Proverbios como “me rascas la espalda, yo te rasco la tuya” y “ojo por ojo” están profundamente incrustados en nuestro patrimonio cultural y hacen referencia al principio de reciprocidad, recompensando o castigando a los que nos benefician o perjudican.

La reciprocidad directa ha sido propuesta como un mecanismo clave para la evolución de la cooperación y puede ser un componente universal del funcionamiento del grupo social humano. Sin embargo, a pesar de su importancia teórica y social, poco se sabe sobre la trayectoria de su desarrollo o los mecanismos psicológicos que apoyan su surgimiento.

Devolver el favor

Estudios previos sobre el desarrollo del comportamiento recíproco han encontrado evidencia de reciprocidad generalizada en los niños, pero no evidencia clara de reciprocidad directa.

Si se asume que la reciprocidad es algo que evolucionó como base de la forma en que los seres humanos interactúan con los demás, debería ser algo natural para los niños pequeños.

En el principio de reciprocidad, profundamente arraigado en nuestro patrimonio cultural, se recompensa o castiga a quienes nos benefician o perjudican.

Para probar esta hipótesis, un equipo de investigadores diseñó un juego de computadora sencillo para niños de 4 a 8 años. Los niños interactuaron con cuatro avatares que se les informó eran otros niños jugando el juego.

En una versión del juego, todos los “otros niños” recibieron una pegatina, dejando al niño sin ninguna. Pero entonces uno de los jugadores le dio su pegatina al niño. En la siguiente fase, el niño recibió una segunda pegatina que podía entregar a uno de los otros jugadores. Los investigadores esperaban que la opción más obvia era que el niño devolviera el favor y le diera esa pegatina a su benefactor anterior.

Sin embargo, la respuesta de los niños no fue la esperada. Cuando se vieron obligados a regalar su nueva pegatina, incluso cuando interactuaron con personas que eran miembros de su mismo grupo social, los niños de todas las edades optaron por favorecer a uno de los otros jugadores al azar, un comportamiento que no mostró evidencia de reciprocidad directa.

Dos sabores

A pesar de estos resultados, no quiere decir que los niños nunca muestran reciprocidad directa. De hecho, lo hicieron, solo que en forma de resentimiento en lugar de gratitud.

La reciprocidad directa en realidad viene en dos sabores. Además de la forma positiva de devolver los beneficios, mostrando gratitud, hay una forma negativa de devolver los perjuicios: guardando rencor.

El comportamiento de los niños no mostró evidencia de reciprocidad directa positiva.

El equipo puso a prueba la forma negativa de reciprocidad directa con un grupo diferente de niños, que jugaron una versión de “robo” del juego.

Los niños comenzaron con una pegatina que luego fue robada por uno de los cuatro jugadores. Más tarde, los otros jugadores tenían calcomanías y el niño tuvo la oportunidad de tomar una de ellas. Fue entonces cuando los niños tomaron represalias, con frecuencia mostrando signos de satisfacción, arrebatando una pegatina del ladrón para igualar el puntaje.

Los resultados, expresan los autores del estudio, sugieren que la reciprocidad negativa directa se desarrolla a una edad temprana, mientras que la reciprocidad positiva sólo se dirige a otras personas específicas a medida que los niños aprenden y adoptan normas sociales.

Referencia: Paying back those who harmed us but not those who helped us: Direct negative reciprocity precedes direct positive reciprocity in early development. PsyArXiv, 2019. https://doi.org/10.31234/osf.io/vjb6q