La leche, tanto completa como descremada, es eficiente para eliminar la sensación de quemadura por capsaicina.

Hace varios años algunos curiosos comenzaron a preguntarse por qué los humanos adultos siguen consumiendo leche provenientes de otros animales. Algunos la han catalogado como un alimento tóxico, mientras que otros la relacionan con la obesidad, pero hasta ahora siguen siendo teorías poco sustentadas.

La otra cara de la moneda muestra que la leche y los lácteos  en general son realmente beneficiosos para la salud humana, y sobre todo para la prevención de muchas enfermedades, más allá de su conocido aporte de hierro asociado con un buen crecimiento y huesos fuertes.

A pesar de que aún la leche forma parte importante de la dieta de muchas poblaciones alrededor del mundo, se ha observado que su consumo se ha reducido y no parece ser el más idóneo para aprovechar sus beneficios.

Ahora un grupo de investigación dirigido por el profesor de bioquímica y biología molecular en la Universidad de Granada, Ángel Gil, se tomó la tarea de revisar de manera sistemática 14 estudios previos que abordan el papel que juega la leche y sus derivados en la prevención de enfermedades crónicas.

Los hallazgos de la investigación fueron publicados en mayo en Advances in Nutrition, una de las revistas más importantes en el campo de la nutrición, y aquí los explicamos.

El papel de la leche en las enfermedades crónicas

Científicos de universidades españolas, europeas y americanas trabajaron con Gil y la profesora Rosa M. Ortega de la Universidad Complutense de Madrid para revisar la literatura científica mundial sobre los efectos del consumo de lácteos en la prevención de afecciones como síndrome cardiovascular, síndrome metabólico, cáncer de colon o vejiga, enfermedades respiratorias y diabetes tipo 2, enfermedades crónicas no transmisibles bien conocidas por su relación la muerte prematura.

Detrás de estas se encuentran factores de riesgo modificables como el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, dietas escasas en nutrientes esenciales y el sedentarismo. Estos hábitos suelen conducir al sobrepeso, luego a la obesidad, y por consiguiente, a un aumento de la presión arterial, lo cual puede desencadenar alguna de estas enfermedades crónicas que pueden resultar letales.

Asimismo, estudiaron su influencia en el crecimiento del cuerpo humano, la densidad mineral ósea, la generación de masa muscular y durante el embarazo o la lactancia.

Analizando los resultados obtenidos, aún no hay una relación muy bien definida entre un mayor consumo de productos lácteos y una disminución en el riesgo de fractura osteoporótica total o de fractura de cadera. Sin embargo, se encontró que parece influir en la reducción del riesgo de fractura vertebral.

Se observó que el mayor o menor consumo de productos lácteos no estaba relacionado con el aumento del riesgo de mortalidad, por lo que las personas pueden consumir leche sin que ello implique reducir sus años de vida.

En cambio, se observó que la ingesta de productos lácteos bajos en grasa sí reduce el riesgo de sufrir síndrome metabólico. Esto a su vez da pie a suponer que es falsa la afirmación de que consumir leche aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, y en su lugar, podría incluso ser preventiva. De hecho, hay relaciones inversas entre el consumo de productos lácteos y la cardiopatía isquémica y el infarto de miocardio.

De manera similar, la revisión reveló que la ingesta de lácteos y yogurt bajos en grasas parece disminuir el riesgo de diabetes tipo 2.

El consumo moderado de leche y sus derivados también disminuye el riesgo de cáncer colorrectal y cáncer de vejiga.

Varias veces se ha asociado el consumo de leche con un mayor riesgo de sufrir cáncer de próstata, sin embargo, esta revisión bibliográfica encontró que los estudios que lo afirman presentan debilidades en el control de los factores de riesgo y poblaciones demasiado heterogéneas. De modo que respecto, concluyen que no hay evidencia suficiente para relacionar los lácteos con mayor riesgo de sufrir cáncer de próstata.

Tampoco hay evidencia suficiente para relacionar que esta favorece procesos inflamatorios en individuos con sobrepeso, obesos o que sufran algún tipo de problema metabólico.

Por si esto fuera poco, también se encontraron efectos positivos en su consumo moderado durante el embarazo, el cual favorece un buen beso del bebé al nacer, la longitud y el contenido mineral óseo durante la infancia.

Sus beneficios son destacables incluso para adultos de edades avanzadas, en los que la ingesta diaria de leche y lácteos puede reducir el riesgo de fragilidad y sarcopenia.

¿Entonces es bueno consumir leche y lácteos en general?

La revisión de la literatura científica reveló que consumir leche es altamente recomendable pues ayuda a prevenir varias enfermedades crónicas.

Todo indica que sí. El consumo adecuado de leche y productos lácteos en general en diferentes etapas de la vida del ser humano parece ejercer una función protectora contra enfermedades crónicas como las mencionadas hasta ahora.

Estos alimentos contienen una variedad de nutrientes vitales para nuestra buena salud: proteínas, calcio, magnesio, fósforo, potasio, zinc, selenio, vitamina A, riboflavina, vitamina B12 y ácido pantoténico.

Además, es más fácil obtenerlas de la leche de vaca en comparación con otras recomendaciones para sustituirla, como leche de vegetales como soya, almendras, avena e incluso arroz. Varias bebidas de este tipo han sido analizadas y los resultados han revelado que a pesar de contener nutrientes importantes, su aporte no comparable con el de los lácteos animales.

Referencias:

Introduction and Executive Summary of the Supplement, Role of Milk and Dairy Products in Health and Prevention of Noncommunicable Chronic Diseases: A Series of Systematic Reviews. https://academic.oup.com/advances/article/10/suppl_2/S67/5489443

Adequate intake of milk and dairy products in different life stages helps prevent chronic diseases. https://canal.ugr.es/noticia/milk-dairy-products-can-help-prevent-chronic-disease/