La naturaleza es, sin duda, algo maravilloso que desafía la obra del hombre para rehacer su vida. Hemos visto cómo en condiciones casi imposibles lo verde vuelve a renacer, incluso en condiciones tan extremas como las de Prípiat, la zona fantasma afectada por los altos niveles de radiación consecuencia del accidente nuclear de Chernóbil en 1986.

El 26 de abril de 1986, el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil explotó a la 1:23 de la madrugada dando pie a uno de los capítulos más oscuros de la historia de la Unión Soviética, causando un escenario de desolación por los desalojos de toda forma de vida en los alrededores de la planta. Sin embargo, contrario a lo que muchos piensan, la fauna volvió a habitar la zona y, casi de manera poética, la vegetación se alzó más verde que nunca, aun habiendo rastros de radiación. ¿Cómo es posible que, si tantas personas enfermaron y murieron de cáncer como consecuencia del accidente, la vegetación no?

Niveles de radiación de las Islas Marshall superan los de Chernóbil y Fukushima

Entendiendo cómo la radiación afecta a las células vivientes

La zona de exclusión de Chernóbil contiene altos niveles de radiacion, incluso tres décadas después del accidente.

A pesar de que el accidente de Chernóbil logró frenarse, es importante saber que el material radiactivo de la planta es inestable pues incluso tres décadas después de la explosión, aún sigue emitiendo partículas de alta energía que aniquilan las estructuras celulares o produce químicos reactivos que terminan por atacar a las células.

En el caso de los animales, el ADN se distorsiona una vez recibe altas dosis de radiación, provocando la muerte acelerada de las células. En casos de menor radiación, las células sufren mutaciones que pueden volverse cancerígenas o esparcirse por todo el cuerpo de manera incontrolable. Esto ocurre porque nuestro sistema celular es generalmente inflexible. Ahora, con las plantas ocurre algo muy diferente.

El sarcófago que recubre la planta nuclear de Chernóbil está al borde del colapso

Volviendo al tema de lo mágica que es la naturaleza, especialmente la vegetación, tal vez se deba a que su sistema celular es mucho más flexible, permitiendo que se desarrollen de manera más orgánica. Precisamente por estar plantadas en un lugar y sin poder ir a ninguna parte, no les queda de otra sino adaptarse. A diferencia de los animales, que tienen una estructura definida, las plantas van adaptándose a medida que van creciendo.

El mejor ejemplo de resiliencia

Equivocadamente, la gente suele pensar que la resiliencia tiene que ver con reparar un problema para volver al escenario anterior. Sin embargo, la resiliencia es en realidad la capacidad de adaptarse a pesar de las circunstancias para superar una situación en específica. Las plantas son el mejor ejemplo de ello gracias a su sistema celular tan flexible. Esto les permite desarrollarse en todos los climas sin perecer, por supuesto en condiciones que tienen que ver con el agua, luz, temperatura y nutrientes.

Un animal no puede crecer de una parte del cuerpo de otro animal, los únicos animales que pueden regenerarse celularmente son los lagartos cuya cola vuelve a crecer cuando la pierden, pero en sí no es una forma de vida, sino una extensión de la misma. Las plantas, en cambio, sí pueden generar vida de una oja, semilla o rama porque son capaces de generar las células necesarias para crecer.

Irónicamente, la zona más radiactiva del mundo es hoy una de las reservas naturales más grandes de toda Europa.

¿Y por qué a las plantas sí pueden tener cáncer, pero no metástasis? Si bien la radiación y otros daños genéticos pueden causar tumores en las plantas, estas mutaciones no suelen esparcirse por toda la planta, gracias a que las paredes que rodean a las células de las plantas son sumamente rígidas y fuertes.

Sorprendentemente lleno de vida

Aunque Prípiat quedó inhabitable por humanos para siempre, las plantas y animales que hoy hacen vida en la, irónicamente, una de las reservas naturales más grandes de toda Europa, son más fuertes que nunca. De acuerdo con Stuart Thompson de la Universidad de Westminster, la radiación sí tiene efectos sumamente dañinos en la vida de las plantas, e incluso podría acortar las vidas de la vegetación y la fauna.

No obstante, si el entorno tiene suficientes recursos para sostener la vida, entonces la vida puede florecer. De esta manera, a pesar del número de muertes y devastación que produjo el desastre de Chernóbil, resultó no ser tan destructivo para el ecosistema, dando muestras de que la naturaleza siempre prevalece a pesar de los errores humanos y le va mejor sin su presencia.

Referencia:

Why plants don’t die from cancer: https://theconversation.com/why-plants-dont-die-from-cancer-119184

Más en TekCrispy