Entre los años 800 y 1400, el suroeste de los Estados Unidos fue atacado por alrededor de una docena de megasequías, cada una de las cuales duró más de una década. Con solo estos datos, podemos imaginarnos cuán devastadoras resultaron, y según la historia, estas podrían haber acabado con civilizaciones enteras mientras ocurrían.

Estas megasequías marcaron la historia del país y son hito importante en la de nuestro planeta, por lo que no han pasado desapercibidas ni han sido olvidadas por la ciencia. De hecho, un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia se reunió para estudiar a profundidad el origen de estos fenómenos.

Hasta ahora, se han relacionado con condiciones persistentes multianuales de La Niña, sin embargo, los científicos parecen haber encontrado una relación entre las megasequías y el calentamiento global.

Nathan Steiger, un científico del clima en el Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia y autor principal de esta nueva investigación, comentó que en la época medieval, la cantidad de gente era muy inferior a la de hoy en día. No obstante, las megasequías sí dejaron una huella de colapso:

“No había mucha gente allí en comparación con la de hoy, pero el trabajo previo sugirió que varias sociedades nativas en el sudoeste experimentaron megadentías vinculadas al colapso de sus civilizaciones. La gente no cree que los megadentinos sean la única razón por la que colapsaron, pero sí piensan que fueron factores importantes que contribuyeron”.

Forzamiento radiativo positivo

Steiger y su equipo reunieron datos sobre el agua, el clima y las temperaturas de la superficie del mar en los últimos 2,000 años a nivel global para reconstruir toda la historia. En el proceso, identificaron un total de 14 sequías que acontecieron antes del año 1600.

En su estudio, descubrieron tres factores clave que podrían estar relacionados con cada megadecada medieval. Entre ellos, destaca lo que denominan el “forzamiento radiativo positivo”, el cual plantea que la Tierra absorbió una mayor cantidad de energía del sol.

Los autores explican que durante la época medieval hubo una caída en la actividad volcánica que había arrojado cenizas que servirían para bloquear los rayos solares. Al mismo tiempo, hubo un aumento de las erupciones solares, lo cual sin lugar a dudas pudo haber suministrado más calor a la Tierra y el suroeste de los Estados Unidos lo absorbió en gran medida.

Al absorber tanto calor, la tierra se habría secado y esto, bajo influencia de las condiciones más cálidas que azotaban al Océano Atlántico Norte y el fenómeno de La Niña pudo haber dado como resultado una reducción de la frecuencia de la lluvia en la zona.

El fenómeno de La Niña creó las condiciones para la megasequía

El fenómeno de La Niña, que bien sabemos, sucede con mucha frecuencia, para entonces pudo haber desencadenado una serie de eventos climáticos como olas de calor, ventiscas y huracanes, e inundaciones en todo el mundo.

Partiendo de ello, concluyeron que los eventos desencadenados por La Niña tuvieron dos veces más influencia en la llegada de las megasequías en comparación con el forzamiento radiativo positivo y el calentamiento del Atlántico.

Estos resultados nos llevan a pensar si, de repetirse una combinación de factores similar en la actualidad o en un futuro cercano, el resultado sería nuevamente una megasequía de más de diez años de duración y el impacto que esta tendría en nuestra época. Según Steiger:

“El ochenta por ciento o más del agua utilizada por el oeste americano se usa para la agricultura. Una mega sequía podría cambiar fundamentalmente cómo se apoya a las comunidades, cómo funcionan los agricultores en el oeste y California en particular, lo que siembran, si la agricultura es posible o no”.

Sin embargo, los investigadores aclaran que estos fenómenos son muy difíciles de predecir a causa de que la modelación de La Niña y El Niño para estudios suele ser compleja. Aunque no descartan la posibilidad de que las megasequías regresen pronto a causa del calentamiento excesivo de nuevo planeta como resultado del efecto invernadero. Como hemos mencionado en otras oportunidades, los gases que lo causan atrapan el calor del sol y aumentan el forzamiento radiativo positivo.

Referencia:

Oceanic and radiative forcing of medieval megadroughts in the American Southwest. https://advances.sciencemag.org/content/5/7/eaax0087