En la era de las fake news y de los extremos políticos e ideológicos la verdad se ha convertido en un concepto utópico en el que resulta difícil definir de manera objetiva qué es real y qué no. Además de los múltiples conflictos que existen alrededor de la manipulación, la fuente también se ha convertido en un problema por el sesgo ideológico o político que pueda tener.

Un estudio realizado por la Universidad de Ohio constata que las personas suelen distinguir entre aquellas fuentes que son deshonestas de las sesgadas, las cuales pueden perder credibilidad ante quienes los siguen incluso si llegasen a decir la verdad. “Si quieres verte como una fuente creíble, debes ser objetivo, además de honesto y conocedor”, considera Laura Wallace, la autora principal del estudio e investigadora postdoctoral en psicología.

¿Qué hace que una fuente sea creíble?

Durante años, la credibilidad de una persona se basaba en una mezcla entre confiabilidad y conocimiento, sin embargo, el estudio ha considerado el sesgo como parte importante de esa mezcla. Para explicarlo de manera muy sencilla, utilizan a los abuelos como ejemplo. Si bien la creencia general sobre los abuelos es que son personas honestas, pero si uno dice que su nieto es el mejor jugador de fútbol del mundo, las personas solo sonreirían amablemente sin creerlo, pues está “obviamente sesgado”.

Más allá del ejemplo, los investigadores realizaron varios experimentos para probar su hipótesis. En este caso, seleccionaron a 169 estudiantes para que leyeran una conversación entre trabajadores humanitarios que discutían para decidir cuál es la mejor zona para enviar recursos a una zona del Congo en la que había brotes de Ébola. Las dos zonas en cuestión era una aldea rural llamada Rotu, donde comenzó la epidemia, y Poku, una ciudad cercana donde la enfermedad se ha propagado.

Entre los trabajadores humanitarios del caso ficticio figuraba Roger, un trabajador que proponía el envío de recursos a Rotu, con la descripción añadida a algunos participantes que mostraba su experiencia como voluntario de los Cuerpos de Paz en esa zona. Esta información extra podía prevenir a los participantes que la supieran sobre un posible sesgo de Roger, mientras que aquellos que no lo sabían no tenían ninguna indicación de sesgo.

El sesgo sí podría distorsionar la credibilidad de la fuente

Tras leer la historia, los participantes debieron rellenar un cuestionario con algunas preguntas que evaluaban las diferentes propuestas de los trabajadores. Como resultado, los investigadores encontraron que aquellos participantes que sabían de la experiencia previa de Roger en Rotu concluyeron que, a pesar de sus buenas intenciones y de ser un experto en la materia, estaba sesgado y por eso su propuesta no podía considerarse del todo como la menos creíble.

Los resultados demuestran que el sesgo sí puede dañar la credibilidad de una fuente, tal como la falta de confianza, sin embargo, no siempre tendrán las mismas consecuencias. Al respecto, Wallace explica que “en el caso de las fuentes sesgadas pero honestas la información que presentan podría apoyar un lado del asunto, pero al menos las personas pueden tratar la información como algo útil para comprender ese lado de la historia”. Por el contrario, “las fuentes no confiables nunca llegarán a ser así de útiles”, añade Wallace.

¿Qué ocurre cuando compartimos la opinión de la fuente sesgada?

Visto con un caso simple como el del experimento, el sesgo podría verse incluso algo inofensivo, pero, ¿qué ocurre con los extremos ideológicos y políticos? En una era como esta en la que los extremismos han despertado ferozmente, la verdad suele ser aún más difícil de conseguir. Tomemos un caso como el que ocurrió en Venezuela a principios de 2019 cuando la oposición quería introducir la ayuda humanitaria al país.

Durante esos días, el mundo se dividió en dos extremos: la izquierda y la derecha, dejando la objetividad de los hechos a un lado. Al estar esta ayuda avalada por el gobierno de Donald Trump y el partido Republicano, las personas ajenas a la situación venezolana condenaron una ayuda que era más que necesaria para sus habitantes por la falta de acceso a medicinas y comida solo porque tenía el sello Trump.

Y cuando el New York Times publicó una nota que culpaba a la oposición venezolana de incendio de un container con la ayuda humanitaria, las personas de oposición saltaron a negar el hecho, condenándolo de estar tergiversado. Ese es el caso de los extremismos y en cierta forma Wallace lo explica en el estudio: las personas creen más que aquellas personas que comparten su opinión están menos sesgadas que aquellos que no.

¿Cómo se cambia la opinión de estas personas con respecto a la verdad? ¿Cómo se puede cambiar la opinión de las personas que son anti Trump y creen que la ayuda humanitaria es una excusa para los planes presuntamente imperialistas de Estados Unidos? Con evidencias y hechos. Durante el estudio, los investigadores se mostraron sorprendidos cuando las fuentes sesgadas cambiaron su posición con respecto a un conflicto, además, consideraron que esta sorpresa tenía un efecto muy positivo sobre la persuasión.

Para Wallace, las personas consideran que “debería haber nueva evidencia que sea realmente convincente para hacer que una fuente sesgada cambie su opinión y cambie de bando”, de manera que los hechos siguen siendo lo suficientemente importantes para presentar la verdad, ahora, qué tan sesgado esté una persona con respecto a una ideología marcará la diferencia si cambiará de opinión o no.

Este tema aún debe explorarse, pues, tal como aseguró Wallace, al haber utilizado temas simples que no dieran pie a posibles creencias previas de los participantes, el estudio no puede determinar cómo reaccionarían las personas sesgadas ante fuentes con sesgos similares u opuestos.

Referencia: Is that news really ‘fake,’ or is it just biased?: https://m.phys.org/news/2019-07-news-fake-biased.html