Durante años, hemos sabido que los gatos, junto a otras razas de felinos son los anfitriones por excelencia del parásito Toxoplasma gondii. Este, en la mayoría de los casos, no tiene consecuencias demasiado graves en los humanos.

Sin embargo, un estudio publicado en agosto de este mismo año, en Proceedings of the Royal Society B en la sección de ciencias biológicas, demuestra que dicho parásito podría ser la causa de muerte de muchas de las nutrias del sur de California. Este se estuvo desarrollando durante años y finalmente ha podido dibujar por completo la línea que une a las heces de los gatos con la toxoplasmosis que sufren las nutrias y otros animales marinos.

¿De dónde ha salido este estudio?

Esta se ha tratado de una iniciativa conjunta de varias universidades. Sin embargo, las protagonistas han sido: la Universidad de California, la Escuela de Medicina Veterinaria Davis y el Instituto de Salud de la UC.

El hilo conductor que ha unificado a estas entidades no solo ha sido la investigación, sino la cabeza de la misma, Karen Shapiro. Ella, junto a Elizabeth VanWormer, Andrea Packham, Erin Dodd, Patricia A. Conrad y Melissa Miller, se encargó de rastrear los tipos de toxoplasma de más de 100 nutrias que se encontraron en las costas entre 1998 y 2015.

El estudio llevó por nombre: Un tipo X de toxoplasma gondii es viral para las nutrias (Enhydra lutris nereis) del mar del sur y está presente en los felinos cercanos a los cuerpos de agua”. Allí, se presentaron todas las conclusiones que pudieron obtener luego de recolectar datos por más de una década.

El 70% de las nutrias del sur de California tiene toxoplasma

Uno de los primeros descubrimientos que lograron hacer con respecto a este fenómeno es que por lo menos un 70% de las nutrias de la zona presenta el toxoplasma en su organismo. Afortunadamente, este solo se convierte en la patología de la toxoplasmosis en una fracción de ellas.

En la actualidad, un gran porcentaje de los gatos de la zona puede ser un presunto portador del toxoplasma. Después de todo, sus presas –ratas y aves– suelen tenerlo adherido a sus pieles. Por ello, se trata de una tarea masiva intentar evitar que estos residuos lleguen a las fuentes de agua. Dichosamente, ello no implica que se trate de una labor imposible.

¿Cómo ocurre el proceso de contaminación?

Para poder entender de qué forma se podría prevenir esta situación, primero es necesario saber cómo se origina. Inicialmente, las heces de los gatos llegan al agua a través de las cañerías.

Como la composición de los desechos felinos es distinta a la de los humanos, las plantas de tratamiento suelen fallar en eliminar los virus que contiene. Luego de que estos alcanzan los cuerpos de agua, el parásito puede esparcirse y adherirse a otras superficies como las algas.

Seguidamente, otros organismos como los caracoles –que son un alimento predilecto de las nutrias– las ingieren y se convierten en anfitriones. Incluso, estas podrían llegar a consumir directamente las algas. En cualquiera de los dos casos, el resultado es que el toxoplasma alcanza su destino final donde puede llegar o no a ser fatal.

¿De qué forma se puede evitar que esto siga ocurriendo?

Una medida muy sencilla que puede implementarse en los hogares es cambiar la forma en la que las heces de los gatos son desechadas. Si estas son encapsulados en bolsas y retiradas con el resto de la basura en lugar de lanzarlas por el inodoro, entonces se elimina la posibilidad de que puedan alcanzar el mar.

Asimismo, las ciudades también podrían aplicar políticas para tener más espacios verdes. De este modo, los gatos callejeros tendrían una alternativa natural en la cual estar y así se evitaría que por las lluvias, sus deshechos fueran arrastrados por las calles hasta las alcantarillas.

Referencias:

Type X strains of Toxoplasma gondii are virulent for southern sea otters (Enhydra lutris nereis) and present in felids from nearby watersheds: https://doi.org/10.1098/rspb.2019.1334