En el siglo XX, nuestros antepasados fueron testigos de dos conflictos armados que cambiaron la forma de vida del mundo. En la actualidad, la sombra de estas guerras se mantiene acobijando a la sociedad bajo un manto de miedo.

Desde que estos eventos ocurrieron, el poder militar de muchos países solo ha sabido avanzar con el desarrollo de nuevas armas. Entre ellas, se encuentran las más temidas –que, en su momento, fueron una carta decisiva para terminar la Segunda Guerra Mundial–, las armas nucleares.

La posibilidad de que una de estas sea lanzada de un país a otro como por ejemplo Rusia o Estados Unidos, no solo está latente, sino que se mantiene como un terrible escenario en el imaginario colectivo. Sin embargo, actualmente existe otra amenaza que tal vez podría incluso llegar a ser más dañina que las antes mencionadas bombas; los hackers.

Estos nuevos soldados de la sociedad moderna tienen por campo de batalla el ciberespacio. En él, podrían ser capaces de tomar control de instancias que generarían circunstancias incluso más catastróficas que el lanzamiento de una bomba nuclear.

¿Por qué un hacker puede ser tan peligroso?

Como ya lo hemos mencionado, es posible que estos se infiltren en los sistemas de instancias que puedan desequilibrar el ritmo normal de la vida de una sociedad. Un ejemplo de ellos serían las centrales de servicios básicos como el agua, la luz y la electricidad.

De hecho, incluso si solo uno de estos es atacado, las consecuencias para el país o la ciudad en la que ocurra podrían ser devastadoras. Después de todo, el deterioro de la calidad de vida sería paulatino y las muertes y heridas que podría causar serían mucho más lentas.

Por otro lado, una bomba nuclear desplegaría su impresionante poder destructivo en una amplia zona, acabaría con toda la vida en un kilómetro a redonda y estaría listo. Como consecuencia por esta acción, los gobiernos podrían detectar el lanzamiento del misil antes de que impacte con la zona en peligro y enviar otro en respuesta.

Aunque parezca rebuscado, en la actualidad al menos 40 países tienen la posibilidad de fabricar sus propias armas nucleares para responder de esta forma a la amenaza. Sin embargo, iniciar de esta forma un conflicto llevaría a la humanidad a un proceso de extinción auto-inflingido. Por otro lado, el activar un ataque pequeño o grande a través de un hackeo se trata de una alternativa mucho más discreta y también difícil de rastrear. En pocas palabras, los gobiernos podrían darse cuenta de la amenaza, cuando ya es demasiado tarde para frenarla.

Científica se implanta este chip en su brazo para hackear un Tesla Model 3

Vemos el inicio de una nueva guerra silenciosa

Inicialmente, estos ciberataques tenían como blanco muchas empresas en el sector financiero. Básicamente, esto se debía a que los hackers estaban buscando un modo de lucrarse con sus habilidades.

No obstante, actualmente han comenzado a notar las utilidades que podría tener esto para la guerra y han comenzado a practicarlo. Por ello, en el último año ha sido posible notar un alarmante aumento de ataques a centrales de energía de varios países, de entre ellos uno de los más recurrentes es Estados Unidos. De hecho, solo en el último año, el 16% de los hackeos a compañías en todo el mundo, se dirigió a las de este país.

Sin embargo, este no se trata de un evento que esté empezando a ocurrir. Desde el finales del 2015 e inicios del 2016 estos ataques se han vuelto cada vez más comunes. Un ejemplo de ello fue la incursión de unos hackers en una planta de tratamiento de agua. Intentaron cambiar la composición química del proceso para causar un envenamiento masivo, por suerte, sus acciones fueron descubiertas y el intento quedó frustrado.

Asimismo, en el 2017 se aplicó una estrategia similar para controlar la situación en Ucrania al tomar el control de las plantas de energía. En ese mismo año, un intento parecido se llevó a cabo en las plantas petroquímicas de Arabia Saudita.

Por si fuera poco, en el pasado 2018, unos hackers lograron obtener el control del sistema de energía de toda Inglaterra. Finalmente, uno de los atentados más cercanos ocurrió este mismo año contra la red de seguridad de los Estados Unidos.

Con estos antecedentes, no parece muy probable que este tipo de ataques vayan a parar pronto. De hecho, la tendencia a demostrado que lo más probable es que su número se incremente en los próximos años.

¿Estamos preparados para defendernos?

Inicialmente, la respuesta sería no. A fin de cuentas, muchas de las compañías que actualmente manejan recursos vitales como el agua, el gas y la electricidad no cuenta con sistemas de protección adecuados. Esto debido a que la mayoría de sus sistemas fueron construidos hace años y, por ende, no cumplen con las características para responder a las amenazas actuales.

Por suerte, no todo está perdido. Debido a la gran incidencia de estos ataques en los últimos años las compañías están comenzando a actuar para solucionar el problema. De hecho, según la empresa de ciber-seguridad, Tripwire, las empresas estadounidenses –unas de las más atacadas– son las que con más fuerza se están moviendo para solicitar servicios de protección de sus softwares.

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