Hace apenas un mes, el científico ruso Denis Rebrikov aseguraba en declaraciones a Nature que estaba dispuesto a editar genéticamente embriones humanos para hacerlos resistentes al VIH. Aquella noticia recordó inevitablemente a lo sucedido el pasado mes de noviembre, en China, cuando He Jiankui anunció el nacimiento de dos niñas cuyo genoma había sido editado previamente mediante la técnica CRISPR-Cas9, con esta misma intención.

Rebrikov prometió haber corregido algunos de los puntos más cuestionables del procedimiento de su colega chino, pero incluso así sus planes se recibieron con gran recelo, tanto entre la población en general, como en la comunidad científica en particular.

A la espera de saber si finalmente goza de los permisos necesarios para llevar a cabo sus proyectos, su nombre vuelve a estar en el candelero, después de que New Scientist recogiera en exclusiva el anuncio de su nuevo proyecto: modificar embriones para eliminar una forma heredable de sordera.

Del VIH a la sordera

Si bien CRISPR-Cas9 es una técnica de edición genética muy prometedora, que a buen seguro protagonizará un gran número de grandes hallazgos científicos en un futuro, a día de hoy aún no está preparada para su uso en humanos.

Esto se debe a varios motivos, entre los que destaca el hecho de que es imposible garantizar que no se editen otras regiones del ADN ajenas a la deseada. De ser así, el resultado puede ser inocuo, pero también muy peligroso, si afecta a un gen supresor de tumores, por ejemplo. Además, incluso la mutación que se busca en un inicio puede tener consecuencias inesperadas.

Por este motivo, el atrevimiento de Jiankui fue tan criticado en su momento y más aún con el tiempo, al demostrarse que una de las mutaciones obtenidas puede aumentar la probabilidad de muerte en un 21%. Pero no solo los medios fueron condenados por sus detractores, también el objetivo final.

Y es que, en realidad, había otras vías más sencillas para evitar que esas niñas se infectaran del VIH portado por su padre. En estos casos la probabilidad de infección es baja y, además, las clínicas de reproducción asistida cuentan con técnicas que permiten evitar que los bebés adquieran la enfermedad, de una forma totalmente segura para ellos.

Incluso si el objetivo era obtener individuos resistentes al virus, independientemente de sus padres, seguía siendo una mala idea, pues a día de hoy contamos con grandes métodos de prevención, cuyo uso hace innecesarios riesgos como los propuestos por el científico chino.

En su momento Rebrikov reconoció que su idea era también crear embriones resistentes al VIH, pero en un caso diferente, en el que eran las madres las que tenían la enfermedad. Ahora, su nueva propuesta deja a un lado este virus y se centra en una forma genética de sordera, originada por una mutación en el gen GJB2. Se trata de una afección de herencia recesiva.

Este avance permite a los científicos editar múltiples genes a la vez

Esto quiere decir que solo se puede expresar si se recibe la copia afectada de ambos progenitores. Por eso, si el padre y la madre están enfermos, su descendencia también lo estará con total seguridad. En estos casos se suele recomendar utilizar gametos (óvulos o espermatozoides) de donante y, en caso de que se mantengan los de uno de los padres, realizar un diagnóstico genético preimplantacional, en el que se hace un estudio genético de los embriones previo a la implantación y se seleccionan solo los que estén sanos.

Es una vía segura, pero requiere que la descendencia no proceda biológicamente del padre y la madre. Por eso, el científico ruso asegura que su propuesta es la única opción si no quieren renunciar a ello.

¿El fin justifica los medios?

Rebrikov cuenta ya con cinco parejas voluntarias para participar en su proyecto. En todas ellas, tanto el padre como la madre tienen este tipo de sordera y no quieren renunciar a que sus hijos sean biológicamente de ambos.

Es cierto que, al contrario de lo que ocurría con el VIH, no hay otra opción posible para que se den esas condiciones. Sin embargo, el fin sigue sin justificar los medios, pues no se trata de una enfermedad que amenace a la vida de quien la posee. Incluso hay sordos que se niegan a evitar que sus hijos hereden su condición, por querer perpetuar lo que algunos conocen como “la cultura de la sordera”. Esto último es cuestión de opinión, pero sí que es cierto que elegir esta situación para poner en práctica una técnica que aún no está preparada para su uso en humanos sigue siendo una temeridad para la mayoría de expertos.

Lo explica también en New Scientist el bioético de la Universida de Oxford Julian Savulescu, al asegurar que “los primeros ensayos en humanos deben comenzar con embriones o bebés sin nada que perder, con condiciones fatales, y no con un embrión que puede llevar una vida bastante normal”.

Al menos, Rebrikov ha prometido que seguirá la vía legal y que en un par de semanas pondrá en marcha la solicitud de permisos a su gobierno para comenzar a llevar a cabo su trabajo. Está claro que esta no será la última vez que escuchemos o leamos su nombre.

Este artículo fue publicado originalmente en Hipertextual.

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