La predilección de las personas por los ambientes naturales, en lugar de los entornos urbanos, ha sido ampliamente documentada, pero no está claro si esas preferencias son inherentes o si las personas la aprenden a través de la experiencia.

Aunque esta tendencia en adultos está bien investigada, muy pocos estudios han intentado examinar si estas preferencias existen en los niños. Saber si los niños tienen predilección por los ambientes naturales puede servir para determinar si estas preferencias son inexistentes, si están programadas genéticamente y son el resultado de nuestra historia evolutiva, o si son aprendidas.

Respuestas analizadas

A fin de profundizar en esta cuestión, un equipo de investigadores de la Universidad de Chicago, encuestó a 239 niños (112 varones y 127 hembras) de 4 a 11 años, y 182 adultos (162 padres y 16 abuelos o tutores no paternos) a quienes se les pidió que clasificaran su preferencia por imágenes de entornos naturales y urbanos.

Los datos también revelaron que las preferencias de los niños no estaban relacionadas con la cantidad de tiempo que pasaban al aire libre en entornos naturales.

La muestra infantil estudiada incluyó a más de 90 niños de Chicago y otras partes del estado de Illinois, más de 100 niños de otros estados y 11 de otros países de habla inglesa.

A fin de tener en cuenta las preferencias estéticas no relacionadas con los entornos naturales o urbanos, los investigadores utilizaron imágenes que se equipararon en atractivo visual.

Una vez realizadas la pruebas y recopiladas las respuestas de los participantes, los investigadores analizaron los datos y encontraron que los niños preferían los entornos urbanos mucho más que los participantes adultos.

Contrario a los adultos

Sin embargo, las preferencias por los entornos urbanos fueron significativamente menores entre los niños de mayor edad, lo que sugiere que la afinidad por la naturaleza puede desarrollarse gradualmente en la vida, en lugar de ser inherente a una edad temprana.

No está claro si la preferencia de los adultos por los entornos naturales es inherente o si son aprendidas.

En referencia a los resultados, la investigadora Kim Lewis Meidenbauer, académica en el Laboratorio de Neurociencia Ambiental de la Universidad de Chicago y coautora del estudio, comentó:

“Presumimos que los niños preferirían la naturaleza porque los adultos lo hacen abrumadoramente. Por lo tanto, encontrar evidencia de lo contrario fue algo que nos sorprendió increíblemente”.

Los investigadores aún no han identificado una causa obvia de por qué las preferencias de los niños son contrarias a las de los adultos. Una teoría es que los padres influencian a los niños y que esas influencias pueden tomar tiempo para manifestarse. Esa idea se ve reforzada por los datos que muestran que las preferencias de los niños mayores reflejan cada vez más las de sus padres.

El equipo espera continuar investigando si hay otros mecanismos en juego y si los adultos y los niños sopesan las preferencias ambientales en diferentes grados. También esperan realizar investigaciones similares sobre las preferencias de los adolescentes.

Referencia: The gradual development of the preference for natural environments. Journal of Environmental Psychology, 2019. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2019.101328