¿Recuerdas cuando de chico jugabas en la tierra? Nuestras madres más de una vez nos ordenaron que nos saliéramos de ahí, espantadas porque nos exponíamos a un montón de gérmenes. Sin embargo, tal parece que es ahí donde se encuentra la terapia para un mal que aqueja a gran parte de la población a nivel mundial.

Los suelos albergan un tipo de bacterias conocidas como saprófitas porque se alimentan de desechos como materia orgánica muerta o los detritos de otros animales, a partir de los cuales extraen los nutrientes que necesitan para subsistir.

Mycobacterium vaccae, una bacteria anti-estrés

Mycobacterium vaccae, una bacteria que se encuentra en el suelo y ha demostrado tener efectos inhibidores de ansiedad en animales.

Un ejemplo de bacterias saprófitas es Mycobacterium vaccae, una bacteria que no es patógena a pesar de pertenecer al mismo género de la que causa la tuberculosis, y que además de ello puede tener efectos positivos en el sistema inmunológico humano y sobre el estado de ánimo.

Su nombre proviene del latín vacca, ya que esta bacteria fue cultivada por primera vez en estiércol de vaca.

Desde hace varios años se empezó a investigar al respecto, pero ahora una publicación reciente ha revelado un gran paso en su confirmación. Se trata de un estudio realizado por Christopher Lowry, un neuroendocrinólogo y profesor de fisiología integradora de la Universidad de Colorado, quien lleva años investigando las propiedades de la bacteria sobre otros organismos.

La hipótesis de los “viejos amigos”

La hipótesis de los viejos amigos sugiere que la separación de los humanos de microorganismos útiles ha deteriorado su sistema inmune causando alergias y enfermedades autoinmunes.

Este trabajo va de la mano con la teoría de “higiene y los viejos amigos”, que asocia la aparición de alergias y enfermedades autoinmunes como el asma, la psoriasis, la artritis reumatoide y la enfermedad inflamatoria intestinal con la separación del ser humano de la naturaleza.

Esta afirma que los humanos evolucionaron de manera conjunta con una serie de microorganismos útiles, y que al perder esos lazos con la evolución del entorno, se desarrollaron dichas afecciones.

Esta hipótesis fue planteada por primera vez en 1989 por el científico británico David Strachan, para quien el “mundo moderno y estéril” estaba resultando en sistemas inmunes débiles y deteriorados.

Lowry parece estar de acuerdo:

“La idea es que a medida que los humanos se han alejado de las granjas y una existencia agrícola o de cazador-recolector en las ciudades, hemos perdido el contacto con organismos que sirven para regular nuestro sistema inmunológico y suprimir la inflamación inapropiada. Eso nos ha puesto en mayor riesgo de enfermedades inflamatorias y trastornos psiquiátricos relacionados con el estrés”.

Un ácido graso que inhibe la inflamación de las células

En su estudio anterior, Lowry inyectó ratones con una preparación de la  M. vaccae muerta por aplicación de calor y descubrió que esta evitó la aparición de reacciones de estrés en estos animales. Sin embargo, no se logró entender por medio de qué mecanismo actuaba esta bacteria.

El humo del cigarrillo hace a las bacterias resistentes a los antibióticos

Una de las preguntas candentes es, en esencia, ¿cuáles son los componentes críticos de las bacterias que parecen beneficiar al huésped?” Lowry le dijo al Denver Post .

Ahora en su nueva investigación, se aisló y sintetizó un ácido graso llamado ácido 10 (Z) –hexadecenoico, presente en la composición de M. vaccae, una forma de la bacteria que parece reducir la inflamación de las células en otros animales.

Esta grasa parece funcionar al unirse a los receptores llamados receptores activados por el proliferador de peroxisomas (PPAR), y a partir de ello logró inhibir las vías de inflamación en las células inmunes de los ratones del experimento.

“Parece que estas bacterias con las que coevolucionamos tienen un truco bajo la manga. Cuando son absorbidos por las células inmunitarias, liberan estos lípidos que se unen a este receptor y cierran la cascada inflamatoria”.

Una vacuna contra el estrés

Christopher Lowry, profesor asociado de fisiología integrada que investigó los efectos de Mycobacterium vaccae. Fuente: Glenn Asakawa – Universidad de Colorado.

Estos hallazgos sugieren que este tipo específico de lípido presente en la bacteria puede servir para desarrollar una “vacuna contra el estrés”. Con estas, los profesionales que trabajen en áreas con altos niveles de estrés podrían lidiar mejor con sus labores con menor riesgo de desarrollarlo.

Ahora es necesario comprobar que ocurre el mismo efecto terapéutico en humanos, y aunque como bien sabemos, el desarrollo y aprobación de vacunas toma un largo tiempo, Lowry parece mantenerse optimista al respecto.

Referencias:

Identification and characterization of a novel anti-inflammatory lipid isolated from Mycobacterium vaccae, a soil-derived bacterium with immunoregulatory and stress resilience properties. https://link.springer.com/article/10.1007%2Fs00213-019-05253-9

The Hygiene Hypothesis, Old Friends, and New Genes. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fimmu.2019.00388/full

CU Boulder researchers discover dirt molecule can ease stress. https://www.denverpost.com/2019/06/01/cu-boulder-dirt-molecule-stress/

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