Debemos admitirlo: incluso aquellos a quienes no les gustan los animales han sentido emoción y tristeza viendo películas como “El propósito de un perro” y “Hachiko”. Luego de verlas, mucho podrían sentirse motivados a tener una mascota, y otros incluso podrían llegar a considerar un trabajo en una tienda de mascotas o estudiar medicina veterinaria como nuevo objetivo de vida.

La vida con animales puede parecer color de rosa. Con ellos obtenemos algo de compañía, una ocupación y responsabilidad diaria, y cómo no, mucho aprendizaje. Sin embargo, no todo es bonito en este ámbito y una investigación reciente ha dejado evidencia de ello.

Un artículo publicado en la revista Journal of the American Veterinary Medical Association revela que las personas que trabajan o son voluntarias en los refugios de animales son más propensas a sufrir problemas de salud mental y depresión.

Curiosamente, Angela K. Fournier, de la Universidad Estatal de Bemidji, expresó una opinión similar durante la convención anual La Asociación Americana de Psicología, donde declaró que estas personas se enfrentan frecuentemente al sufrimiento y muerte de los animales, lo cual puede estimular sentimientos de compasión extremistas:

“Las personas que trabajan o son voluntarias con animales a menudo se sienten atraídas porque lo ven como un llamado personal. Sin embargo, se enfrentan con el sufrimiento y la muerte de los animales de forma rutinaria, lo que puede conducir a agotamiento, fatiga por compasión y problemas de salud mental”.

Tal es la gravedad del asunto que esta investigación encontró que desde 1979 hasta 2015, los veterinarios murieron por suicidio entre dos y 3.5 veces más a menudo que la población general de los Estados Unidos. Veamos por qué.

Antes y durante la formación veterinaria

Antes de iniciar la carrera, los estudiantes de veterinaria no presentan propensión a ansiedad o tristeza, sino que esta parece adquirirse durante su formación y años de ejercicio profesional.

Katherine Goldberg, una especialista en consulta comunitaria e intervención en Cornell Health y fundadora de Whole Animal Veterinary Geriatrics and Palliative Care Services, quien también asistió a la reunión citada, mencionó un estudio que analizó las tasas de experiencias infantiles adversas en estudiantes de veterinaria para intentar descubrir qué es lo que ocasiona problemas de salud mental entre estos profesionales.

En dicha investigación, constataron que las experiencias adversas en la infancia no fueron factores determinantes en la predisposición a una mala salud mental entre los veterinarios al inicio de su carrera. Dicho esto, el problema parece estar en el transcurso de su capacitación, que al parecer no integra aspectos de bienestar personal, resiliencia y salud mental.

“Esto indica que algo está sucediendo en el transcurso de la capacitación de estudiantes de veterinaria o una vez que los veterinarios están trabajando para causar malos resultados de bienestar. La educación sobre el bienestar debe integrarse en el plan de estudios veterinario, haciendo hincapié en los comportamientos de resiliencia y cultivando asociaciones profesionales entre la medicina veterinaria y la atención de la salud mental”.

Exposición a maltrato animal y eutanasia de rutina

Asimismo, la exposición a situaciones muy complejas con recurrencia también ejerce influencia sobre el bienestar de los agentes de bienestar animal. Podemos mencionar casos de maltrato animal, que son más frecuentes de lo que pensamos, así como la necesidad de aplicar eutanasia, lo cual puede resultar muy doloroso tanto para los sueños como para los especialistas. Así también casos de negligencia y opresión.

De hecho, la Sociedad Protectora de Animales de los Estados Unidos, informa que anualmente en los Estados Unidos, más de 2.4 millones de gatos y perros sanos son sacrificados. La mayor parte de estas poblaciones comprenden animales sin hogar que son mantenidos en refugios.

Los médicos veterinarios son más propensos a sufrir trastornos mentales en comparación con otros profesionales de la salud.

Los empleados y voluntarios en refugio de animales y clínicas veterinarias, así como los activistas de bienestar y de los derechos de los animales son propensos a sufrir fatiga por compasión y angustia psicológica.

