Aunque se sabe que las bacterias viven en una variedad de lugares en el cuerpo humano, desde la superficie de la piel hasta los intestinos, generalmente se pensaba que la conjuntiva (membrana que recubre la superficie del ojo) estaba libre de ellas.

En la década de 1990, se recibieron informes sobre el aislamiento del ADN bacteriano de la superficie del ojo, aunque esto no probaba que las bacterias vivan allí de forma permanente. Ahora, los resultados de un reciente estudio ofrecen evidencia de que este es precisamente el caso.

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Descubrimiento fortuito

Un equipo internacional de científicos del Instituto Nacional de Ojos de Estados Unidos descubrió que en la superficie del ojo pueden vivir bacterias. Hasta ahora, se han encontrado en experimentos con ratones de laboratorio, pero los científicos no excluyen que existan bacterias similares en los ojos de los seres humanos, y que además, desempeñan un papel clave en la protección del ojo contra los patógenos.

Bacteria Corynebacterium mastitidis.

Para confirmar que ciertos microbios en realidad viven en los ojos, un equipo de investigadores frotó los ojos de los ratones y tomó muestras en placas de Petri para ver qué crecía.

La mayoría de los platos quedaron en blanco, pero uno se dejó accidentalmente durante una semana en una incubadora. Cuando los investigadores se dieron cuenta de su error y fueron a limpiar el plato olvidado, encontraron rayas finas de una bacteria de crecimiento lento, que según afirman, es la primera especie confirmada del microbioma ocular de ratón.

La especie fue identificada como Corynebacterium mastitidis (C.mast), una bacteria que se sabe que vive en la piel humana. Sin embargo, las bacterias parecían un poco extrañas: crecían en hilos delgados llamados filamentos, distintos de su forma de vara habitual.

Los investigadores encontraron que cuando se cultivaba C. mast con células inmunes de la conjuntiva, indujo la producción de interleucina (IL) -17, una proteína de señalización crítica para la defensa del huésped.

Respuesta inmune

Tras una investigación adicional, el equipo encontró que la IL-17 fue producida por las células T gamma delta, un tipo de célula inmune que se encuentra en los tejidos de la mucosa. La IL-17 atrajo a otras células inmunitarias llamadas neutrófilos, el tipo de glóbulo blanco más abundante, a la conjuntiva e indujo la liberación de proteínas antimicrobianas en las lágrimas.

Aunque la investigación examinó ojos de ratón, los científicos creen que los resultados son aplicables a otros mamíferos, incluyendo los humanos.

Al eliminar y estudiar la bacteria C. mastitidis residente de algunos ratones, los científicos demostraron que su presencia ayudó a defenderse de las infecciones oculares. Las lágrimas de ratones con C. mastitidis fueron más letales para las cepas patógenas de los hongos Candida albicans y las bacterias Pseudomonas, que las lágrimas de ratones carecían de las bacterias.

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Los autores del estudio indican que estos resultados establecen la prueba de concepto de un microbioma ocular central. En este sentido, es bien sabido que hay bacterias buenas en el intestino que modulan la respuesta inmune, y estos hallazgos muestran que esta relación existe en el ojo, lo que abre una potencial vía de investigación sobre el tratamiento de enfermedades oculares.

Actualmente se desconoce si los ojos humanos albergan comunidades similares de bacterias, pero los científicos dicen que es probable, por lo que se disponen a realizar nuevas investigaciones para confirmarlo.

Referencia: An Ocular Commensal Protects against Corneal Infection by Driving an Interleukin-17 Response from Mucosal γδ T Cells. Immunity, 2017 https://doi.org/10.1016/j.immuni.2017.06.014

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