En la actualidad todas las empresas que deseen llegar lejos deben saberlo todo sobre sus usuarios y sobre la audiencia a la que quieren llegar. Y sí, muchas veces algunas empresas van más allá deseando saberlo todo –te vemos, Facebook–. Con este alto nivel de precisión en cuanto a la personalización de las ofertas, la Big Data o los macrodatos se han posicionado como los reyes de todo, incluso de Hollywood. Sin embargo, ¿es esta obsesión por los datos lo mejor que le pudo pasar a la industria del entretenimiento?

Si te has paseado en los últimos años por las carteleras de cine, catálogos de streaming, e incluso por las redes sociales, podrás notar que existen ciertas tendencias en los estrenos más taquilleros que, aunque es verdad que ha habido sus buenos resultados, la fórmula comienza a sentirse desgastada y cada vez funcionando menos. Tal ha sido el caso con el amor desmedido de Hollywood por los superhéroes, tanto que se ha convertido en una industria multimillonaria que se ha expandido en múltiples universos cinematográficos.

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En busca de la fórmula mágica

‘House of Cards’ de Netflix (2013) fue un resultado ganador tras emplear big data para crear un show que le gustara a la audiencia.

Sin discusión, uno de los reyes indiscutibles de la innovación de la industria ha sido Netflix. Siempre buscando ir más allá con sus productos y campañas para atraer suscriptores, la compañía de Los Gatos ha incurrido en fórmulas ganadoras como lo fue en un principio ‘House of Cards’. No obstante, el éxito de ‘House of Cards’ no fue para nada repentino ni inesperado, en tanto que fue el resultado de investigaciones de mercado que buscaron darle a la audiencia lo que quería.

Por si su memoria les falla, ‘House of Cards’ fue uno de los primeros shows originales de Netflix y probablemente el que lo catapultó al estrellato como una compañía productora de contenido de calidad y eso sucedió así porque las matemáticas de Netflix funcionaron a la perfección. Resulta que la empresa a cargo de Reed Hastings y Ted Sarandos se dio a la tarea de buscar constantes en sus usuarios para realizar un show hecho a la medida a prueba de fallos.

Para ello, la compañía incursionó en la implementación de la big data para encontrar datos valiosos en los suscriptores y encontraron que estaban viendo el show original de ‘House of Cards’ transmitido en Reino Unido en la década de los noventa, además de muchas películas protagonizadas o en las que estuviera Kevin Spacey, así como películas dirigidas por David Fincher –quien fue uno de los productores de la original de Netflix–.

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Al observar estos patrones, Netflix se planteó la hipótesis de que si hacían un drama político –y por qué no, la adaptación estadounidense de ‘House of Cards’– protagonizado por Kevin Spacey y dirigido/producido por David Fincher, no podían sino obtener oro puro. Y así fue. ‘House of Cards’ se estrenó en Netflix en 2013 y, sin siquiera haber estrenado el piloto, Netflix firmó dos temporadas de la serie, confiando en el pleno éxito. ¿Los números? 100 millones de dólares en las dos primeras temporadas, es decir, 3.8 millones de dólares por episodio.

Claro que el resto es historia, tanto el ascenso de la serie como la increíble estrellada tras las acusaciones de Kevin Spacey y por supuesto, la muerte del show en el peor final imaginable. ¿Qué ocurrió? La fórmula perdió uno de sus principales variables: Kevin Spacey. Por mucho que nos quisieron vender la idea de un elenco fuerte y talentoso que podía terminar la serie sin que siquiera recordáramos al desdichado actor.

Lo cual nos lleva a nuestro siguiente punto: las fórmulas son poco flexibles, pues es tras largos análisis que los investigadores y compañías conocen un gusto muy particular de los usuarios. Si algo de esa fórmula deja de existir, entonces probablemente el resultado sea un fracaso.

¿Hasta qué punto se compromete la creatividad siguiendo fórmulas matemáticas?

¿Está el futuro de Hollywood en peligro por la falta de creatividad?

Recientemente se ha estado hablando sobre si Hollywood vive una crisis de creatividad, dado el bajo número de guiones originales que se han visto en los últimos tiempos. Todo lo que sabemos es sobre reboots, remakes, franquicias y secuelas, y aunque sí es cierto que este tipo de fórmulas ganadoras como Marvel + Disney han sido de lo más taquilleras, podemos ver que otras películas del mismo estilo no han corrido con la misma suerte.

Igualmente sucede con los live-actions, que si bien es verdad que buscan ofrecer un enfoque o mirada fresca o diferente de historias clásicas, no siempre la apuesta es la mejor, tal como ha ocurrido las películas de este verano como ‘Aladdín’ o ‘El rey león’.

¿Cuál es el problema de repetir lo que es exitoso? Ninguno, si tomas en cuenta los números, pero en lo que se refiere al tema de la creatividad, Hollywood se está quedando sin historias increíbles que realmente nos hagan ir al cine a disfrutar. Sin embargo, a las casas productoras les importa poco sí su película es una obra maestra apreciada por las críticas si los centavos no están sonando en las taquillas, y como ya saben, producir un largometraje es una labor no solamente titánica sino altamente costosa.

