Se espera que los impactos de los cambios climáticos sean diferentes según las áreas geográficas, las características locales y las condiciones socioeconómicas, afectando de manera notable a los países más pobres y a los sectores más necesitados de la población.

Una vasta cantidad de investigaciones han determinado cómo las ciudades podrían experimentar un deterioro en la calidad de vida, planteando grandes desafíos a las comunidades urbanas debido a un incremento progresivo de las olas de calor, empeoradas por el aumento del calentamiento que caracteriza los ambientes construidos antrópicamente, un fenómeno conocido como el efecto de isla de calor urbana, la contaminación del aire y una agudización de los riesgos climáticos extremos.

Estrés térmico

Aunque en los últimos años se han estudiado profusamente, no existe una definición absoluta de “ola de calor”; de hecho, hasta ahora nos referimos a este fenómeno como un período sostenido de temperaturas inusualmente altas.

Una de las ideas propuestas para combatir el efecto de isla de calor urbano es pintar los techos de color blanco.

Sin embargo, este término se utiliza para referirse a casos en los que las temperaturas relativamente altas (frecuentemente acompañadas de una humedad relativa alta) causan estrés térmico e incomodidad en la población, lo que en algunos casos provoca hipertermia e incluso, la muerte.

Durante el verano de 2003, en Europa, tales fenómenos cobraron la vida de unas 70.000 personas, con pérdidas económicas de gran cuantía. Las olas de calor registradas en 2010 en Europa del Este y Rusia fueron responsables del fallecimiento de más de 55.000 individuos; finalmente, en el verano de 2017, la región del Mediterráneo y áreas de India y Pakistán se vieron afectadas por eventos que provocaron más de 7.000 muertes.

Con respecto a la posible exacerbación de las olas de calor inducida por el cambio climático, investigadores realizaron detalladas proyecciones climáticas, llegaron a la conclusión de que el número de días de olas de calor aumentará en todas las ciudades, especialmente en el sur de Europa, mientras que los mayores aumentos de temperatura se esperan en las ciudades de Europa Central.

Esponjas que absorben calor

No obstante, dentro de los contextos urbanos, los efectos podrían ser muy diferentes. Los expertos señalan que en las ciudades más grandes las poblaciones más pobres son las que más sufren las consecuencias de las olas de calor.

Las olas de calor causan estrés térmico e incomodidad en la población, lo que en algunos casos provoca hipertermia e incluso la muerte.

Debido al fenómeno de isla de calor urbano, las ciudades efectivamente absorben, producen e irradian calor: el asfalto, los ladrillos, el cemento y los techos se convierten en esponjas que absorben el calor.

En este sentido, se espera que el fenómeno de isla de calor urbano, combinada con la creciente urbanización, haga que las comunidades, especialmente las más pobres, sean aún más vulnerables a los problemas de salud relacionados con el calor.

Los investigadores ofrecen una variedad de soluciones a este problema, desde el uso de agregados más reflectantes de colores claros en el concreto, pasando por el “asfalto permeable”, que es más probable que se enfríe por el aire o la lluvia, hasta pinturas reflectantes a base de cal para techos y paredes, lo cual se estima puede reducir el calor urbano en un tercio.

Por supuesto que ninguna de estas ideas puede resolver el problema del calentamiento global, pero dos siglos después de que se notaron por primera vez las temperaturas urbanas más altas, la necesidad de reducirlas, así sea parcialmente, se vuelve urgente.

Referencias:

Future heat-waves, droughts and floods in 571 European cities. Environmental Research Letters, 2018. https://doi.org/10.1088/1748-9326/aaaad3

Utilising green and bluespace to mitigate urban heat island intensity. Science of The Total Environment, 2017. https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2017.01.158

Assessing the Potential Impact of Heat Waves in Cities: Implications for Hazard Preparation and Planning. Procedia Economics and Finance, 2014. https://doi.org/10.1016/S2212-5671(14)00996-4