Quienes hayan visto un programa de comedia estadounidense alguna vez, habrán notado que en la mayoría de estos se escuchan risas en el fondo cada cierto tiempo. A veces cuando los personajes hacen algo gracioso, o bien ante un chiste, aún si este fuera bastante malo según las tendencias.

El hecho es que la presencia de este sonido es algo que caracteriza a las series y programas de comedia en televisión. El público puede pensar que esto sirve como señal para saber cuándo algo es gracioso, pero de ser así, no tendría demasiado sentido dado que el chiste en sí mismo es que a los televidentes les cause gracia espontáneamente.

Estos sonidos se conocen como “pistas de risa”, y de forma curiosa, cumplen una función importante dentro del programa. Un equipo de investigadores del University College London realizó un estudio al respecto y concluyó que las pistas de risa en realidad mejoran el humor de las bromas, incluso cuando estas son bastante malas. Sus hallazgos fueron publicados en la revista Current Biology.

La historia de las pistas de risa grabadas

Las pistas de risa comenzaron a usarse en la radio, como una forma de hacer pensar a los radioescuchas que el programa se gravó frente a una audiencia en vivo y directo y por esta razón se escuchan sus risas de fondo.

Entonces su uso se extendió a la televisión en la década de 1950, siendo ampliamente adoptada por los productores de televisión. De esta forma, también se amplió (o limitó) los espacios que tenían para grabar sus programas, pudiendo hacerlo entonces en recintos en los que sería sumamente difícil contar con una audiencia formal.

La risa es contagiosa

La ciencia ha confirmado que la risa es contagiosa, y que funciona como una forma de sincronizar grupos de individuos.

Ahora bien, quienes empezaron a implementar esta técnica para dar mayor dinámica a sus programas, seguro no lo sabían: la risa es contagiosa, y la ciencia logró confirmarlo apenas en una investigación publicada en 1992.

De manera similar al bostezo, la risa es un comportamiento social neurológicamente programado, y tal parece que este surge como una necesidad de sincronizar el comportamiento en grupos. Cuando vemos o escuchamos a una persona reírse por algo, esto puede que nos cause algo de gracia, incluso cuando el chiste sea muy malo. Entonces podemos reír también, o simplemente sonreír como respuesta.

Agregar risas mejora el humor de los chistes

En esta nueva investigación, los autores hicieron una lista con 40 de los denominados “dad jokes”, chistes típicos de una paleta de helado, y los clasificaron según lo divertido que era cada uno en una escala del uno al siete. Entre ellos, se incluyeron chistes como:

  • ¿Por qué el papel higiénico no podía cruzar la calle? Porque se quedó atascado en una grieta.
  • ¿Por qué no puedes darle un globo a Elsa? Porque ella “lo dejará ir”.
  • ¿Por qué el tomate estaba todo rojo? Porque vio el aderezo para ensaladas.
  • ¿Cómo llamas a una manzana que se tira pedos? Un botín afrutado.

Sophie Scott, una de las autoras del artículo, explicó que los chistes escogidos eran intencionalmente malos:

“Queríamos que fuera posible hacerlos más divertidos porque si nos metiéramos en este tipo de estudio con bromas absolutamente fantásticas, existe el peligro de que no se puedan mejorar”.

Entonces un comediante profesional entregó los chistes a un grupo de participantes. La mitad de estos chistes iba combinando con una risa claramente forzada y la otra mitad con una risa más espontánea.

Encontraron que independientemente del tipo de risa, el simple hecho de que estas estuvieran incluidas en los chistes hizo que estas resultaran más divertidas para los participantes. A pesar de ello, el tipo y la intensidad de la risa sí tuvo influencia en la diversión: aquellos chistes que obtuvieron las calificaciones más altas fueron aquellos en los que la risa adjunta era más genuina.

Los resultados fueron similares en participantes autistas

Al analizar su muestra, los investigadores encontraron que 24 de los 72 participantes que se expusieron a los chistes escogidos presentaban autismo, un trastorno que como bien sabemos dificulta la comunicación con los demás. Entre los rasgos más comunes, tenemos la incapacidad o dificultad de reconocer las emociones de los demás, así como reconocer y expresar las suyas.

Estudios anteriores corroboraron los resultados de este pero en niños: los neurotípicos disfrutaban más de las caricaturas cuando se combinaban con una pista de risa o cuando veían el programa con otra persona. Sin embargo, dichas condiciones no influían en el grado de disfrute de los niños dentro del espectro autista.

Sin embargo, en esta nueva investigación los resultados fueron los mismos tanto para participantes neurotípicos como para autistas, ante lo que los autores concluyen que ambos grupos procesaban la risa de la misma manera.

Aunque no está demás mencionar una ligera diferencia encontrada entre ambos grupos. Y es que los participantes autistas solían calificar los chistes como más graciosos que los neurotípicos. Los autores explican ello alegando que estos últimos son más conscientes de que los chistes son malos, mientras que los primeros, que son más literales, los consideraron más graciosos:

“… esto puede deberse a que los adultos neurotípicos eran más conscientes de que estos ‘chistes de papá’ se consideran infantiles y poco geniales, mientras que los adultos autistas estaban más abiertos a esos chistes”.

Ahora que sabes esto, la próxima vez que veas series de comedia clásicas como “Friends” o “That 70’s show”, ¿seguirás riéndote de los mismos chistes? ¿O te parecerán menos graciosos sabiendo que todo ha sido estimulado por las pistas de risa?

Referencias:

Contagious laughter: Laughter is a sufficient stimulus for laughs and smiles. https://link.springer.com/article/10.3758/BF03330380

Modulation of humor ratings of bad jokes by other people’s laughter. https://www.cell.com/action/showPdf?pii=S0960-9822%2819%2930687-6