El pasado de nuestro planeta se distinguió por ser extremadamente turbulento.

Hace más de seis décadas, dos científicos realizaron un experimento con el que demostraron que los aminoácidos, aquellas moléculas indispensables para las proteínas, pueden formarse de manera espontánea simulando las condiciones primitivas de la Tierra. Con ello cobró mayor fuerza la teoría del origen heterotrófico de la vida en nuestro planeta.

Pero a pesar de corroborar que sí es posible que se formaran dichas moléculas, aún existen dudas en torno a la teoría que merecen ser aclaradas. Es por ello que Kumar Vanka y un equipo de colegas científicos se reunieron para estudiar un aspecto importante en torno a este tema. De ser cierto que las biomoléculas se originaron de esta forma “espontánea”, ¿pudieron las aguas oceánicas, casi hirviendo durante la Tierra primitiva, ser un factor impulsor de las reacciones que las originaron?

El experimento de Urey-Miller

Esquema del experimento de Urey-Miller. Autor: Yassine Mrabet.

En el año 1953, Stanley Miller y Harold Clayton Urey llevaron a cabo un experimento para comprobar la hipótesis de que en la Tierra primitiva se crearon las condiciones para la formación de las proteínas que precedieron a la vida.

Consistió en aplicar descargas eléctricas de 60,000 voltios a muy altas temperaturas, que representarían los rayos, a una mezcla de hidrógeno, metano, amoníaco, dióxido de carbono, nitrógeno y agua en ebullición. La reacción dio lugar a una serie de moléculas orgánicas entre las cuales se encuentran ácido acético y glucosa, así como aminoácidos como la glicina, alanina, ácido glutámico y ácido aspártico, que conforman la base para la síntesis de proteínas.

Este experimento ha sido repetido en numerosas oportunidades a fin de confirmar los resultados, y sí, se han obtenido compuestos orgánicos relacionados con la vida, más no concretamente las proteínas.

Sin embargo, los científicos de la actualidad consideran que la atmósfera de la Tierra de hace 4 mil millones de años, conformada por amoníaco, metano e hidrógeno, era demasiado brumosa como para permitir que los rayos o la luz ultravioleta llegaran a la superficie terrestre.

Cianuro de hidrógeno condensado en las océanos primitivos

En su investigación, Vanka y su equipo utilizaron un nanoreactor ab initio, un simulador desarrollado recientemente con el cual recrearon un contexto en el que las mezclas de moléculas pueda interactuar y reaccionar dando como resultado nuevas moléculas.

Encontraron que el agua y el cianuro de hidrógeno, que se había condensado en los océanos de la atmósfera de la Tierra primitiva, podían crear las moléculas necesarias para la producción de biomoléculas como la glicina y otros precursores del ARN.

Con estos hallazgos, tenemos más evidencia de que los aminoácidos, precursores de la vida en la Tierra, pudieron formarse de manera espontánea cuando la Tierra no era más que un caldo primigenio y una atmósfera brumosa.

Referencia:

New insights into the origin of life. https://www.eurekalert.org/pub_releases/2019-08/acs-nii080219.php