Por terrible que sea, el cáncer no es contagioso. Las células cancerosas se crean por mutaciones en el ADN, lo que les confiere propiedades problemáticas. Una vez que comienzan a proliferar, escapando del control del sistema inmune, forman tumores y, en el peor de los casos, metástasis en todo el cuerpo, lo que conduce a la muerte del organismo afectado.

Sorprendentemente, esta regla no se aplica al llamado tumor venéreo transmisible canino (CTVT), una forma de cáncer de los genitales que se mueve directamente de un perro a otro durante el apareamiento, a través de la transferencia de clones de células somáticas. Este cáncer inusual está presente en las poblaciones de perros en todo el mundo hoy.

Existencia sorprendentemente larga

Un aspecto particularmente llamativo de estos tumores es que sus células no pertenecen al perro afectado, sino al perro en el que se creó originalmente el cáncer. El tejido sobrevivió a la muerte de este animal al extenderse a otros perros.

Los investigadores encontraron que solo cinco genes mutantes son responsables de las características básicas del CTVT.

Las únicas diferencias entre las células cancerosas de los perros portadores actuales y las del tumor original, son las alteraciones del ADN que se han desarrollado a lo largo de la existencia sorprendentemente larga de este tejido.

Un equipo internacional de científicos ha dedicado una investigación a esta extraña pero también interesante forma de cáncer. A fin de esclarecer cómo se creó el tejido tumoral y cómo se ha extendido por todo el mundo, el equipo comparó las características genéticas de 546 muestras de CTVT de perros recolectados durante el periodo 2003 a 2016, en 43 países.

Sobre la base de estos datos, los científicos crearon un llamado árbol filogenético de las diversas mutaciones en los tumores. Según informan, este pedigrí muestra que el cáncer se originó hace 4.000 a 8.500 años en un perro que probablemente vivió en Asia o Europa.

Sin embargo, la “gran carrera” del CTVT comenzó probablemente hace solo unos 500 años, primero, con los colonos europeos que llegaron a América, y a partir de ahí, la enfermedad llegó a África y finalmente al subcontinente indio, para luego extenderse a Australia y el Pacífico.

Genes mutantes

Además del historial de propagación, los investigadores también examinaron la genética especial de estas células tumorales, encontrando que solo cinco genes mutantes son responsables de las características básicas del CTVT. Estas mutaciones están presentes en todas las muestras examinadas y, por lo tanto, probablemente pertenecen al tejido canceroso original.

El cáncer se originó en un perro de raza siberiana parecida al husky.

Otro descubrimiento fascinante de la investigación se relaciona con el desarrollo de los tumores. Hay dos tipos principales de selección evolutiva: positiva y negativa. En una selección positiva, las mutaciones que confieren una ventaja a un organismo se transmiten cada vez más a través de las generaciones.

La selección negativa, funciona al contrario; las mutaciones que tienen efectos nocivos tienen menos probabilidades de transmitirse. Sorprendentemente, los investigadores no encontraron ninguna pista de estos mecanismos en el genoma del tejido tumoral CTVT.

Esto implica que con el paso del tiempo, el tumor acumula progresivamente mutaciones potencialmente dañinas.

Los investigadores explican que a pesar que tejido canceroso parasitario ha tenido un éxito notable durante miles de años, su condición parece empeorar lentamente. Esto sugiere que el CTVT desaparecerá algún día. Sin embargo, eso podría llevar decenas de miles de años.

Referencia: Somatic evolution and global expansion of an ancient transmissible cancer lineage. Science, 2019. https://doi.org/10.1126/science.aau9923