Cráneo llamado M72, con una edad entre 6.300 y 5.500 años. Fuente: Qian Wang.

Como muchos saben, al nacer nuestros huesos son más “blandos” y frágiles que en la adolescencia, y muchas culturas antiguas del mundo aprovechaban ello para modificar la forma de la cabeza humana.

Hasta ahora, la razón sigue siendo un misterio, pero a lo largo de la historia se ha conseguido evidencia suficiente para estar seguros de que muchas culturas separadas geográficamente la llevaban a cabo. Incluso en la actualidad, comunidades de Vanuatu y la República del Congo siguen practicándola.

Recientemente, un grupo de arqueólogos consiguió en un sitio recóndito de China un conjunto de cráneos humanos de forma alargada, de niños y adultos, machos y hembras, con signos más que obvios de modificación craneal intencional, el nombre formal con el que se conoce esta práctica.

Houtaomuga, un lugar lleno de misterios antiguos

Entre 2011 y 2015, un equipo de arqueólogos encontró en una excavación en Houtaomuga,  en la provincia de Jilin, en el noreste de China, esqueletos de 25 individuos que datan del período Neolítico, el último período de la Edad de Piedra. 19 de estos se conservaron lo suficiente para ser estudiados a detalles por medio de  tomografía computarizada (TC), con lo cual obtuvieron una estructura de diploë y un modelo 3D.

Al analizar los modelos 3D, los investigadores constataron que los cráneos de once individuos exhibían signos indiscutibles de modificación craneal intencional, como aplanamiento y elongación del hueso frontal o la frente.

Se encontró variedad en los restos: machos, hembras, niños y niñas, encontrándose que murieron entre los 3 y 40 años, lo cual indica que modificación de cráneos se iniciaba a edades muy tempranas, probablemente conscientes de la maleabilidad de este en los primeros años.

El cráneo más antiguo pertenecía a un hombre adulto que vivió hace aproximadamente 12,027 y 11,747 años.

La evidencia más antigua de modificación craneal

Cráneo nombrado M45, el primer caso conocido de modificación de cabeza registrado. Fuente: Qian Wang.

Qian Wang, profesor asociado en el Departamento de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Odontología de la Universidad de Texas A&M y coautor de esta investigación señalo que este es “el primer descubrimiento de signos de modificación intencional de la cabeza en el continente de Eurasia, quizás en el mundo“, a lo que agregó:

“Si esta práctica comenzó en el este de Asia, es probable que se extienda hacia el oeste a Oriente Medio, Rusia y Europa a través de las estepas, así como hacia el este a través del puente terrestre de Bering hacia las Américas”.

Wang aún no tiene una razón específica que explique el porqué de esta práctica, pero estima que podría tener su origen en la estimulación de la fertilidad, el status social y la belleza, como una moda.

Esta es la evidencia más temprana de personas prehistóricas viviendo a gran altura

Aparentemente, estos jóvenes fueron tratados con un funeral decente, lo que podría sugerir una clase socioeconómica alta“, dijo Wang. Estas personas solían tener bienes graves y decoraciones funerarias.

Pero a pesar de ser el caso más antiguo conocido en la historia, aún es muy pronto para asumir que se inició en Houtaomuga y de allí se propagó a otras regiones, o si bien surgieron de manera independiente en cada entidad geográfica en donde se han encontrado restos similares.

“Todavía es demasiado pronto para afirmar que la modificación craneal intencional surgió por primera vez en el este de Asia y se extendió a otros lugares; puede haberse originado de manera independiente en diferentes lugares”.

Se trata de una práctica bastante extraña, pero la razón de belleza suena bastante lógica tomando en cuenta las prácticas humanas actuales. ¿Entenderían los humanos del futuro que los de esta época llevaban a cabo cirugías plásticas para cambiar su apariencia?

Referencias:

Intentional cranial modification from the Houtaomuga Site in Jilin, China: Earliest evidence and longest in situ practice during the Neolithic Age. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1002/ajpa.23888

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