Solemos hablar de que los humanos son seres sociales y que por mas bohemios, solitarios o nihilistas que seamos, necesitamos de otros para sobrevivir. Y aunque la monogamia aun se cuestiona como la forma más natural de “emparejarse”, lo cierto es que es la más aceptada en las poblaciones de todo el mundo.

A pesar de ello, las últimas generaciones se muestran más reacias a tomar la decisión. Se emparejan, es cierto, pero el establecimiento legal del matrimonio está siendo desestimado desde hace un buen tiempo.

Para muchos, casarse comprende la mayor locura que las personas podrian cometer. De hecho, solo en los Estados Unidos ha aumentado significativamente la cantidad de adultos mayores y la cifra continúa en ascenso.

Ahora bien, dentro de esta concepción adversa al matrimonio, varias veces esta forma de vida ha destacado como saludable para la pareja implicada, siempre que se lleve dentro de marcos equilibrados.

Por ejemplo, un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Michigan se encargó de estudiar la relación entre el estado civil y el desarrollo de demencia senil, y encontró que aquellas personas que se casaban eran menos propensas a sufrirla.

Una relación entre el estado civil y la demencia

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Las personas divorciadas o separadas, nunca casadas, viudas o que convivían presentaron un mayor riesgo de sufrir demencia senil.

Los investigadores tomaron los datos de más de 15,000 encuestados a nivel nacional del Estudio de Salud y Jubilación, de 52 años o más en 2000, a los que se les hizo seguimiento a sus funciones cognitivas cada dos años, ya fuera en persona o por teléfono, hasta el año 2014.

Se observó que todos los grupos solteros, incluyendo los que cohabitaban, los que estaban separados o divorciados, viudos o que nunca se casaron, presentaron probabilidades significativamente más altas de desarrollar demencia al envejecer en comparación con los casados. Así también, los divorciados fueron los más afectados, y esta propensión estuvo más acentuada entre los hombres que entre las mujeres.

El análisis también arrojó que los diferentes recursos económicos servían para explicar el mayor riesgo de demencia observado entre los encuestados divorciados, viudos y nunca casados. Pero este mismo criterio no funcionó para explicar el mayor riesgo que presentaron los que convivían en pareja, a pesar de que esta convivencia es prácticamente igual al matrimonio.

Además, factores como los comportamientos, las afecciones crónicas y la salud en general solo tuvieron una influencia ligera en el riesgo entre los divorciados y los casados, mas no afectaban otros estados maritales.

El matrimonio formal parece evitar la demencia senil

Las personas casadas tuvieron menos riesgo de sufrir demencia en la vejez, lo cual supone un factor importante a considerar para predecir la ocurrencia de la enfermedad.

Tal como indica Hui Liu , profesora de sociología y autor de la investigación, el estado civil parece jugar un papel importante en el mantenimiento de la salud en los humanos, y ha sido poco valorado en el tema de la demencia.

“Estos hallazgos serán útiles para los formuladores de políticas de salud y los profesionales que buscan identificar mejor a las poblaciones vulnerables y diseñar estrategias de intervención efectivas para reducir el riesgo de demencia”.

En un estudio previo, la misma autora se propuso estudiar cuatro grupos de personas solteras: divorciadas o separadas; viudos; nunca casados y concubinos. Encontró que los divorciados tenían mayor riesgo de sufrir demencia senil.

De modo que los resultados de esta nueva investigación refuerzan los de la anterior y ratifican que existe una ventaja en el matrimonio que protege a las personas que asumen y mantienen dicho compromiso del deterioro cognitivo en la vejez.

Referencia:

Marital Status and Dementia: Evidence from the Health and Retirement Study. https://doi.org/10.1093/geronb/gbz087