Al hacer la pregunta “¿qué es lo que se necesita para crear arte?” la respuesta parece aparecer en nuestras mentes con sencillez: ser humanos. Nosotros somos los únicos seres capaces de generar obras con significado profundo y poético, de ir más allá de lo que está a simple vista, de dejar su alma en un pedazo de papel.

Pero, ¿qué pasa si eso comienza a cambiar?

Últimamente, la Big Data está apoderándose del mundo artístico, y esto sucede más que todo para buscar crear algo que cale con más facilidad en el colectivo. Recientemente hablamos acerca de las repercusiones que esta ha tenido en la industria de Hollywood y de cómo se recopilaron los gustos de muchos usuarios para crear un producto audiovisual más llamativo.

Ahora bien, con todos los avances en el mundo de la Inteligencia Artificial (IA), fácilmente esto podría significar que, basada en datos, la IA también podría ser capaz de crear arte. Y esto, en realidad, ya ha sucedido antes.

Arte hecho con IA

La primer vez que una máquina creó arte fue en la década de los 50, cuando la computadora ILLIAC I creó una pieza musical para un cuarteto de cuerda, la cual fue titulada ‘Illian Suite’.

En cuanto a la pintura, el primer robot capaz de pintar fue AARON en el año 1973. Este brazo robótico fue creado por Harold Cohen, quien incluyó en su programa una base de datos sobre la apariencia de los seres humanos y el movimiento de sus cuerpos. Además, le enseñó a AARON sobre la composición, el uso de pinceles y teoría del color para que pudiera generar sus obras de arte.

Incluso, se han hecho subastas de arte hecha con IA e, incluso, competencias entre robots pintores. Algunos ejemplos de esto son la obra subastada en el colectivo Obvious, la cual fue realizada con un algoritmo que se adjudicó el pasado año por 380.000 euros; y también la competencia RobotArt, en la cual, en su última edición del año 2018, el ganador fue el robot CloudPainter, hecho por Pindar Van Arman.

Hoy en día existen un sinfín de proyectos en los que se trata de funcionar el arte con los robot de maneras que nunca antes se había visto. Uno de ellos es el que lleva a cabo Stephanie Dinkins, una artista digital norteamericana que busca que su dispositivo llamado “Not the Only One” le responda a las personas en función de las conversaciones que ha tenido con su tía y su sobrina, las cuales se basan en memorias de una familia negra estadounidense. 

De hecho, Dinkins cree que la IA, como cualquier otra forma de tecnología, tiene el potencial de ayudar a los humanos a comprenderse mejor, pues estos sistemas son reflejos de quienes los crean y los informan.

Por otro lado, en la casa Sotheby’s se está subastando por 46.500 euros una máquina creada por el artista Mario Klingemann, la cual utiliza IA para generar obras de arte que el dispositivo “imagina” en tiempo real. Se trata de dos pantallas enmarcadas que utilizan un sistema redes neuronales llamado Redes Generativas Antagónicas que crean retratos completamente originales, por lo que cada espectador se lleva un espectáculo único e irrepetible.

¿Qué piensan los artistas acerca de esto?

Dinkins, como artista digital, se encuentra muy entusiasmada acerca del hecho de que la IA pueda ser capaz de fusionarse con el mundo del arte, pero sí hace un llamado a que se debe ser precavidos con estos sistemas.

“Debido a que la IA promete ser tan omnipresente, debemos pensar cuidadosa, reflexiva y lentamente sobre lo que queremos de estos sistemas y lo que necesitan de los humanos para convertirse en adiciones positivas a nuestros ecosistemas cívicos, sociales, políticos, médicos e incluso familiares”.

Sin embargo, los artistas no tienen por qué preocuparse. A pesar de que las máquinas se crearon para automatizar trabajos manuales y hacerlos más rápido, con respecto al arte las cosas cambian un poco, sin importar que las máquinas también se estén haciendo un espacio en esta área.

Tatiana Mejia, quien es la encargada de administrar la plataforma de inteligencia artificial de Adobe, ‘Sensei’, comenta que, a pesar de lo preciso que puede ser un sistema, siempre necesitará la ayuda de humanos para que funcione correctamente. Además dice que “la creatividad es profundamente humana. La IA no puede reemplazar la chispa creativa”.

Pero el animador João Do Lago, quien ha colaborado en varios animes, incluido Castlevania de Netflix, comenta que la IA también ayuda a los artistas a disminuir el tiempo que se tardan en colorear cada cuadro, y de esta forma les da más espacio para experimentar.

En fin, el mundo avanza a una velocidad increíble, por lo que es imposible frenar el desarrollo de sistemas de IA que se encuentren presentes en cada vez más ámbitos. El secreto, en realidad, es saber llevar un equilibrio en el que las máquinas apoyen a los humanos y estos, a su vez, ayuden también a las máquinas.

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