Y es que precisamente el hecho de escuchar historias de maltrato animal o presenciar las consecuencias de ello al momento de la rehabilitación de las criaturas puede ocasionarles mucha angustia, incluso más que a otros profesionales de la salud.

“Los expertos sugieren que los agentes de bienestar animal llevan una carga aún más pesada que aquellos en otras profesiones de ayuda que son susceptibles a la fatiga de la compasión debido a los problemas únicos de trabajar con animales, como la eutanasia y el cuidado de seres vivos que han experimentado dolor y sufrimiento pero no pueden articular sus necesidades y experiencias.

Los trabajadores del refugio quedan atrapados en un dilema porque se les acusa de cuidar a un animal y, en última instancia, pueden terminar con la vida de ese animal. La investigación sugiere que esto causa una culpa significativa, que puede conducir a la depresión, la ansiedad y el insomnio, así como a un mayor conflicto familiar y laboral y una baja satisfacción laboral”.

La medicina veterinaria carece de control de uso de sustancias y trastornos mentales

Conviene mencionar que la medicina veterinaria es la única profesión médica en los Estados Unidos que no cuenta con un programa nacional de monitoreo enfocado en el uso de sustancias y problemas de salud mental.

Bien sabemos que, como todos los seres humanos, estos profesionales pueden sentir tristeza o depresión que interfiera en sus actividades diarias y que incluso influyen en su apetito. Sin embargo, hay señales de situaciones más graves que son dignas de atención, principalmente en su desenvolvimiento profesional: aumento de errores, faltas frecuentes, e incluso pasar mucho o poco tiempo en el trabajo.

“El aumento de los errores médicos, el absentismo, las quejas de los clientes y pasar muy poco o demasiado tiempo en el trabajo. Para posibles problemas de uso de sustancias, las señales de advertencia podrían incluir medicamentos faltantes o pastillas de prescripción faltantes”.

Problemas de finanzas entre veterinarios

Contrario a lo que muchos piensan, los veterinarios no parecen lucrarse a partir de su profesión, a pesar de que muchos clientes consideran que sus servicios son caros y muchas veces recomiendan terapias innecesarias para las mascotas.

Quienes tengan mascotas, o quienes hayan observado a otros que las tengan, seguramente habrán escuchado que invierten cantidades considerables de dinero en ellas. Las vacunas, consultas veterinarias, peluquería y las medicinas o cirugías representan un gasto importante en el bolsillo de los dueños, pero muchos de ellos también comentan que no les pesa por tratarse de sus mascotas.

Algunos se quejan más que otros y alegan que en el sector veterinario existe un alto nivel de especulación y usura, pero esta investigación nos hace pensar lo contrario. De hecho, Goldberg señaló que los veterinarios en realidad enfrentan desafíos económicos.

Según la especialista, el graduado promedio de la escuela de veterinaria informó que tenía más de US$ 143,000 de deudas de préstamos escolares. Si comparamos esto con un salario inicial apenas un poco superior a un promedio de US$ 73,000 anualmente en 2016, se tienen responsabilidades económicas importantes.

De modo que afirmar que los veterinarios se enriquecen a costa de la especulación en los servicios que ofrecen con su profesión parece ser un completo error, sobre todo en el caso de los recién graduados:

“Las preocupaciones de finanzas personales son estresantes para muchos veterinarios, especialmente los recién graduados, y al mismo tiempo, muchos clientes cuestionan regularmente el costo del cuidado de sus animales y pueden sospechar que su veterinario está tratando de “impulsar” servicios que sus mascotas no necesitan”.

En resumidas cuentas, tenemos que deben aplicarse cambios drásticos en la capacitación veterinaria, a fin de formar profesionales completamente aptos para ejercer y manejar las diferentes situaciones que se les presenten. Esto va más allá de empatía y amor por los animales, sino también en el manejo de las emociones y las relaciones humanas.

Referencia:

Suicide among veterinarians in the United States from 1979 through 2015. http://dx.doi.org/10.2460/javma.254.1.104