Hace un poco más de un década, la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicó un informe en el que alegaban que la cría de ganado y producción de carne generaba más gases de efecto invernadero a nivel mundial que el transporte.

La polémica en torno al informe se ha mantenido aún en nuestros días y muchas personas siguen creyendo que las vacas son las principales culpables del calentamiento global, a pesar de que la FAO reconociera públicamente años después que los datos exageraban este aporte.

Los datos que se manejan actualmente indican que el 14,5 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero provienen de la ganadería, en especial de la producción de carne y leche. Las vacas, cabras y demás animales eructan metano, un reconocido gas de efecto invernadero, y lo liberan también sus deposiciones.

De modo que aunque no son las culpables, su simple existencia en realidad aporta cantidades importantes de metano al ambiente, por lo que también entran entre los puntos a mejorar para reducir dichas emisiones.

El informe de la FAO dio pie a muchas campañas para dejar de consumir carne y así detener su producción, aunque esta sigue formando parte importante de la dieta de la mayoría de los seres humanos.

Entonces en lugar de modificar la alimentación humana, los investigadores han empezado a prestar especial atención a la dieta de las vacas, y han considerado incluso la inclusión de algas en ella.

Otra alternativa propuesta recientemente supone la modificación de los microorganismos presentes en sus intestinos y culpables de la alta producción de metano, la cual parece ser una idea factible a largo plazo. A continuación todos los detalles.

¿Cómo producen tanto metano lo animales rumiantes?

Los animales rumiantes como las vacas, las cabras y las ovejas tienen un estómago especial llamado rumen en el que habitan una enorme cantidad de microbios. Estos se encargan de descomponer los alimentos que consumen: heno, pastos y demás vegetales de los cuales es difícil extraer los nutrientes y calorías de interés.

Esta dificultad de digestión hace que los rumiantes eructen y en el proceso liberen un total de 100 millones de toneladas de metano al año en todo el mundo, lo que los hace grandes proveedores de este gas de efecto invernadero.

Modificar el microbioma de la vacas para reducir el metano

John Wallace, de la Universidad de Aberdeen plantea que las bacterias están relacionadas de manera muy cercana con la composición genética de las vacas, y que estas se transmiten de generación en generación. De modo que la modificación del microbioma de los rebaños podría reducir la emisión de gas metano:

“Debido a la heredabilidad, debería ser posible utilizar esa información para criar animales para bajas emisiones y aumentar la productividad. El microbioma de los rebaños podría ser secuenciado, y los individuos con altas emisiones se seleccionaron de forma selectiva. La eliminación de los peores delincuentes en el microbioma podría reducir el metano en un 50 por ciento”.

El problema con este método es que llevaría varias décadas y las consecuencias del calentamiento global las experimentamos desde hace muchos años ya. Ante la necesidad de medidas más rápidas, se ha evaluado otro enfoque: estudiar si existen genes específicos responsables del microbioma vacuno y, de ser así, entonces descubrir si es posible eliminarlos sin que ello implique mayor riesgo para la especie.

Los investigadores han pensado en alimentos probióticos, microorganismo vivos que suministrados en una cantidad suficiente, permanecen activos en el intestino y pueden alterar la flora bacteriana intestinal.

Con los probióticos, existe la posibilidad de reducir la concentración de microorganismos que producen metano en las vacas, y de esta forma se reduciría su emisión. Wallace considera que “este tipo de inoculación para animales jóvenes no es tan difícil como se podría pensar“.

El microbioma de las vacas determina las emisiones de metano

Vaca Holstein, que con los noruegos rojos, fueron las dos especies incluidas en el estudio sobre el microbioma de sus estómagos.

Wallace y un equipo de investigadores estudiaron 1016 vacas en sietes granjas de cuatro países europeos (Reino Unido, Italia, Suecia y Finlandia) para identificar las características de los microbiomas de los rumiantes que determinan la producción y emisiones de metano.

Las vacas incluidas en el estudio eran Holsteins y noruegos rojos, dos razas que constituyen la mayoría del ganado lechero en Europa.

Encontraron que aunque cada vaca tenía un microbioma único, alrededor de la mitad de estos animales en todas las granjas tenían los mismos 512 microbios intestinales. Al proceder con los análisis genéticos, la mayoría de ellos eran heredados y eran de vital importancia para la emisión de metano.

Con estos resultados, queda más que claro que el microbioma de las vacas juega un papel crucial en las emisiones del metano. La posibilidad de controlar estos microorganismos sin alterar su salud ni la calidad de la leche es un nuevo reto que deberán abordar los científicos próximamente.

Referencias:

A heritable subset of the core rumen microbiome dictates dairy cow productivity and emissions. https://advances.sciencemag.org/content/5/7/eaav8391