Para nadie debería ser un secreto que los filtros de aplicaciones como Snapchat e Instagram se encuentran entre las herramientas de “edición de fotos” más preferidas, y, es que en verdad no toma mucho tiempo ni esfuerzo embellecer un rostro recién despierto.

Sin embargo, un estudio realizado por algunos investigadores de Johns Hopkins –que fue publicado el día de ayer en el Journal of American Medical Association (JAMA)– destacó que esta “adicción” por los filtros y las aplicaciones para editar fotografías era la muestra clara que de que los usuarios de las redes sociales son más propensos a realizarse cirugías plásticas.

De la red a lo real

Para muchos parece estúpido afirmar que el uso constante de las aplicaciones de edición puede distorsionar las maneras en la que las personas se observan al frente de un espejo, pero, tal como lo confirma el estudio, fueron los usuarios de redes sociales los que presentaron una mayor tendencia a pasar por debajo del cuchillo y la anestesia.

No obstante, no todo podemos verlo como un descubrimiento, ya que esta especie de resultados son los que ayudan a los doctores profesionales a comprender mejor a sus pacientes y a las intenciones que los llevan a someterse a alguna cirugía estética. Sí, para que no pasen casos extremos como los que protagonizan el reality ‘Botched’.

Los filtros hacen más que embellecer

Siguiendo con la información que arrojó el estudio, se afirma que en las tasas más altas de aceptación a la cirugía plástica se encontraban los usuarios de aplicaciones como Tinder, YouTube y Snapchat, pero, que quienes hacían uso regular de Instagram y la app VSCO son quienes en realidad se realizarían algún procedimiento en ellos mismos.

¿Cómo podríamos entender los resultados? Quienes deseen mantener una imagen, ya sea para ganar seguidores o conseguir una cita, son quienes aceptan el concepto general de la cirugía, mas, por otra parte, son aquellos que desean mostrar a la comunidad una mejor versión de sí mismos, son quienes, de tener la oportunidad, cambiarían algo de ellos.

“Las redes sociales parecen crear una corriente estética casi competitiva que ejerce una presión increíble sobre los adultos jóvenes”.

No es culpa de las redes sociales

Sabemos que algunos podrán malinterpretar los resultados del estudio y concluir que, en efecto, es culpa de las redes sociales que la tendencia a cambiar el aspecto físico de uno sea tan alto, pero, el estudio en ningún momento afirma que sean las plataformas como Tinder o Snapchat las verdaderas culpables de esto, en cambio, es la autoestima de los usuarios quien debe aceptar la culpa.

“El hecho de que sabemos que los pacientes que usan estas plataformas son más abiertos a los procedimientos tiene sentido desde una perspectiva de marketing”, dijo Boris Paskhover –cirujano que revisó el estudio JAMA– “¿Por qué crees que los cirujanos plásticos tienen cuentas de Instagram y Facebook?”.

Cuando las personas gastan tanta energía en cuidar la manera en la que su rostro o cuerpo luce ante la comunidad digital, es obvio que el detalle es algo interno del usuario. Sin embargo, tampoco diremos que las redes sociales son inocentes, ya que podemos especular y decir que los cambios en el algoritmo de, por ejemplo, Instagram –donde necesitas que las personas interactúen constantemente con tus publicaciones para que tu perfil no pase por debajo de la mesa– son un detonante del hecho.

Ahora, lo impresionante del caso es que no parece haber vuelta atrás, sobre todo, porque como mencionó Paskhover, todo esto tiene un fin publicitario, y, si algo sabemos del mundo del marketing es que el mercado de la estética solo crece, muy poco retrocede.