La estratosfera es un lugar en nuestra atmósfera que es tan seca y tiene tan poco vapor de agua que rara vez hay una nube a la vista. Cuando el humo de un incendio forestal, un volcán o una explosión nuclear, alcanza este lugar, puede permanecer allí durante meses, generando consecuencias potencialmente devastadoras.

Los científicos temen que el humo resultante de la guerra nuclear pueda quedar atrapado en la estratósfera, provocando lo que se conoce como “invierno nuclear”, y en consecuencia, hambruna global. Pero desde que los sensores modernos comenzaron a rastrear el medio ambiente, se han producido muy pocos ejemplos reales de humo que llegue a la estratosfera, lo que dificulta que los científicos puedan comprobar sus predicciones.

Fuego intenso, mucho humo

En el año 2017, Columbia Británica sufrió uno de los peores incendios forestales en la historia de la provincia canadiense, consumiendo 1,2 millones de hectáreas y desplazando a más de 65.000 personas.

En el llamado invierno nuclear, se produce un oscurecimiento a largo plazo de los cielos y enfriamiento global debido a la acumulación de aerosoles en la atmósfera.

El incendio fue tan intenso que los científicos lo están utilizando para modelar las condiciones climáticas que podrían crearse como consecuencias de una guerra nuclear.

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Jinan en Guangzhou, China, examinó el incendio forestal canadiense de 2017 utilizando datos de estaciones terrestres, globos y satélites.

En particular, los investigadores se centraron en la formación de una enorme columna de humo vertical que se elevó más de 25 kilómetros alcanzando la estratosfera y permaneciendo activa durante ocho meses.

La columna de humo ofreció un ejemplo real de los efectos climáticos esperados de un gran conflicto nuclear, un escenario en el que se produce un oscurecimiento a largo plazo de los cielos y el enfriamiento global debido a la acumulación de aerosoles en la atmósfera.

Predicciones inciertas

Debido a que los datos de la columna de humo habían sido recopilados por tantas plataformas de observación diferentes, en el espacio, en el aire y en el suelo, los investigadores pudieron sondear la dinámica subyacente con detalles precisos.

Se estima que en el mundo hay unas 13.850 ojivas nucleares; Estados Unidos y Rusia poseen más del 90 por ciento de ellas.

El análisis de estos datos sugiere que las secuelas humeantes de una explosión nuclear moderna, probablemente persistirán por más tiempo de lo que predicen los modelos actuales.

El equipo estimó que el carbón negro, u hollín, fue el principal impulsor de su ascenso estratosférico. Este espeso contaminante del aire solo representaba alrededor del 2 por ciento de los 0,3 teragramos de humo del incendio forestal, pero tuvo un efecto descomunal en la columna de humo porque absorbe mucha radiación solar. Como resultado, el carbón negro se calentó, elevando la temperatura del aire a su alrededor, lo que a su vez impulsó el humo hacia la estratósfera.

En el caso de una guerra nuclear, las ciudades probablemente arderían junto a los bosques, y eso podría alimentar columnas de humo aún más grandes y ricas en aerosoles. Los investigadores estimaron que alrededor de 0,05 teragramos de carbón negro podrían liberarse de un área urbana devastada por un arma nuclear.

El estudio también encontró que las simulaciones de invierno nuclear han sido demasiado optimistas sobre la velocidad a la que se disipará el humo de los incendios forestales.

El hecho de que la columna de humo de 2017 persistiera durante 8 meses, reveló que los efectos secundarios de una guerra nuclear probablemente durarían más de lo previsto originalmente en los modelos climáticos.

Referencia: Black carbon lofts wildfire smoke high into the stratosphere to form a persistent plume. Science, 2019. https://doi.org/10.1126/science.aax1748