Hace unas cuantas décadas, experimentar con humanos no era un acto inmoral ni mucho menos, sino que era algo que se hacía en nombre de la ciencia. Muchos de los experimentos trataban de ahondar en la mente humana y comprender la razón de muchos de nuestros comportamientos, pero en la mayoría de las veces, esto se les salía de las manos a los científicos.

Hoy en día agradecemos que estas prácticas ya no sean legales, pero es importante recordar que estos existieron para comprender hasta dónde podemos llegar para conseguir información acerca de nosotros mismos. Por esto, decidimos traerles una lista de algunos de los experimentos grupales más interesantes, desde el menos al más bizarro de todos. 

“La balsa del sexo”

Este experimento fue llevado a cabo en la década de los 70 por Santiago Genovés, un hombre que dedicaba su vida a estudiar los comportamientos violentos y su origen. Un día, en un vuelo a México, unos criminales secuestraron su avión para exigir la libertad de unos compañeros, hecho que marcó a este científico y lo inspiró a llevar a cabo un estudio que lo ayudaría a comprender el origen de la violencia.

Hizo que le construyeran una balsa pequeña sin motor ni electricidad y reclutó a 10 personas para que convivieran dentro de este barco por 101 días mientras navegaban por el mar completamente aislados del resto del mundo. A cada uno le asignó un cargo y decidió que los roles más importantes se los daría a las mujeres para saber si esto generaría algún tipo de conflicto.

Cuando zarpó la embarcación, los medios comenzaron a especular que en esta sucedían orgías, por lo que comenzaron a llamarla “la balsa del sexo”. Sin embargo, y a pesar de que sí hubo tripulantes que tuvieron relaciones sexuales, estas teorías de los medios estaban un poco alejadas de la realidad.

Al pasar el tiempo, Genovés se comenzó a dar cuenta de que el experimento realmente no estaba generando resultados violentos. Los tripulantes de la embarcación había creado lazos fuertes entre ellos y todo parecía estar en orden.

Sin embargo, el experimento no fue en vano, pues los resultados violentos no se estaban reflejando entre el grupo, sino en el propio Genovés.

Tiempo después, los miembros de la tripulación confesaron que el científico se había vuelto un dictador irritable y que incluso habían pensado en asesinarlo, pues la violencia que comenzó a expresar era difícil de soportar.

Experimento de la cárcel de Stanford

Este estudio psicológico se llevó a cabo en el año 1971 por el profesor Philip Zimbardo, quien dictaba la clase de Psicología Social en la Universidad de Standford. Este hombre buscaba saber si era posible que un hombre “bueno” era capaz de cambiar su forma de ser dependiendo de su entorno. 

Así, el profesor reclutó a 24 estudiantes ofreciéndoles 15 dólares diarios para que estuvieran en una cárcel falsa durante dos semanas. A estos los dividió en dos grupos: unos serían guardianes y otros, prisioneros. Luego, los dejó irse a sus casas.

Sin embargo, al día siguiente unos policías reales irrumpieron en los hogares de los “prisioneros” acusándolos de haber robado y arrestándolos por sus crímenes. Los llevaron con los ojos vendados hasta la “cárcel”, que en realidad era el sótano del Departamento de Psicología de Stanford que había sido ambientado.

Aquí se reunieron con los “guardias”, quienes, desde el principio del experimento, comenzaron a mostrar conductas abusivas hacia los prisioneros, e incluso comenzaron a aplicar violencia psicológica hacia los mismos. Esto causó que los prisioneros comenzaran a mostrar desórdenes emocionales.

A seis días de haber iniciado, el experimento tuvo que cancelarse debido a lo violento que se tornó.

Así, la conclusión del profesor Zimbardo fue que efectivamente la conducta de las personas pueden cambiar dependiendo de la situación en la que se encuentren. 

El Estudio Monstruo

Hasta ahora, ninguno de los experimentos de este artículo han provocado graves consecuencias en las personas. Sin embargo, el Estudio Monstruo, como su nombre lo indica, es bastante aterrador.

Se llevó a cabo mucho antes que los anteriores, en 1939, y fue dirigido por el psicólogo norteamericano Wendell Johnson. La idea era conocer si la tartamudez es una conducta aprendida. Así, bajo esta premisa, el psicólogo creía que esta condición también se podía desaprender.

Para llevar a cabo el experimento, tomó a 22 niños huérfanos que serían sus objetos de estudio y trató de inducirles el tartamudeo para posteriormente disminuir los síntomas con una terapia basada en refuerzos positivos. 

De los 22 niños, 10 ya eran tartamudos, así que los dividió en dos grupos: 5 de ellos fueron asignados a un grupo experimental y los otros 5 a un grupo control. Los otros 12 también fueron divididos en partes iguales y asignados a dos grupos distintos, al igual que con los niños tartamudos.

Los niños no sabían que estaban siendo sometidos a un experimento, pues les habían dicho que estarían recibiendo tratamiento durante cuatro meses. 

La “terapia” consistió en que a la mitad de los niños estudiados se les iba a decir frases positivas y alentarlos para que dejaran de prestarle atención a los malos comentarios acerca de su forma de hablar. Por otro lado, a la otra mitad se les comenzó a maltratar, diciéndoles comentarios negativos, reprochándoles por cada error que cometían al dar un discurso (incluso cuando no cometían ninguno) y haciendo énfasis en que eran “niños tartamudos”.

La conclusión de este estudio obviamente no fue la que el psicólogo esperaba. Los niños maltratados comenzaron a presentar comportamientos ansiosos, sentían vergüenza al hablar, corregían obsesivamente lo que decían e, incluso, comenzaron a dejar de comunicarse. Se comenzaron a retraer y sus tareas escolares decayeron. Sufrieron de estas consecuencias a largo plazo y su problema del lenguaje nunca mejoró.

El dilema ético causado por este experimento fue sin precedentes. Los mismos compañeros de Johnson consideraron inadmisible que utilizara a niños para comprobar una hipótesis, e incluso en el año 2001, la Universidad de Iowa, responsable del experimento, tuvo que disculparse públicamente una vez que el mismo salió a la luz pública y enfrentó varias demandas de miles de dólares que habían sido presentadas por los mismos niños, ahora convertidos en adultos.

Gracias a experimentos como estos, las normas éticas en el campo de la investigación psicológica se modificaron para prohibir estas prácticas. Hoy en día podemos decir que quizás los mismos autores de estos experimentos presentaron alguna condición psicológica y también que la humanidad ha ido cambiando para mejorar.

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