A lo largo de la historia se han registrado una gran cantidad de atentados violentos y terroristas encabezados por grupos que aseguran defender ideales relacionados con Dios o la dignidad de una nación.

Los conflictos violentos están ampliamente vinculados a compromisos con ideales abstractos considerado como valores “agrados”, insensibles a los intercambios materiales.

Los miembros de estos grupos religiosos o políticos siguen siendo incomprendidos por la mayoría de las personas, apoyen o no apoyen su causa. Quizá por ello un equipo de académicos y formuladores de políticas decidió abordar una investigación para intentar entender el porqué de estos comportamientos.

Artis International llevó a cabo un estudio con fondos del Programa Minerva y la Oficina de Investigación Científica de la Fuerza Aérea del Departamento de Defensa de los Estados Unidos y  de la Fundación BIAL y fue publicado en la revista Royal Society Open Science.

El apego a valores sagrados genera conflictos

Cuando las personas se apegan a los valores sagrados, su raciocinio se ve afectado y ni los incentivos ni las medidas de represión llegan a tener en efecto en su firmeza para con su ideología.

Scott Atran, profesor adjunto de investigación en la Escuela Ford y el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan, define los valores sagrados como “preferencias no negociables inmunes a los intercambios materiales”.

Analizando conflictos de este tipo en Palestina-Israel, y en el frente de ISIS en Irak, se observó que cuando las personas se ensañan con estos valores sagrados, los incentivos materiales, como hacer algunos productos más económicos, así como los desincentivos, como las sanciones, dejan de tener efecto y se vuelven contraproducentes.

¿Qué ocurre en la mente de las personas apegadas a valores sagrados?

El reciente estudio se enfocó en entender lo que ocurre en la mente de las personas que aseguran estar dispuestas a morir por una causa basada en valores sagrados, tomando como muestra un asociado al grupo Al-Qaeda llamado Lashkar-et Taiba en Barcelona.

Los investigadores pasaron casi dos años comunicándose y ganándose la confianza de los miembros de la población inmigrante paquistaní en la ciudad. Una vez logrado, procedieron a realizar pruebas de comportamiento para determinar quienes apoyaban la idea de yihad, un esfuerzo que todo militante del Islam debe seguir para hacer cumplir la ley divina en la Tierra.

Se colocaron a algunos de estos individuos en un escáner, y se les preguntó sobre su voluntad de luchar por las causas islámicas tanto sagradas, como las caricaturas opuestas del Profeta Muhammad, como no sagradas, como la disponibilidad de comida halal, y se observó que el cerebro usaba diferentes redes para considerar causas diferentes.

Las áreas cerebrales que se inhibieron al pensar en las causas sagradas fueron denominadas deliberativas. En estas, se observó que las personas tomaban decisiones rápidas sobre luchar y morir, influenciadas por su sentido del deber y sin considerar las consecuencias, según afirmó Scott:

“Vimos áreas que fueron inhibidas, silenciosas, por causas sagradas. Estas fueron las áreas que llamamos deliberativas. Estos están involucrados en la evaluación de los pros y los contras. Con causas sagradas, cuando las personas deciden cuánto deben luchar y morir, están decidiendo mucho más rápido. No es una decisión racional, sino una respuesta rápida sujeta al deber, independientemente de los costos reales o las posibles consecuencias. Ellos están haciendo lo que creen”.

Una segunda dinámica consistió en hacer las mismas preguntas a otros participantes, pero comunicándoles las respuestas que habían dado los anteriores, las cuales fueron manipuladas para que parecieran menos radicales.

Las respuestas del nuevo grupo resultaron menos impulsivas,  y no fueron tan propensos a garantizar que pelearían y morirían por su causa sagrada. A pesar de ello, no dejaron de lado sus valores sagrados, simplemente cuestionaron la violencia como un medio de defensa.

¿Es posible reducir la radicalización?

Ni los incentivos ni las represalias tienen efecto en la reducción de la radicalización de algunos seguidores del Islam, sin embargo, es probable que esta se vea reducida si entre sus similares comienza a descartarse el uso de la violencia para luchar por sus creencias.

La investigación permitió comprobar que los ataques a los valores sagrados comúnmente implementados por los gobiernos con el fin de desalentar a las personas de involucrarse con ideologías extremistas, no generan los resultados esperados, pudiendo incluso ser contraproducentes.

Lo mismo ocurre con los intentos de persuasión con argumentos supuestamente razonables y racionales también fallan en el intento de alejar a las personas de estas tendencias. Esto a causa de que su razonamiento deliberativo, que debería permitirles meditar antes de tomar una decisión, está desactivado, como se observó en el escaneo cerebral.

Sin embargo, esta entrega a la violencia parece poder mitigarse por las percepciones entre grupos de amigos y familiares. Las personas pueden hacerse menos propensas a luchar y morir por sus valores sagrados cuando sus similares no parecen mostrarse adeptos a esta medida.

Referencias:

Brain scans offer clues to extremist violence. https://www.futurity.org/?p=2085702

Neuroimaging ‘will to fight’ for sacred values: an empirical case study with supporters of an Al Qaeda associate. https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rsos.181585

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