La necesidad de viajar en una silla de ruedas puede resultar limitante en innumerables oportunidades, algunas menos obvias de lo que uno podría pensar.

Una nueva investigación realizada por científicos de la Universidad Estatal de Michigan (MSU), reveló nueva información sobre el sesgo que tienen las personas hacia los discapacitados, lo que se conoce como “capacitismo”.

Contrariamente a la creencia popular, los hallazgos del estudio sugieren que los prejuicios hacia las personas con discapacidades aumentan con la edad y el tiempo, pero que es menos probable que las personas muestren cómo se sienten públicamente.

Midiendo sesgos

La investigación examinó los datos recopilados durante 13 años de 300.000 participantes, cuyas edades oscilaron entre los 18 y los 90 años de edad, y el 15 por ciento se clasificó como discapacitado.

El estudio reveló que el sesgo implícito de los encuestados aumentó con el tiempo y la edad.

Los autores utilizaron datos de Project Implicit, una plataforma que permite a los usuarios aprender y medir sesgos de forma anónima. La plataforma definió una discapacidad como “una especie de limitación física, mental o emocional” y formuló una serie de preguntas que reflejaron los sentimientos sobre las personas con discapacidades.

Conjuntamente, el equipo midió cuánto contacto tenían los participantes con la comunidad de discapacitados usando una escala de uno a siete, en la que uno representaba conocer a alguien discapacitado, y siete, estar en contacto constante con una persona con discapacidad.

Finalmente, los investigadores utilizaron encuestas para medir actitudes y sesgos explícitos, es decir, pensamientos o sentimientos que ocurren automáticamente, y que son difíciles de controlar, suprimir o regular.

Actitud implícita fortalecida

Los investigadores encontraron que el sesgo implícito de los encuestados aumentó con el tiempo y la edad, lo que significa que tenían sentimientos menos favorables hacia las personas con discapacidades.

La investigación encontró que las mujeres sentían menos sesgos implícitos y que son particularmente receptivas con las personas que perciben que necesitan ayuda.

Sin embargo, al preguntar explícitamente cuánto preferían los participantes que las personas discapacitadas estuvieran en buenas condiciones, compartieron respuestas más positivas, lo que significa que externamente retrataron opiniones positivas sobre las personas con discapacidad.

En referencia a los resultados, el investigador William J. Chopik, profesor de psicología en la MSU y autor principal del estudio, explicó:

“Este es un gran misterio porque la gente dice externamente que se siente menos sesgada, pero en realidad la actitud implícita se ha ido fortaleciendo a medida que pasa el tiempo. No es popular expresar opiniones negativas sobre las personas con discapacidades, así que tal vez se sientan inclinados a decir cosas más amables públicamente”.

Los hallazgos también revelaron que las mujeres sentían menos sesgos implícitos, y que las personas que mantenían contacto constante con la población discapacitada tenían menos prejuicios.

El género fue uno de los factores predictivos más consistentes en este estudio, apoyando las teorías de que las mujeres son particularmente receptivas con las personas que perciben que necesitan ayuda.

Referencia: Demographic, Experiential, and Temporal Variation in Ableism. Journal of Social Issues, 2019. https://doi.org/10.1111/josi.12341