Hoy en día disponemos de dispositivos inteligentes que nos permiten saber dónde estamos en cada momento, llevar nuestras cuentas bancarias o controlar o poner la lavadora desde el trabajo, entre otras muchas cuestiones. También son de gran interés las aplicaciones relacionadas con la salud. Podemos medir nuestras pulsaciones, la calidad del sueño e incluso realizar un electrocardiograma.

Además, los avances de la inteligencia artificial están permitiendo el desarrollo de tecnologías acopladas a estos dispositivos que pueden-o podrán- realizar algunos diagnósticos sencillos, desde analizar lunares hasta detectar casos de asfixia neonatal.

Uno de los últimos avances sanitarios que podrían surgir pronto gracias a estas nuevas tecnologías es el expuesto recientemente por investigadores de las empresas Lilly, Evidation Health y Apple, quienes han demostrado que gracias al análisis de datos obtenidos por teléfonos móviles, relojes inteligentes y tabletas, junto a nueva información recogida a través de encuestas sencillas, se podrían detectar síntomas asociados al alzhéimer, llevando a cabo un diagnóstico temprano, fácil y desde casa. De momento su investigación se encuentra en una fase muy inicial, pero cuentan con pruebas que les alientan a seguir en ese camino.

Cuando tu móvil se convierte en tu médico

Para llegar a esta conclusión se han realizado pruebas a 120 personas voluntarias, de las cuales 31 padecían deterioro cognitivo y el resto no contaban con ningún diagnóstico en ese aspecto.

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Durante 12 semanas se monitorizó toda la información que podría ser de interés en sus dispositivos inteligentes. Esto incluye datos como la calidad del sueño, la velocidad al teclear, el número de veces que se comunican, el uso y calidad del lenguaje o el movimiento, entre otros. Además, se realizaron periódicamente algunos cuestionarios breves sobre su estado de ánimo y algunos test para determinar posibles señales de deterioro cognitivo.

Por desgracia, el estudio concluye que con la información de la que disponen hasta el momento no está claro si se podría diagnosticar la enfermedad antes de que se manifestaran los síntomas más claros.

Por otro lado, incluso si esto fuera posible se presentarían retos añadidos, ya que los usuarios tendrían que dar permiso para que puedan utilizarse todos sus datos. Cada cual tendría que decidir si está dispuesto a que su actividad quede registrada en pos de su salud cognitiva. De cualquier modo, y aunque estas primeras pruebas han permitido diferenciar los síntomas de los controles sanos basados en características calculadas únicamente a partir de los datos del dispositivo, queda mucho camino por andar. Aunque, por supuesto, en todo lo relacionado con esta enfermedad neurodegenerativa, cualquier pequeño pasito es todo un avance.

Este artículo fue publicado originalmente en Hipertextual.

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