Durante la segunda mitad del siglo XX, muchos líderes políticos y académicos estaban preocupados por el rápido crecimiento de la población humana, que había aumentado exponencialmente de menos de mil millones en el año 1800 a 5.500 millones en 1980.

En las décadas de 1970 y 1980 se publicaron varios libros en los que se pronosticaban las terribles consecuencias de la superpoblación humana. Durante este tiempo, la investigación sobre la anticoncepción estaba relativamente bien financiada por fundaciones privadas y agencias gubernamentales, y la investigación sobre la reproducción humana era una actividad generalizada y muy apreciada.

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Graves problemas

Sin embargo, a finales del siglo XX el ambiente había cambiado. La tasa de fecundidad había alcanzado su punto máximo en 1962 y estaba disminuyendo, aunque las proyecciones indicaban que el crecimiento de la población no se estabilizaría hasta por lo menos mediados del siglo XXI.

Las consecuencias apocalípticas de la superpoblación no se habían materializado, y la llamada Revolución Verde agrícola prometía que la ingeniería de los cultivos y otros recursos seguirían el ritmo del crecimiento demográfico.

Pero el continuo crecimiento de la población ha creado graves problemas que no estaban claramente previstos en la década de 1980. Los científicos advierten que los peligrosos niveles atmosféricos de gases de efecto invernadero producidos por la actividad humana están causando el calentamiento global y la alteración del clima.

Como consecuencia de las actividades humanas, muchas especies animales están experimentando un declive catastrófico.

Los residuos de las ciudades y de las extensas industrias agrícolas y ganaderas contaminan la tierra, el aire y el agua. El rápido agotamiento de los recursos de los bosques y los océanos está destruyendo los hábitats naturales y contribuyendo aún más al cambio climático.

Muchas especies animales están experimentando un declive catastrófico, y los naturalistas advierten que hasta el 50 por ciento de las especies que viven hoy en día pueden estar extintas para el año 2100, como consecuencia de las actividades humanas.

Presiones en aumento

A medida que la población mundial siga creciendo, estas presiones aumentarán y se volverán más críticas. Actualmente hay 7.700 millones de personas en el planeta, pero la Organización de las Naciones Unidas (ONU) predice que la población humana alcanzará los 9.000 millones para el año 2050, y probablemente 11.200 millones para finales de siglo.

La revolución de la anticoncepción del siglo XX produjo varios métodos anticonceptivos eficaces que reconfiguraron la sociedad. Sin embargo, muchos hombres y mujeres todavía no pueden encontrar un método para satisfacer sus necesidades.

La esterilización no es adecuada para las personas que desean tener hijos en el futuro; los métodos hormonales tienen efectos secundarios que muchas mujeres consideran inaceptables; y los métodos de barrera tienen una alta tasa de fracaso cuando se usan de manera inconsistente.

Además, todos los métodos, excepto los preservativos masculinos, requieren normalmente prescripciones médicas o intervenciones que los ponen fuera del alcance de muchas personas debido al costo y la falta de acceso.

Los nuevos avances en anticoncepción podrían representar un paso hacia el reequilibrio del planeta y la preservación de sus tesoros naturales.

Los observadores de la población informan que de los aproximadamente 210 millones de embarazos humanos que ocurren cada año en todo el mundo, al menos el 40 por ciento (más de 80 millones) son involuntarios. De estos, alrededor de 30 millones terminan en abortos y 50 millones resultan en nacimientos no planificados.

Llenar el vacío

En conjunto, este contexto nos lleva a considerar que ha llegado el momento de que se produzca otra revolución en materia de anticoncepción, una que ofrezca opciones a las diversas poblaciones que actualmente no están siendo atendidas.

Un liderazgo apropiado y una inyección de fondos podrían reavivar la investigación, la educación y los servicios de anticoncepción. Esta inversión sería rápidamente compensada por los ahorros en salud y otros costos atribuibles a la contaminación y el calentamiento global.

Se están preparando nuevos productos que podrían ayudar a llenar el vacío de anticoncepción que aún existe. Los geles vaginales y las películas con actividad espermicida podrían ser populares como métodos de venta libre.

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Para la anticoncepción masculina se están desarrollando píldoras hormonales, geles y parches que suprimen la espermatogénesis, y otros medicamentos que inhiben temporalmente la producción de espermatozoides o la función espermática.

Una nueva iniciativa de anticoncepción podría promover estrategias innovadoras aprovechando los recientes avances en campos científicos. Los nuevos descubrimientos en este sentido podrían mejorar la salud y el bienestar de las mujeres y sus familias, y ayudar a reducir y estabilizar aún más las cifras de la población humana en todo el mundo, lo que constituiría un paso hacia el reequilibrio del planeta y la preservación de sus tesoros naturales para las generaciones futuras.

Referencia: Population and the Environment — Time for Another Contraception Revolution. New England Journal of Medicine 2019. https://doi.org/10.1056/NEJMp1906733

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