luego, en el 2013, en la Polinesia Francesa. Para ese entonces, los pocos casos de contagio presentaron síntomas muy leves y se creía que este virus era inofensivo, lo cual no podría estar más alejado de la realidad.

Poco después, se presentaron casos de unas 50 personas que sufrían de parálisis severas en las que los pacientes debían ser tratados con urgencia porque no podías respirar. Este es llamado el síndrome de Guillain-Barré, el cual está asociado a un ataque al sistema nervioso.

Para el año 2016, el Zika ya era considerada una epidemia en América Latina.

Más que un simple malestar

En el año 2016 en Colombia, el Zika dejó a más de 100.000 personas infectadas, de las cuales 18.177 eran mujeres embarazadas. A partir de entonces se descubrió que esta enfermedad afectaba también en la formación de los fetos.

El profesor Arnaud Fontaner del Instituto Pasteur de París, asegura que si la infección aparecía durante la décima semana de gestación del feto, es decir, cuando las células que dan origen al cerebro se comienzan a multiplicar, existe un peligro muy grande de que el cerebro presente anomalías durante su desarrollo.

Estas anomalías traen como consecuencia que el cerebro no se desarrolle completamente, por lo que no podría empujar el cráneo y darle la forma correcta. Cuando sucede esto, podemos decir que el bebé sufre de microcefalia.

Durante la epidemia en Colombia del año 2016, de los 16.597 bebés que nacieron en el país, al menos 356 presentaron microcefalia como consecuencia de la infección prenatal del virus del Zika, y aproximadamente el 39% presentó alteraciones en su desarrollo auditivo y de lenguaje. También se ha hablado que los niños expuestos al virus luego de la etapa de gestación presentan trastornos de déficit de atención o hiperactividad.

Davide F. Robbiani, profesor asociado de investigación en la Universidad Rockefeller, comentó: “Se desconoce por qué algunas mujeres embarazadas infectadas con el virus del Zika dan a luz recién nacidos aparentemente sanos, mientras que otras tienen bebés con microcefalia”, sin embargo, un estudio posterior planteó que quizás esto se deba a los tipos de anticuerpos producidos por las madres embarazadas en respuesta a la infección por Zika.

Sorprendentemente, esta investigación reveló que aquellas madres que generaron anticuerpos más efectivos que combatieron la enfermedad, fueron las que tuvieron más bebés microcefálicos en comparación con aquellas que generaron anticuerpos menos efectivos.

¿Cuáles son las posibles curas a la enfermedad?

Hoy en día no existe ninguna cura o tratamiento que pueda combatir este virus, pero los investigadores aún se encuentran trabajando en ello. Por ejemplo, el estudio mencionado anteriormente concluyó que habría que determinar qué anticuerpos específicos son los que evitan que los bebés nazcan con microcefalia para poder conocer cuáles incluir en los tratamientos contra esta enfermedad. 

Acorde a otra investigación realizada en la Universidad de Tel Aviv, en Israel, existen algunos genes específicos que protegen las células de la infección viral por Zika, específicamente el llamado IFI6.

Según la doctora Ella H. Sklan, quien lideró el proyecto, este gen “mostró altos niveles de protección contra el virus del Zika, tanto al proteger las células de la infección como al prevenir la muerte celular”.

La doctora también asegura que este ha sido el primer paso para conseguir la cura, lo siguiente es comprender el mecanismo de protección de este gen contra el Zika para desarrollar una nueva terapia antiviral contra este virus y otros relacionados.

En fin, hay esperanza de encontrar la cura, así que solo queda esperar a que las próximas investigaciones de los expertos den resultados positivos para el desarrollo de nuevos tratamientos contra el virus.

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