Actualmente hay 0.9 mil millones de hectáreas en áreas disponibles para reforestación en nuestro planeta, excluyendo las zonas urbanas y agrícolas.

Varias veces hemos hablado de la reforestación como algo positivo para nuestro planeta, sobre todo para la producción del oxígeno que necesitamos para respirar. Pero esta también tiene un efecto positivo en los suelos y la calidad del agua.

Una investigación ha demostrado que la reforestación específica de tierras agrícolas marginales, degradadas o en estado de abandono, ofrece beneficios relevantes en la mejora de la calidad del agua al detener el arrastre de sustancias hacia los arroyos por el fenómeno de la escorrentía.

Arturo Keller, un miembro de la facultad en Bren School of Environmental Science & Management y auto principal de esta investigación, señala que hasta ahora existe poca información cuantitativa sobre los beneficios de mejorar la calidad del agua:

“Si bien hemos sabido intuitivamente que la reforestación puede ser una acción muy positiva, hasta la fecha, no se ha cuantificado de manera confiable determinar la cantidad de dinero que puede obtener en términos de calidad del agua. Aquí presentamos un enfoque para identificar áreas donde la reforestación será más efectiva para mejorar la calidad del agua, utilizando un modelo de USDA ampliamente disponible y conjuntos de datos a los que cualquier persona puede acceder”.

El flujo de nutrientes da como resultado zonas muertas

La escorrentía hace que el agua arrastre nutrientes de los suelos dejando zonas muertas y contaminando el agua.

Para llevar a cabo su estudio, Keller y su coautora Jessica Fox, del Instituto de Investigación de Energía Eléctrica (EPRI) escogieron la cuenca del río Ohio, que desemboca en el Golfo de México junto con otras cinco cuencas hidrográficas importantes a través de la cuenca baja del río Mississippi.

Esta zona representa una importante fuente de agua que surte a millones de personas, además de que más de un tercio de ella se dedica a la agricultura.

Cuando el agua se desborda y se escurre (escorrentía) arrastra nutrientes como nitrógeno y fósforo presentes en el suelo desde las granjas y otros centros de operaciones agrícolas, hacia el Golfo, dejando a su paso una floración de algas a gran escala. Pero de igual forma, durante los meses de verano se crea lo que los investigadores han denominado “zona muerta” por la falta de oxígeno, que representa una amenaza para la vida marina en sus límites.

Según los datos suministrados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, la zona muerta este verano podría abarcar un área de 7,829 millas cuadradas. Esta sería una de las zonas muertas más grandes que se hayan registrado en el Golfo de México.

Las tierras marginales son candidatas para la reforestación

Para Keller, plantar árboles puede ser de mucha utilidad para detener el problema del lavado de nutrientes por la escorrentía y mejorar la calidad del agua. Según señala, los árboles retienen casi la totalidad del suelo, y también pueden absorber el nitrógeno y el fósforo disponibles en este.

“Los árboles retienen el suelo y los sedimentos casi por completo, en comparación con los campos abiertos, y absorben el nitrógeno y el fósforo disponibles, así como también almacenan carbono. La cuantificación de estos efectos ahora se puede utilizar para otorgar créditos negociables para mejorar la calidad del agua”.

De modo que las tierras de cultivo marginales son una opción interesante para reforestar. Estas son tierras de b ajo valor agrícola debido a que la calidad de su suelo no la apta para los cultivos, tienen poco suministro de agua y sus pendientes hacen difícil ejercer la agricultura.

Las candidatas ideales para plantar árboles son aquellas en laderas de colinas que tienen una infiltración pobre en el suelo, pero están ubicadas cerca de un cuerpo de agua.

Al plantar árboles en las tierras de cultivo marginales no solo se podría almacenar carbono, sino que también se podría detener en gran medida el desplazamiento de nitrógeno, fósforo y los sedimentos de la tierra a los arroyos y ríos.

Según este estudio, cerca del 10 por ciento de las tierras de cultivo actuales en la región de la cuenca del río Ohio fueron identificadas como de alta prioridad para la reforestación. Y tal como señala Keller:

“Si esta área se convirtiera de tierras de cultivo marginales a bosques saludables, podría evitarse que 60 millones de kilogramos de nitrógeno y dos millones de kilogramos de fósforo lleguen a los arroyos y ríos de la cuenca norte del río Ohio. Eso es del orden de una disminución del 12 por ciento en el nitrógeno total, y una disminución del 5 por ciento para el fósforo total en toda la cuenca, que drena hacia el Golfo de México”.

Pero los beneficios de la reforestación de estas tierras van más allá de la mejora de la calidad del agua. Esto permitiría adaptar el hábitat y dar la bienvenida a una mayor biodiversidad, que podría incluso traer beneficios económicos por la extracción sostenible de la madera, un producto de alto valor y aplicación en la industria.

La Cuenca del río Ohio es parte del programa de comercio de calidad del agua más grande del mundo: el Proyecto de Comercio de Calidad del Agua de la Cuenca del Río Ohio, el cual, como indica su nombre, está enfocado en mejorar la calidad del agua.

Este comprende algunas medidas como la reducción del uso de fertilizantes, evitar el desplazamiento del estiércol hacia los arroyos y plantar árboles cerca de esto a fin de reducir la escorrentía, como explicamos párrafos atrás.

De modo que aunque los resultados puedan variar para diferentes localidades, el estudio ha demostrado el gran potencial detrás de la reducción de la carga de nutrientes como una alternativa válida y aplicable en diferentes partes del mundo.

Referencias:

Trees for Water Quality Credits. https://www.news.ucsb.edu/2019/019531/trees-water-quality-credits

Giving credit to reforestation for water quality benefits. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0217756