A todos nos gusta mantener intacta nuestra dignidad e integridad. Nadie quiere sentirse avergonzado o acosado, del mismo modo que nadie disfruta ser humillado.

En la búsqueda de la excelencia deportiva, a los atletas de hoy en día se les suele empujar a extremos físicos y psicológicos, y se sabe que la “charla basura” perturba emocionalmente a los deportistas al punto de afectar su rendimiento físico.

Equilibrio emocional

El hecho de que la psicología deportiva exista como un área de especialización, subraya la importancia que tiene el estado mental de un atleta en el resultado de un evento. Muchos psicólogos del deporte enfatizan que tener una mente clara, el nivel correcto de enfoque, la positividad y la confianza en sí mismo es equivalente al éxito.

La charla basura no es solo una táctica para desequilibrar emocionalmente al oponente, también se implementa en muchos casos como una estrategia de marketing.

Sin embargo, hay muchos ejemplos de atletas que tienen su confianza perturbada o sus nervios encendidos, lo que hace que pierdan esta compostura mental vital cuando más importa y se desempeñen de manera perjudicial. A muchos de los mejores “habladores de basura” les encanta jugar juegos mentales con sus oponentes, con la esperanza de que pierdan la concentración o pierdan el control de sus emociones.

Aunque esto es un tema conocido, se han realizado pocos estudios para determinar si la llamada charla basura efectivamente afecta el desempeño competitivo.

En este sentido, una reciente investigación realizada por la doctora Karen C.P. McDermott, académica en la Universidad de Connecticut, es uno de los primeros estudios en mostrar estadísticamente los efectos específicos de la charla basura en el rendimiento competitivo.

Vergüenza e ira

Para el estudio, la investigadora utilizó la competición de videojuegos de carreras “Mario Kart” como modelo de prueba, y confirmó la capacidad de la charla basura en afectar negativamente el rendimiento de juego de los competidores.

Larry Bird, de los Celtics de Boston, era reconocido entre sus compañeros como un hablador de basura.

La competición se llevó a cabo en condiciones controladas por 200 hombres y mujeres de 18 a 35 años, y durante su participación algunos escucharon insultos verbalmente agresivos y otros no.

Mientras observaba la competencia del videojuego, la investigadora encontró distracción tanto auditiva como cognitiva, pero fue específicamente la distracción cognitiva lo que afectó la motivación de los competidores para actuar, lo que afectó su capacidad para concentrarse en su tarea. También descubrió que los jugadores sentían rabia y vergüenza.

Al respecto, la autora del estudio explicó:

“Originalmente, había concebido que la ira y la vergüenza eran dos reacciones opuestas; que las personas sintieran una o la otra con fuerza; que si te enojabas, eso te motivaría más. Lo que descubrí en realidad es que la ira y la vergüenza se relacionaban entre sí”.

Durante la investigación se pudo observar que las personas no sentían lo uno o lo otro, sino que tendían a sentir las dos cosas. En muchos casos, lo que sucedió fue que los participantes se sintieron avergonzados y eso los enojaba, lo que eventualmente afectó su desempeño.

El estudio proporciona el primer paso hacia una exploración más matizada y ampliada de los efectos emocionales y psicológicos de la charla basura como un componente influyente en un contexto competitivo.

Referencia: ‘Trash Talk’ Really Can Put Players Off Their Game, UConn Researcher Finds. UConn Today, 2019. https://bit.ly/2ydU7XG