Constelaciones, estrellas, planetas y satélites naturales de todo nuestro universo han recibido nombres extravagantes, por lo general asociados a personajes mitológicos como Júpiter, haciendo alusión al implacable Zeus de la mitología griega.

Sin embargo, el satélite que acompaña a nuestro planeta y el astro de nuestro sistema solar y que nos ilumina simplemente se conocen como luna y sol, respectivamente. Seguro nuestros lectores se habrán preguntado alguna vez el porqué de esto, incluso siendo pequeños niños aprendiendo sobre astronomía. A continuación les brindaremos algunas explicaciones.

La importancia del nombre

Las creencias cristianas plantean que Dios creó a un hombre y a una mujer a los que llamó Adán y Eva para que vivieran eternamente en el Jardín del Edén, un paraíso comúnmente imaginado como un paisaje con una amplia biodiversidad.

Incluso en esta historia, Dios colocó nombre a su creación y le dio la orden al hombre de hacer lo mismo con todas las especies que allí habitaban, así como también de clasificarlas de acuerdo a sus criterios.

Creamos o no en dicha historia, lo cierto es que desde el origen de la humanidad ha existido una necesidad imperante de nombrar las cosas. Hasta la actualidad, este es un aspecto de gran importancia, y desde los futuros padres hasta los escritores con sus obras piensan con detenimiento los nombres que les colocarán a sus hijos y personajes.

La Unión Astronómica Internacional nombra los cuerpos del universo

La Unión Astronómica Internacional es la encargada de darle nombre a cada uno de los objetos de nuestro universo.

Una gran evidencia de ello la tenemos en los nombres que se les colocan a los cuerpos celestes que conforman el espacio exterior. La Unión Astronómica Internacional (IAU, por sus siglas  en inglés), una organización establecida en julio de 1919, hace un poco más de 100 años, es la encarga de colocar nombre a las diferentes partes de nuestro universo.

Esta ha decidido nombrar a los planetas principales de nuestro sistema solar como Mercurio, Venus, Marte, Tierra, e incluso a planetas más pequeños, estrellas y cometas. Podríamos haber esperado nombres más impactantes para nuestro satélite y nuestro astro, pero lo que la IAU nos dio fue luna y sol.

Comparándolos con otros cuerpos espaciales, estos nombres suenan más que simples y para muchos que no están demasiado familiarizados con el tema, hasta insignificantes. ¿Cómo es que dos objetos tan importantes se han nombrado solo de esta manera? Si lo analizamos, encontramos varios puntos de vista dignos de mención.

Para la IAU estos son nombres tan válidos como los que han recibido sus similares en el universo. De hecho, señalan que al colocar la primera letra de cada palabra en mayúscula ya queda claro que estos en realidad son nombres propios.

NASA: exploración espacial y diferencias de género

Pero esto no parecer ser suficiente. Seguramente hemos visto en más de una oportunidad “sol” y “Sol” en diferentes fuentes serias, y esto se debe al estilo que utilice cada una de ellas. Por ejemplo, en el estilo AP se  “capitaliza los nombres propios de los planetas, incluidos la Tierra, las estrellas, las constelaciones, etc., pero en minúsculas el sol y la luna“. Dicho así, parecen perder relevancia dentro de un texto. Sin lugar a dudas, esto puede ser motivo de discordia entre los apasionados por el tema.

El sol y la luna son relevantes, sin importar su nombre

Lado Oscuro Luna
La luna y el sol no tienen nombres prominentes como otros cuerpos espaciales, pero esto no les quita importancia, más bien, parece atribuírsela.

Imagina que te regalen un perro como mascota y simplemente lo llames “perro”. Esto podría indicarnos que no tiene nada que lo haga especial, e incluso sería más respetuoso llamarlo por su nombre científico o su raza.

Pero podemos ver la otra cara de la moneda también. Este perro puede parecernos tan especial que para nosotros podría resultar el único en el mundo, como le pasaba a El Principito con su rosa, a la que siempre se refirió de esa manera. Quizás Du Saint-Exupéry estuvo al tanto de ello y por eso rara vez colocó nombres dentro de esa historia.

La Dra. Britt Scharringhausen, presidenta del departamento de física y astronomía del Beloit College, parece estar de acuerdo con esta idea, quien plantea que el hecho de que ciertas cosas importantes no tengan nombre refuerza aún más su relevancia:

“Puede parecer extraño que estos objetos importantes no tengan nombres, pero si lo piensas bien, solo refuerza su importancia. Por ejemplo, la luna es la luna, no cualquier luna. ¡No requiere otro nombre, porque es la luna más importante!”.

Y la misma NASA parece confirmar ello con esta simple explicación. Antes de que Galileo Galilei se interesara en el tema y descubriera lunas orbitando Júpiter en 1619, los humanos comunes y corrientes no tenían idea de que pudiera haber algo más allá afuera. Para nosotros, nuestra luna era única, al igual que nuestro sol.

Si lo analizamos bien, podríamos interpretar que los demás astros, satélites y planetas, tienen nombres tan exuberantes para intentar resaltar ante el esplendor de nuestro maravilloso sol y romántica luna, que en un principio fueron los únicos para nosotros.

Referencia:

Why Don’t the Sun and Moon Have Names? https://curiosity.com/topics/why-dont-the-sun-and-moon-have-names-curiosity/

Earth’s Moon Our Natural Satellite. https://solarsystem.nasa.gov/moons/earths-moon/overview/

What are the names of the earth, moon, sun, and solar system? (Beginner). http://curious.astro.cornell.edu/disclaimer/159-our-solar-system/the-sun/the-solar-system/4-what-are-the-names-of-the-earth-moon-sun-and-solar-system-beginner

 

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