La concienciación ecológica ha logrado integrarse en diferentes aspectos de nuestra vida: lo vemos en el cine y la televisión con películas, documentales y series de varios capítulos en las que se muestra todo el desequilibrio que ha ocasionado la actividad humana al planeta Tierra.

Las empresas también deben seguir ciertas normas ambientales para evitar multas de parte de los organismos gubernamentales encargados. Así también, muchas organizaciones no gubernamentales y sin fines de lucro llevan a cabo campañas y actividades de distribución de información, reciclaje y limpieza de playas a nivel mundial con el fin de promover la participación ciudadana en la conservación del planeta.

Ahora bien, los seres humanos pueden ser bastante ingeniosos. Su inteligencia no solo les ha permitido crear materiales como el plástico que ha resultado sumamente dañino para los océanos y las especies que habitan en ellos, sino que también parece haber hecho de la ecología un objetivo comercial. Muchas empresas han empezado a desarrollar productos ecológicos para fomentar lo que se conoce popularmente como “compras verdes”.

La compra de productos que fomenten un estilo de vida más amigable con el ambiente no es la solución a la raíz del problema de sostenibilidad.

De esta forma, las personas pueden adquirir una variedad de productos y ropa, ya existentes en el mercado, pero elaborados a partir de material reciclado o siguiendo procedimientos más amigables con el ambiente.

Y es que analizándolo bien, para que el mundo en verdad pueda notar un cambio sustancial en los problemas que la humanidad ha ocasionado, es necesario que las personas más influyentes tomen conciencia de ello y puedan aplicar medidas.

Entonces quizás algunos de ellos ya lo estén considerando, y por eso vemos marcas de ropa, mobiliaria, material de oficina, iluminación, e incluso automóviles, figurando entre las alternativas más verdes a sustituir por las tradicionales. ¿Pero es suficiente esto para revertir todo el daño que hemos hecho?

Las compras verdes son un chivo expiatorio

Lewis Akenji, de la Facultad de Agricultura y Silvicultura de la Universidad de Helsinki, Finlandia, respondió que no, sin rodeos. Para él, “la magnitud del problema, y ​​la urgencia con la que debe abordarse, abruma la capacidad de los consumidores para resolver este problema”.

De hecho, para Akenji estas prácticas pueden incluso resultar peligrosas al retrasar el despliegue de soluciones realmente efectivas. De modo que las compras verdes, en lugar de funcionar como una alternativa efectiva para frenar el impacto negativo de la humanidad para con la naturaleza, termina siendo un chivo expiatorio de los consumidores:

“El chivo expiatorio del consumidor se produce cuando el desequilibrio ecológico se examina principalmente a través de una lente de crecimiento económico, y el papel crítico de abordar estas fallas sistémicas se atribuye al consumidor sin tener en cuenta si tiene el poder de influir en otros actores más importantes del sistema”.

Puede resultar difícil de entender, pero podría estar más claro si usamos una metáfora. Bien sabemos que hacer ejercicio ayuda en la pérdida de peso, pero no es lo único ni lo más importante si nos proponemos esa meta. Entonces muchas personas hacen ejercicio a diario pero no modifican su mala alimentación, y aunque pueda parecer un hábito sano, realmente todo esto comprende conductas compensatorias.

Ocurre de manera similar con las compras ecológicas: no estamos atacando la raíz del problema, y en su lugar, abordamos solo un aspecto, descuidando otros muchos más importantes.

Las compras verdes son una estrategia de los gobiernos

Entonces tenemos que el comercio ecológico no es tan bueno como pensábamos, y que en realidad esta es una estrategia de los gobiernos para colaborar con el ambiente sin frenar le economía de los países.

De Plástico, De Residuos, Reciclaje, De Basura
Los gobiernos deben velar por el cuidado del ambiente, pero ello no puede implicar una paralización de la economía. Por ello, fomentan el comercio y consumo ecológico como una medida para mitigar el impacto de la actividad humana, pero descuidando otras partes del problema.

Los gobiernos tienen la responsabilidad de velar por el cuidado de los recursos de los territorios bajo su administración, pero a su vez, deben garantizar el crecimiento económico continuo para legitimarse. Akenji explica que:

“Por un lado, la vida sostenible necesita que las personas consuman menos para reducir la carga ambiental del materialismo y permitir una distribución equitativa de los recursos limitados. Por otro lado, los sistemas de economía de mercado necesitan aumentar constantemente el consumo para sostener la economía, porque el consumo impulsa el crecimiento económico y la legitimidad del gobierno se basa en eso”.

Bien sabemos que los sectores más lucrativos, como el petrolero, por ejemplo, son también los más contaminantes. Pero para un país dependiente de este recurso, no sería nada prudente prescindir de él solo porque los procedimientos y productos de su procesamiento son nocivos.

Tal como señala Akenji, el consumo ecológico promovido por los gobiernos y el mercado está planteado de manera tal que no puedan frenar el crecimiento de la economía y el producto interno bruto.

Las compras verdes son sin lugar a dudas una buena iniciativa, pues también incrementan el interés de las personas en cuidar el medio ambiente. Pero estas solo funcionan como una medida de protección ante los problemas más inmediatos y visibles.

¿Quién tiene el poder para aplicar cambios sustanciales?

Ahora bien, debemos resaltar el hecho de que los estilos de vida y hábitos de consumo de las personas son altamente influenciables. De modo que otros individuos o la simple tradición dentro de las familias puede estimular la adopción de una u otra costumbre, pero al mismo tiempo hay factores externos que también tienen peso en ello.

“Si queremos garantizar una vida sostenible, es importante abordar el contexto más amplio, como las culturas, la economía y los medios de comunicación, así como la infraestructura social y física que dicta los modos de consumo”.

Es entonces cuando Akenji menciona en su documento el marco In-Power, que permite analizar la dinámica del poder dentro de un sistema, como por ejemplo, una cadena de suministros.

Akenji identifica cuatro “Ins” que incluyen precisamente las instituciones que establecen las “reglas del juego“; el interés de diferentes actores dentro de la sociedad sobre la sostenibilidad; los instrumentos de poder y herramientas utilizadas por los actores para influenciar a otros en la sociedad, y la influencia que tienen los actores y las actividades que emprenden para minar o promover la sostenibilidad.

Si bien cada uno de los individuos puede dar su grano de arena ahorrando agua, revisando sus sistemas de calefacción y cocinas en busca de fugas de gas metano, apagando los artefactos electrónicos cuando no se estén usando y evitando echar basura en la calle, para poder observar cambios a gran escala es necesario que los líderes de las grandes empresas, organizaciones y gobiernos, apliquen las medidas necesarias para que la población pueda adoptar hábitos más ecológicos y de esta manera contribuir con la conservación de nuestro planeta.

Referencia:

Avoiding Consumer Scapegoatism. Towards a Political Economy of Sustainable Living. https://helda.helsinki.fi/bitstream/handle/10138/303978/Avoiding.pdf?sequence=1&isAllowed=y