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La big data entra en esta ecuación como la supuesta salvadora del presupuesto para la producción cinematográfica. Además, combinar el análisis de estos grandes volúmenes de datos con inteligencia artificial, resulta ser una técnica ¿infalible?

Olvídate de pensar, deja que lo haga la inteligencia artificial

En un mundo tan acelerado como el nuestro, pasar meses analizando datos de comportamiento de audiencias para comenzar a planificar el próximo éxito de la productora realmente no se ve como una opción válida. Estamos en Tiempos Modernos y en lugar de tener a Chaplin ensamblando piezas de máquinas, tenemos inteligencia artificial que fabrica éxitos en masa.

Sí, probablemente se pregunten qué no puede hacer una inteligencia artificial actualmente, pero para no perdernos en aquello que no pueden hacer –de momento–, podemos adelantar que pueden seleccionar los elementos necesarios y ganadores para una película exitosa. Tal como narra The Verge en este reportaje, ahora existen compañías de tecnología que se encargan de analizar los datos históricos de las actuaciones en películas, así como los temas principales de las historias y los talentos principales.

La inteligencia artificial podría determinar si por ejemplo Emma Watson es la mejor opción para una película en términos de éxito o fracaso en comparación con Jennifer Lawerence.

En un ejemplo muy particular, Tobias Queisser, CEO y cofundador de una compañía llamada Cinelytic, explica que para una película de verano podrían analizar cómo se daría si tuvieran como opciones para protagonizar a Emma Watson y a Jennifer Lawrence, específicamente cómo le iría a la película con una u otra opción:

“Puedes compararlas por separado, compararlas en el mismo paquete. Modelar escenarios en para Emma Watson y para Jennifer Lawrence, y ver, para esta película en particular (…) cuál tiene mejores implicaciones en diferentes territorios”.

Viéndolo sin contemplar muchas preguntas, desde el punto de vista tecnológico, suena realmente fascinante que una máquina pueda darte la supuesta receta ideal para la película perfecta. No obstante, llevándolo a la realidad ocurren varios conflictos.

Discriminatorio para el talento y para las ideas

Dado que estos programas funcionan por algoritmos y un algoritmo tiene base en algo previo, irse por lo seguro podría hacer que nos perdamos de los actores y directores revelación que surgen un año para encantarnos a todos, ya que siempre estamos pensando en los artistas consagrados que ya generan mucho dinero con solo colocar su nombre en los créditos.

Además, tomando en cuenta lo retrógrada que sigue siendo la industria del cine y la televisión en cuanto a roles y representación, un algoritmo seguiría aprendiendo sobre esos aspectos negativos por los que tanto luchan los movimientos por la representación y la igualdad. Esto no lo decimos nosotros, Quaisser expresa a The Verge que aun cuando la industria se ha vuelto sumamente tecnológica, eso ha sido en cuando a la técnica, pero en lo que a negocio se refiere, “no se ha evolucionado en 20 años”.

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De manera que ya desde este punto de vista vemos que la big data y la inteligencia artificial podrían no ser tan innovadoras como las pintan en la industria del cine, pues, si los históricos que han estado levantando han sido los de hace décadas, ¿qué podemos esperar de las gratas sorpresas que irrumpen en el cine?

Si seguimos la teoría de la publicidad en cuanto a campañas de mercadeo se refiere, claro que hay que conocer a la audiencia para saber lo que quieren o lo que les gusta, pero sucede que el cine es un arte y el arte no es un producto masivo que se fabrica para gustar a la gente. ¿Qué sucederá con la próxima generación de directores que están probando suerte al estrenar su primera película y que de repente se vuelvan una gran promesa del cine? ¿O si un actor que esté durmiendo en el asiento de su auto mientras el cae un trabajo de actuación, ilusiona a todos con una audición y se vuelva el próximo gran actor del momento?

¿Qué hubiera ocurrido si en el pasado hubiese existido la big data? ¿Hubiese sido Stanley Kubrick el director que representa hoy en la historia o hubiese quedado relegado porque no tenía la fórmula para las taquillas?

¿Qué hubiese sido del cine en el pasado si las películas se hubiesen diseñado de esta manera, en qué parte de la historia hubiese quedado un Stanley Kubrik, o un Francis Ford Coppola, un Steven Spielberg o un Quentin Tarantino? Probablemente hubiesen tenido que triunfar por su lado con un camino mucho más largo y difícil por recorrer que el de ganarse un contrato con una gran productora.

Para finalizar, la industria del cine tiene que ver en gran parte con la creatividad. Las películas que han formado a espectadores, actores, directores y productores nacieron de grandes mentes que probaron presentando sus ideas al público y que, si no se volvieron éxitos taquilleros, sí se volvieron obras maestras que inspiraron a más y más generaciones para unirse a lo maravilloso que es el mundo del cine.

Dejemos los números a un lado, y comencemos a pensar y a sentir las historias que realmente queremos contar porque nos cautivan, no porque será la próxima ‘Avengers: Endgame’ o ‘Avatar’. Quizás ha llegado la hora de darle a la audiencia esa gran historia que no sabía que necesitaba hasta que le pasa frente a los ojos.

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