Gracias a nuestros sentidos podemos percibir información sobre el mundo que nos rodea. Podemos escuchar voces de personas, el ladrido de los perros, el canto de los pájaros. Podemos disfrutar de la sensación de una mano sobre la nuestra y quejarnos cuando nos quemamos. Podemos deleitar nuestro paladar con los experimentos culinarios de otros, e incluso percibir su aroma antes de probarlos. Podemos apreciar la belleza de nuestro mundo.

Nuestra vida transcurre recibiendo estímulos continuamente, los cuales son procesados por nuestro sistema nervioso y cerebro para que respondamos. Gracias a ello, podemos evitar tocar el agua cuando está muy caliente, taparnos la nariz cuando pasamos por el basurero y cruzar la calle cuando el semáforo está en rojo.

Como bien sabemos, no todas las personas cuentan con todos los sentidos. Pero esto no necesariamente implique un problema, puesto que la experiencia sensorial no siempre es requerida.

Tenemos el caso de las personas que nacen ciegas, que a pesar de ello logran tener un amplio conocimiento de su entorno, y de hecho, un nuevo estudio ha confirmado que estos tienen “ideas visuales” muy acertadas de animales que nunca han visto, como hipopótamos y tiburones.

Judy Kim, una candidata a doctorado en la Universidad Johns Hopkins y autora de esta publicación reciente, considera que la “experiencia en primera persona no es la única manera de desarrollar una comprensión profunda del mundo que nos rodea“. Es por ello que ha orientado su trabajo a indagar sobre cómo sabemos lo que sabemos.

¿Podemos saber sobre lo que no vemos?

Varios estudios aseguran que las personas con discapacidad visual desde su nacimiento tienen conocimiento sobre la luz y los colores, pero no está muy claro cómo lo perciben.

La investigación ubicó un total de 20 adultos con discapacidad visual y 20 videntes a los que se les presentaron nombres de animales. Se les pidió que los ordenaran por orden de tamaño y altura (de menor a mayor en ambos casos), así como que los clasificaran en grupos según la forma, la textura de la piel y el color.

Se encontró que tanto los participantes ciegos como los videntes lograron organizar los animales de manera similar. Por ejemplo, ambos grupos estimaron que los delfines tienen una forma similar a los tiburones y los perezosos tienen una textura similar a los osos grizzlies. Además, 15 de los 20 ciegos y 19 de los 20 videntes consideraron que los elefantes son de mayor tamaño que los rinocerontes.

“Cuando las clasificaciones se promediaron entre los participantes dentro de cada grupo, los ordenamientos resultantes fueron casi idénticos en todos los grupos, y un subconjunto de participantes ciegos mostró una gran concordancia con los videntes”.

Pero también se encontraron diferencias significativas entre los grupos.

Los videntes no tuvieron problema a la hora de clasificar a los animales según color, creando grupos de blanco, negro, rosado, marrón y grises y ubicándolos en estos según los colores primarios. Sin embargo, cuando les tocó clasificarlos por formas, usaron muchas palabras y no se ponían de acuerdo entre sí.

¿Por qué a veces no vemos lo que tenemos a la vista?

Con los participantes ciegos ocurrió lo contrario. Tuvieron dificultades para clasificar a los animales según su color y no formaron grupos de colores consistentes para ello, pero a la hora de hacerlo según la forma sí lograron crear grupos de formas similares.

Al analizar esto, los investigadores encontraron que las personas que sufren de ceguera usaban clasificaciones biológicas para agrupar a los animales según su forma, de manera similar a como lo hacen los científicos. De esta forma, podían agrupar a las aves por la textura característica de sus plumas y la forma de sus alas, que suele mantenerse.

Sin embargo, esta técnica no funcionó tan bien cuando les tocó clasificar por color, puesto que animales de colores similares pueden diferir drásticamente en su forma, como los cisnes, las ovejas y los osos polares, que son todos blancos.

Las personas ciegas usan la inferencia

Las personas con discapacidad visual usan la inferencia para clasificar a los animales a partir de la información que han recibido sobre su hábitat y taxonomía.

Otras investigaciones previas han demostrado que las personas ciegas están conscientes de la existencia de luz y color, sin embargo, aún se sabe muy poco sobre cómo aprenden sobre ello. Pero este estudio particular ha demostrados que muchas de ellas desarrollan ideas muy precisas sobre la apariencia de la cosas por la inferencia.

La inferencia es un proceso que permite desarrollar conclusiones partiendo de premisas. Por ejemplo, las aves tienen plumas y alas, las alas son alargadas; si determinado animal tiene estas características debe ser un ave y debe tener tal forma.

Marina Bedny, una profesora asistente de psicología y ciencias del cerebro y coautora del estudio, resalta la idea aparentemente obvia de que los ciegos aprenden de las descripciones verbales que hacen las personas videntes del entorno.

“A veces se asume que los sentidos y la experiencia directa son la mejor manera de aprender sobre el mundo. Lo que muestran los hallazgos es que la comunicación lingüística puede darnos un conocimiento rico y preciso, incluso el conocimiento que a primera vista parece ‘visual’”.

Los resultados sugieren que las personas ciegas utilizan la taxonomía popular y otros datos sobre los animales, como su hábitat, para inferir sobre cómo lucen estos. Este método funciona mejor para la forma y la textura, aunque no para el color porque este está menos relacionado con ello.

Referencias:

Knowledge of animal appearance among sighted and blind adults. https://www.pnas.org/content/116/23/11213

How do blind people learn what animals look like? https://www.futurity.org/vision-impairment-learning-animals-2069772/

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