Imagina que entras a cualquier red social y encuentras un video de una persona que está en aprietos. Es uno de los tópicos más comunes en internet y los videos podrían o no ser graciosos, pero de todas formas, luego de verlos siempre queda la misma duda: ¿por qué el camarógrafo no intentó ayudar a esa persona?

Al parecer, este tipo de comportamiento indiferente no es algo que se haya desarrollado recientemente, pues hace algunos años, exactamente en 1964, Kitty Genovese fue asesinada frente a un edificio mientras, se dice, 38 personas observaban. 

A pesar de que esto es lo que dice el mito original, no fue tan radical como se cuenta. En realidad, poco más de 12 personas escucharon ruidos extraños en el momento del asesinato, al menos dos llamaron a la policía y una señora sostuvo en sus brazos a Genovese en el momento de su muerte. Sin embargo, esta historia marcó lo que sería el concepto del ‘efecto espectador’, el cual sugiere que las personas tienen menos probabilidades de ayudar a alguien si están cerca de otros.

En el año 2011, una investigación sobre el efecto espectador descubrió que las personas tienen más probabilidades de intervenir cuando una situación es una emergencia. Además, en la mayoría de las veces, los hombres tienen más probabilidades de ayudar que las mujeres, principalmente porque ellos se sienten más físicamente capaces de marcar la diferencia, y es más probable que intervengan personas conocidos que extraños.

Sin embargo, cuando hay una cámara en el lugar, las cosas cambian.

Filmar brinda la capacidad de actuar

Sí, sabemos que esta afirmación suena algo incoherente, pero Linus Andersson, profesor de estudios de comunicación y medios en la Universidad de Halmstad en Suecia, afirma que filmar una situación como esta “te da la sensación de hacer algo: en lugar de solo ser pasivo, te conviertes en una especie de testigo activo”.

Anderson y su colega Ebba Sundin se encuentran en el proceso de obtención de fondos para investigar las razones por las que algunas personas deciden filmar en lugar de ayudar, así que por ahora no tienen respuestas concretas, pero ya tiene algunas ideas planteadas.

En el año 2013, Marco van Bommel, profesor asistente de psicología organizacional en la Open University de los Países Bajos, junto con sus colegas investigadores, realizó una investigación sobre cómo la presencia de cámaras afecta a los transeúntes.

Ellos crearon dos situaciones: una en la que alguien le robaba dinero a otra persona en presencia de transeúntes y otra en la que alguien le robaba dinero a otra persona en presencia de transeúntes y una cámara de seguridad . El estudio encontró que las personas tenían más probabilidades de ayudar cuando había una cámara presente.

Otra investigación de ese estilo la realizó Van Bommel, pero esta se trató de interacciones en línea, y descubrió que cuando los usuarios tenían una cámara web frente a ellos, sentían que estaban siendo observados y había más probabilidades de que proporcionaran el apoyo necesario que si no sintieran que estaban siendo observados.

Contradiciendo al efecto espectador

Luego de que Van Bommel planteara su teoría, se realizó una investigación en la que se analizaron las cámaras de seguridad 219 situaciones violentas en el Reino Unido, los Países Bajos y Sudáfrica, y descubrieron que, en el 90% de los casos, al menos una persona intentó intervenir. 

Sin embargo, lo más sorprendente de este hallazgo es que cuantas más personas estaban presentes en el evento, más probable era que alguien interviniera, lo cual contradice directamente la teoría tradicional del efecto espectador.

Van Bommel especula que es más probable que las personas ayuden en situaciones en las que sienten que están siendo observadas. Dice que “a veces hay algo en el entorno directo que les ayuda a sentirse responsables nuevamente”, y ese ‘algo’ lo llama ‘señales de responsabilidad’, las cuales podrían ser cámaras, etiquetas, espejos o cualquier otra condición en la que una persona se sienta observada o recordada de su poder y responsabilidad.

“Creemos que cuando las personas se sienten responsables, de repente piensan más en su reputación y en cómo se verá cuando realicen una determinada acción o no actúen en absoluto. Para mí, parece probable que la cámara de un teléfono inteligente pueda funcionar como una señal de responsabilidad”.

Pero, ¿por qué filmamos en vez de ayudar?

Van Bommel también tiene un par de teorías acerca de esto, a pesar de que no hayan investigaciones concretas del tema, y ambas tienen que ver con sentimiento que conlleva el hecho de ser el espectador de algún mal suceso, pues “las personas que experimentan algo malo pueden sentirse estresadas, conmocionadas, etc., y necesitan aliviar esto compartiendo sus sentimientos y experiencias con sus amigos”.

Otro componente importante es el hecho de que las personas sienten que filmar es importante “para propósitos de testigos oculares, es decir, ayudar a la policía a localizar a un criminal”.

Van Bommel asegura que es muy difícil saber exactamente cuál será la reacción de una persona en situaciones difíciles. Para explicarlo, pueden observar el siguiente video:

Las reacciones dependerían de muchos factores, pero según lo que ya hemos visto, podríamos decir que si la persona que grabó este video no se siente físicamente capaz de ayudar, es pequeño, o es una mujer, o duda de sus capacidades físicas, no se sentirá lo suficientemente cómodo como para meterse en el agua para ayudar a este hombre.

Sin embargo, esta persona podría sentirse más útil documentando el evento para que se tengan pruebas de que la estación de metro se encuentra en un peligroso estado de deterioro.

En fin, hay muchas teorías que aún no han sido confirmadas y definitivamente necesitan hacerse más investigaciones, pero lo que sí podemos afirmar es que quizás el hecho de filmar no sea tan malo como pensamos en un principio debido a que, dependiendo del contexto, podría ser una forma distinta de ayudar.

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