Incluso quien no es un bebedor entre sus amigos, ha tenido una historia de borrachera que recordará por el  resto de su vida. Bueno, si es que logró recordar toda la experiencia al volver en sí el día de la resaca.

El problema es lo que pasó durante la ebriedad. Muchas personas no lo recuerdan, pero sus amistades se los cuentan: sexo con desconocidos, correr sin ropa por la calle, lanzarse a una piscina o vomitar todo a su alrededor. Estas son las historias típicas de las personas que han vivido noches desenfrenadas.

Interesados en este tema, Sveinung Sandberg y sus colegas de la Universidad de Oslo realizaron una serie de entrevistas a 104 jóvenes de 20 años en las que estos contaron los detalles de sus historias de borrachera, las cuales fueron llevadas a cabo por siete asistentes.

Los participantes provenían de lugares de toda Noruega así como también de diferentes grupos sociales. A pesar de ello, los autores han señalado que los que sirvieron de muestra para esta investigación no presentaban el perfil de persona fiestera promedio.

Para este tipo de investigación es conveniente que entre los autores y los participantes no haya habido relación previa alguna, pues esto podría dificultar la indagación de los primeros al intentar comprender los contextos y razones del entrevistado.

Sin embargo, para este caso la dinámica fue un poco diferente. Los sietes asistentes de los investigadores tenían la misma edad que los participantes, y de hecho, estos pudieron solicitar a sus conocidos que los contactaran con personas que hayan bebido con el fin de emborracharse.

Un patrón de eventos de borrachera

Como bien sabemos, las historias de bebida excesiva por lo general involucran eventos inusuales muy al estilo de alguna película ambientada en Las Vegas. En este estudio, los investigadores constataron que estos episodios van mucho más allá de comportamientos estúpidos y bromas entre amigos, y que estimula el interés de los sujetos en hacer cosas mucho más extremas.

Hay tabúes que nos gustaría explorar. Cosas que realmente no deberíamos hacer, pero que podemos encontrar intrigantes y emocionantes, que nos repelen y nos atraigan“, indica Sandberg.

Tal es el caso de Margareta, una de las entrevistadas, que reseñó una historia de bebida salvaje mientras estaba de vacaciones:

“Ellos pensaron que yo estaba completamente borracha, así que ella trajo a un sueco a la habitación y comenzó a tener sexo con él. Abrí los ojos y vi que estaban teniendo sexo allí mismo en la misma habitación que yo. Luego vomité en la cama. Entonces tomé el colchón y lo tiré por la ventana hacia la piscina”.

Al analizar todas las entrevistas, los investigadores encontraron un repertorio fijo de eventos en todas las historias de bebidas. Según Sandberg este parece ser un patrón que siguen muchas personas que beben hasta embriagarse: llegar a los extremos, y casualmente estos extremos son muy similares en la mayoría de los casos: “pasan una buena noche, se saltan las señales de tráfico o se quitan toda la ropa y nadan en una fuente“.

“Nos comportamos de una manera reconocible y estructurada cuando estamos borrachos, aunque parezca un estado caótico donde la gente sigue sus impulsos y hace cosas al azar. Después de todo, hay un millón de locuras que la gente podría hacer”.

El origen de las situaciones típicas durante la embriaguez

Sandberg intenta explicar este comportamiento partiendo de la concepción general que tiene una determinada sociedad sobre lo que es una buena noche de alcohol. Para él, las personas borrachas obtienen su inspiración para cometer locuras de las historia locas que han escuchado de otros sujetos para poder cumplir con dicho estereotipo.

Las historias de bebida tienen que ser divertidas, de lo contrario no son buenas para beber“, explica, y esta es de seguro la opinión de muchas otras personas. Así también, señala que esto depende también del contexto cultural. Las personas parecen hacer las mismas cosas cuando están ebrias, pero este patrón de eventos es diferente y varía según la parte del mundo en que se encuentren.

“Tiene que haber una aceptación cultural por su mal comportamiento, y las historias dicen algo sobre lo que se le permite hacer cuando está borracho. Después de todo, puede culpar al alcohol”.

Lo que haces ebrio no representa quién eres en realidad

Lo que las personas hacen ebrias no representa quienes son en realidad, y esto las libera de la preocupación del “qué dirán”.

Tenemos pues que, a pesar de que los efectos del alcohol estimulen comportamientos estúpidos, en realidad las personas tratan de adaptar sus historias para que resulten más emocionantes, como si se tratara de la famosa película de “¿Qué pasó ayer?”.

La mejor parte es que ni siquiera deben preocuparse demasiado por la vergüenza, pues nuestra concepción general nos hace perdonar bajo ciertos casos a los borrachos. Estas historias divertidas, y en algunos casos hasta ilegales, simplemente se atribuyen a los efectos del alcohol y en la mayoría de los casos quedarán para reírse años después.

Si los delitos menores no fueran algo de lo que pudieras reírte después, probablemente habría menos de estos delitos menores“, dijo el autor.

Y es que el alcohol parece proporcionar cierto tipo de libertad, una libertad en la que no tienes que el individuo “no tiene que preocuparse” demasiado por lo que piensen de sí, pues lo que haga bajo sus efectos no reflejará quién es realmente.

“Si robé chocolate de una tienda durante la hora del almuerzo, no podría contarlo como una historia divertida en la sala de descanso aquí en la universidad. Pero si hiciera lo mismo después de una fiesta de Navidad, creo que podría salirse con la suya”.

A pesar de que el estudio se haya centrado principalmente en jóvenes, es bueno recordar las razones por las que la mayoría de las personas bebe. Entre ellas, compartir en alguna ocasión especial con seres queridos o amistades, intentar liberar una personalidad muy retraída en estado de sobriedad e incluso olvidar algún suceso desagradable que conduela el alma, entre muchas otras.

Y aunque haberse embriagado al menos una vez en la vida no sea tan mal visto en general, siempre es bueno que a la hora de hacerlo se tomen las medidas prudentes. Los delitos menores pueden ser divertidos tiempo después, pero mientras se ejecutan pueden poner en peligro a otros y restarle gracia en el futuro.

Referencia:

This is what we talk about when we talk about being drunk. http://sciencenordic.com/what-we-talk-about-when-we-talk-about-being-drunk