Los octópodos, comúnmente conocidos como pulpos, son una forma de moluscos que destacan por ser muy inteligentes y de mayor diversidad conductual. Estos pueden usar herramientas con brazos, resolver acertijos complejos e incluso pueden jugar con los humanos únicamente por diversión, lo que los convierte en una forma de vida muy interesante.

Como dijimos, son muy diversos, siendo de especial mención aquellos de ocho brazos que parecen haber evolucionado de manera diferente a muchos otros organismos en nuestro planeta.

De hecho, algunos investigadores especializados en el comportamiento de los pulpos desde hace tiempo plantearon la posibilidad de que los brazos de estos curiosos animales podrían manejarse de manera independiente, sin coordinarse con su cerebro.

Para comprobarlo, han presentado el primer intento de representación integral del flujo de información entre los retoños, los brazos y el cerebro del pulpo. A continuación te contamos los detalles.

Los octópodos tienen neuronas a lo largo de sus brazos

Planteemos algunos puntos básicos para empezar. Los vertebrados cuentan con un sistema nervioso centralizado, pero esta condición cambia en el caso de los octópodos.

En lugar de concentrar todo el poder en un solo sitio, los pulpos tienen un sistema nervioso distribuido. Dos tercios de sus neuronas se extienden a lo largo de todo su cuerpo y se distribuyen en cada brazo, lo que da pie a pensar que estos podrían moverse sin necesidad de una orden del cerebro.

David Gire, un neurocientífico de la Universidad de Washington, encabezó una investigación enfocada en determinar si esto es cierto o no.

“Una de las preguntas generales que tenemos es cómo funcionaría un sistema nervioso distribuido, especialmente cuando se trata de hacer algo complicado, como moverse a través del fluido y encontrar comida en un fondo marino complejo. Hay muchas preguntas abiertas sobre cómo estos nodos en el sistema nervioso están conectados entre sí”.

Para su estudio, escogieron pulpos vivos del Pacífico gigante (Enteroctopus dofleini) y pulpos rojos del Pacífico oriental (Octopus rubescens), los cuales tal como indica su nombre, son nativos del Océano Pacífico Norte.

El equipo involucrado le dio a los cefalópodos una variedad de objetos: como bloques de cemento, rocas texturizadas, ladrillos Lego y laberintos de rompecabezas con golosinas en el interior, y los filmaron en su actividad de forrajeo.

A propósito de ello, los investigadores también aplicaron técnicas de seguimiento del comportamiento y de grabación neural con el fin de observar cómo transitaba la información a través del sistema nervioso de estos animales a medida que exploraban. De esta forma, podrían saber si este era en realidad centralizado, o si sus brazos podían en efecto tomar decisiones de manera independiente.

Los brazos de los pulpos son independientes del cerebro

Entonces descubrieron que en realidad su cerebro no tiene nada que hacer. Los pulpos reciben la información sensorial del ambiente, y las neuronas distribuidas a lo largo de su cuerpo la procesan para poder proceder con la respuesta.

Como señala Gire, esto significa que los ganglios deben tomar una enorme cantidad de pequeñas decisiones conforme el cefalópodo interactúa con su entorno:

“Estás viendo muchas pequeñas decisiones que toman estos ganglios distribuidos, solo con ver el movimiento del brazo, por lo que una de las primeras cosas que estamos haciendo es tratar de analizar cómo se ve realmente ese movimiento, desde una perspectiva computacional. Lo que estamos viendo, más que lo que se ha visto en el pasado, es cómo se integra la información sensorial en esta red mientras el animal toma decisiones complicadas”.

Ambos pulpos cuentan con unas 500 millones de neuronas, de las cuales cerca de 350 millones se ubican a lo largo de los brazos en forma de ganglios. Estos se encargan de cumplir su función típica, que es procesar la información sensorial a medida que se van recibiendo estímulos, y es por esta razón que los pulpos reaccionan rápidamente ante factores externos.

Así lo explicó Dominic Sivitilli, otro neurocientífico de la Universidad de Washington, resaltando como principal ventaja que aun cuando el cerebro no tenga mucha noción de la ubicación de los brazos en el espacio, estos sí están al tanto de dónde están sus similares y pueden coordinarse para llevar a cabo diferentes acciones, como el simple hecho de moverse:

“Los brazos del pulpo tienen un anillo neural que pasa por alto el cerebro, por lo que los brazos pueden enviarse información sin que el cerebro se dé cuenta de ello. Entonces, si bien el cerebro no está muy seguro de dónde están los brazos en el espacio, los brazos saben dónde están los otros y esto permite que los brazos se coordinen durante acciones como la locomoción al gatear”.

Los hallazgos corroboran los resultados obtenidos en estudios anteriores que encontraron que los brazos de los pulpos se alimentan sin necesidad de recibir órdenes del cerebro, sino que incluso pueden continuar respondiendo a estímulos incluso separados de este.

Referencias:

313-4 – Collective cognition in the arms of the octopus. https://agu.confex.com/agu/abscicon19/meetingapp.cgi/Paper/483036

Researchers model how octopus arms make decisions. https://news.agu.org/press-release/researchers-model-how-octopus-arms-make-decisions/