Desde que los astronautas del Apolo 11 llegaron a la luna en 1969 se convirtieron en auténticos héroes de la humanidad, llevándose toda la porción de la fama por un proceso que duró casi dos décadas y que además contó con la participación de una gran cantidad de científicos que prepararon el camino.

A pesar de que el mundo entero vio en pantalla a Neil Armstrong colocando la bandera de Estados Unidos sobre la superficie lunar, esta imagen tan icónica fue apenas el resultado de años de trabajo para lograr un cometido que en principio ni siquiera había llamado la atención de la comunidad científica. Te contamos la historia de cómo se realizaron los primeros atlas lunares que ayudaron dieron pie a mayores descubrimientos en el campo del estudio de la luna.

Gerard Kuiper, un hombre adelantado a su época

Aunque Kuiper comenzó a trabajar discretamente en 1955 en el estudio de la Luna, no fue sino hasta 1961 que la obsesión por ir a la Luna explotó tras el discurso de Kennedy que planteaba como meta de la década llevar al primer hombre a nuestro satélite y traerlo con vida.

Según narra Timothy Swindle, profesor de Ciencias Planetarias y Geociencias de la Universidad de Arizona, en 1955, el astrónomo Gerard Kuiper solicitó el apoyo de colaboradores para realizar el primer mapa de la luna. En ese momento, el interés astronómico por la luna no era tal y solo logró reunir a una persona para su proyecto.

La razón por la cual la luna resultaba tan aburrida para la mayoría de los científicos se debía a que los telescopios existentes podían llevar nuestra mirada incluso más lejos de nuestro satélite y además la luna parecía no cambiar nunca de aspecto ni en características, por lo que parecía que seguir invirtiendo tiempo y estudios en la luna era una completa pérdida de tiempo. Sin contar que realizar mapas es un trabajo específico para los geólogos, más que para un astrónomo.

¿Cómo revolucionó el cine la llegada del hombre a la luna?

No obstante, Kuiper se mantuvo fiel a su idea y continuó con su proyecto junto al único voluntario que se le unió, realizando un trabajo muy discreto en el que se dedicaron a estudiar las montañas lunares y los cielos, hasta que, en 1961, el entonces presidente estadounidense, John F. Kennedy, anunció que la principal meta de la nación sería llevar al primer hombre a la luna y traerlo de vuelta con vida.

Bastó que el presidente más pop del momento diera el disparo que dio inicio a la carrera espacial para que se volviera una obsesión, no solo para estadounidenses, sino también para los soviéticos. De pronto, Estados Unidos se vio envuelta en aires de patriotismo y emoción por la nueva meta que los llevaría más allá de las fronteras.

Trazando el mapa que cambió el modo de ver la Luna

Hasta antes de las palabras de Kennedy que dieron inicio a la carrera espacial, el estudio de la luna era algo sumamente aburrido por su aparente estado estático. Sin embargo, gracias al trabajo de Kuiper, las imágenes de la luna comenzaron a arrojar datos nunca antes vistos que demostraron que, contrario como se pensaba, no era para nada aburrida.

El Laboratorio Lunar y Planetario de Kuiper comenzó a desarrollar mejores imágenes de la Luna con telescopios ajustados para esta labor, además de imágenes de naves robóticas que permitieron explorar la superficie lunar de una manera algo más realista. No obstante, aunque estas imágenes eran más realistas, no siempre eran una fiel representación de la Luna, porque incluso viendo la cara de la Luna, los bordes solían achatarse y distorsionarse.

El “Atlas lunar rectificado” fue una apuesta más efectiva a la visualización de las imágenes lunares que constó de un globo blanco de casi un metro de diámetro al que se le proyectaban las imágenes capturadas por telescopios especiales. LPL/Universidad de Arizona

Para solucionar este problema, Kuiper y su equipo idearon una manera muy ingeniosa de ver las imágenes en mejor calidad: un globo blanco de casi un metro de diámetro en el que proyectaban imágenes desde un proyector de alta resolución.

De esta manera, al mover el globo, las imágenes que se alejaban del centro solían tomar mejor forma, pudiendo ver los detalles que se perdían en lo que captaba el telescopio. Este genial invento se llamó el “Atlas lunar rectificado” que, aunque ya se había sugerido, este se convirtió en la apuesta más efectiva.

Entre los principales descubrimientos que se hicieron con este atlas figura Mare Orientale, uno de los estanques lunares que, aunque tenía características similares a otros estanques, tenía unas cuantas diferencias, entre ellas que tenía menos cráteres y eran más nuevos y mejores preservados. Este hallazgo llevó al equipo intuir que la Luna se formó como resultado de un gran impacto contra la Tierra, dando pie a una de las teorías más populares sobre la Luna.

CBS retransmite la cobertura original del lanzamiento del Apolo 11

¿Y en qué ayudó el mapa al éxito de las misiones lunares?

Tras años de estudio e investigación para el desarrollo del mapa lunar, el equipo de Kuiper logró definir una ubicación específica para el alunizaje, y esto no hizo sino perfeccionarse con cada misión. En 1966, Ewen Whitaker –el único voluntario que se unió al proyecto de Kuiper en 1955– utilizó imágenes telescópicas tomadas por la nave robótica Suveyor 1, la primera misión estadounidense en alunizar, para corregir lo que los miembros de tal misión habían colocado como lugar de alunizaje.

Al “ojo por ciento”, los miembros del equipo definieron el lugar donde pensaron que la nave se había situado, pero Whitaker, al utilizar las imágenes telescópicas comparándolas con las montañas que estarían visibles desde cuál punto, logró sugerir una ubicación más correcta, a pocas millas de lo que determinó el equipo.

Aunque las estimaciones de Whitaker no fueron exactos, sí calculó una distancia que los astronautas del Apolo 12 pudieron caminar hasta encontrar la Surveyor 3.

Tras el rotundo éxito del Apolo 11, la NASA quiso ir más allá con la ubicación exacta de sus alunizajes y, quiso probar suerte con la Apolo 12 para comprobar que era posible apuntar hacia una ubicación específica, basándose solo en latitud y longitud. Para ello, le pidieron a Whitaker que encontrara la locación exacta de la Surveyor 3 –otra de las naves robóticas enviadas a la Luna– para que los de la Apolo 12 pudieran llegar al mismo lugar.

Cuando la Apolo 12 alunizó, no podían ver la Surveyor 3 porque estaba en el lado oscuro de la Luna. Sin embargo, cuando salieron a explorar, descubrieron que habían caído a una distancia tan corta que pudieron llegar a pie. Es decir, aunque las estimaciones de Whitaker no fueron exactas, sí fueron muy atinadas.

Asimetría de las dos caras de la luna se debe a una antigua colisión con un planeta enano

El futuro de la astronomía sigue expandiéndose. Con la evolución de la tecnología cada misión podrá ser aún más certera y nos permitirá ir más allá de nuestros conocimientos sobre nuestro satélite, todo gracias a la apuesta de un hombre por tomar un camino poco transitado, y aunque al principio pasó desapercibido, el tiempo confirmó que el estudio era tan necesario que hasta el mismo Kennedy anunció que llegar a la luna era una meta del hombre.

Aunque ya han pasado 50 años de esos primeros pasos, aún seguimos investigando cómo los humanos pueden conquistar al espacio, ¿o nos ha conquistado a nosotros?

Referencia: Mapping the Moon for Apollo: https://theconversation.com/mapping-the-moon-for-apollo-118886

Más en TekCrispy