Teóricamente, un embarazo humano dura 40 semanas como promedio, y el parto suele ocurrir entre las semanas 37 y 42 de gestación. Cuando ocurre de esta manera, se dice que es un bebé “nacido a término”.

Cuando el bebé nace antes de la semana 37 de gestación, entonces se le considera “nacido antes de término” o “prematuro”. A su vez, estos se han clasificado según la etapa del desarrollo en la que han nacido. Cuando nace entre la semana 35 y 37, es un bebé prematuro leve; entre la semana 30 y 34, es un bebe prematuro moderado, y cuando nace entre la semana 26 y 29 de gestación, un bebé prematuro extremo.

Los bebés prematuros extremos suelen necesitar asistencia respiratoria con oxígeno y sufactante pues sus pulmones aún son demasiado inmaduros para trabajar por sí mismos. Su nacimiento ha sido tan precoz que tampoco han desarrollado sus reflejos. No son capaces de succionar aún, y esto, sumado a que su sistema digestivo tampoco está preparado para procesar alimento, hace necesario que sean alimentados por vía endovenosa.

Lograr que estos bebés sobrevivan es un verdadero reto para los médicos, pero siguen haciéndose esfuerzos para lograrlo. Una forma es a través de la investigación, la cual puede arrojar datos clave para abordar sus puntos más débiles, como la respiración o la alimentación.

A propósito de ello, un nuevo estudio publicado en Scientific Reports reveló que una de las grandes dificultades radica en que su crecimiento se ve afectado precisamente por su nacimiento prematuro. Entonces su microbioma aún es muy pobre, así como las bacterias y microorganismos en su intestino, y que son primordiales para el proceso digestivo.

Microbioma pobre, metabolismo lento y falla del crecimiento

Los bebés prematuros extremos tienen un microbioma muy pobre. Su intestino es rico en bacterias que causan enfermedades y pobre en bacterias inocuas.

Se estudiaron 58 bebés que nacieron en o antes de las 27 semanas de embarazo, con un peso promedio inferior a dos libras; 36 de estos, tuvieron una falla de crecimiento, mientras que el resto tuvo un crecimiento apropiado a pesar de su condición.

Se observó que los bebés presentaban diferencias constantes en su microbioma y su metabolismo, independientemente de otras afecciones típicas de la prematuridad como infección en la sangre, inflamación intestinal o perforación intestinal.

Aquellos bebés que presentaron retraso del crecimiento habían sufrido una interrupción en la maduración del microbioma intestinal. Su diversidad bacteriana en esta zona era baja, sobre todo en bacterias inocuas, como Veillonella, mientras que había mayor cantidad de bacterias patógenas como Staphylococcus, muy presente en la piel humana, y Enterobacteriaceae.

El gran problema con el retraso de crecimiento es que también aumenta el riesgo de deterioro cognitivo y motor, además de causar predisposición a obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardíacas en el futuro.

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Se observaron también deficiencias en el metabolismo de la glucosa y otros nutrientes no lipídicos, lo que hacía que los bebés tuvieran mayor dependencia de los ácidos grasos para compensarse, a pesar de que está recibiendo una alimentación similar a los bebés extremadamente prematuros con un crecimiento adecuado.

Esto es similar a lo que ocurre en nuestro cuerpo cuando hacemos dieta o estamos en ayuno, sin embargo, bajo condiciones normales, esto suele solucionarse con una alimentación balanceada. El problema es que esto no ocurrió con bebés con fallas de crecimiento, probablemente debido a su microbioma deficiente.

El microbioma puede indicar el riesgo de retraso del crecimiento

El microbioma de una sola persona está conformado por millones de bacterias, con 10 veces el número de células microbianas en cada célula humana, y juega un papel importante en el riesgo de sufrir obesidad, alergias, asma, diabetes, enfermedades autoinmunes, cánceres e incluso depresión.

Tal es su importancia que incluso se han asociado los casos de desnutrición infantil con la inmadurez persistente del microbioma intestinal. No es de extrañar entonces que estos neonatos prematuros presenten tantas dificultades en su desarrollo a pesar de recibir nutrientes para su subsistencia.

Tal como indica el Dr. Patrick Seed, jefe asociado investigador de Ciencias Básicas en Stanley Manne Children’s Research Institute en el HospitalAnn & Robert H. Lurie y autor del estudio, existe una estrecha relación entre el microbioma inmaduro de estos bebés y el retrato de crecimiento y el retraso metabólico:

“Nuestros análisis de la relación entre el microbioma de los bebés con retraso del crecimiento y los subproductos de su metabolismo sugieren que la composición única de las comunidades bacterianas que viven en sus intestinos podría jugar un papel en este estado metabólico con similitudes con el ayuno. Esto podría explicar por qué el simple aumento del suministro calórico para los bebés con retraso del crecimiento a menudo no funciona. Para desarrollar tratamientos efectivos, necesitamos entender mejor cómo su incapacidad para utilizar los nutrientes para obtener energía está influenciada por la maduración retardada del microbioma y el metabolismo”.

La utilidad de esta investigación radica en proporcionar un nuevo criterio para identificar a los bebés prematuros extremos cono mayor riesgo de sufrir retraso de crecimiento, algo que no se tenía hasta ahora. Si la clave está en el microbioma, entonces podrían desarrollarse tratamientos que permitieran abordar este punto específico para favorecer su sana supervivencia.

Referencias:

Disrupted Maturation of the Microbiota and Metabolome among Extremely Preterm Infants with Postnatal Growth Failure. https://www.nature.com/articles/s41598-019-44547-y

Growth Failure in Preterm Infants Tied to Altered Gut Bacteria. https://www.luriechildrens.org/en/news-stories/growth-failure-in-preterm-infants-tied-to-altered-gut-bacteria/

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