Las observaciones hechas con el telescopio Hubble nos muestran que las colisiones entre galaxias son relativamente frecuentes. Hay buenas razones para creer que las fusiones que suelen acompañar estos eventos han permitido el crecimiento de galaxias que nacieron en los primeros cientos de millones de años después del Big Bang.

Nuestra Vía Láctea debe ser el producto de estas fusiones, y debe guardar las huellas de estos encuentros con otras galaxias en las características de su disco de estrellas y gases. Acorde con esta idea, los resultados de una reciente investigación sugieren que hace menos de mil millones de años, la Vía Láctea colisionó con una galaxia enana recientemente descubierta llamada Antlia 2.

Buscando al “culpable”

La investigación respalda una predicción que hizo hace una década acerca de cómo la Vía Láctea obtuvo el patrón único de “ondulación” que distingue su disco exterior. Si se confirma, el descubrimiento haría de Antlia 2 un laboratorio natural ideal para investigar la esquiva sustancia conocida como materia oscura.

La Vía Láctea preserva las huellas de encuentros con otras galaxias en las características de su disco de estrellas y gases.

En 2006, los investigadores revelaron que la Vía Láctea tiene un extraño conjunto de ondulaciones que se filtran a través de su disco de gas exterior. En 2009, un estudio que analizaba estas ondas, mostró que una colisión entre una galaxia enana dominada por la materia oscura y la Vía Láctea podría explicar cómo se formaron estas ondulaciones.

Inicialmente se pensó en las Nubes de Magallanes y la Galaxia Enana de Sagitario, pero la primera se encuentra demasiado lejos y la segunda tiene muy poco peso para explicar las huellas que quedaron en nuestra galaxia. Esto llevó a los investigadores a predecir que otra galaxia enana, una que no había sido encontrada en ese momento, era la responsable del ataque galáctico.

Influencia gravitatoria

No fue sino hasta 2018 que los investigadores, utilizando la segunda versión de datos del satélite Gaia, descubrieron una galaxia enana débil, desconocida hasta entonces, que orbita cerca de las afueras de la Vía Láctea: Antlia 2, una misteriosa galaxia que se encuentra a unos 400.000 años luz de distancia, tan ancha como la Gran Nube de Magallanes y básicamente invisible. De hecho, actualmente es la galaxia con el brillo de superficie más bajo conocido.

La Gran Nube de Magallanes (izquierda), la Vía Láctea (centro) y la muy difusa Antlia 2 (derecha).

Los investigadores se propusieron ver si esta galaxia recién descubierta podría ser realmente la galaxia predicha hace una década. Para probarlo, basándose en su movimiento y ubicación, el equipo calculó la trayectoria pasada de Antlia 2, y encontraron que la oscura galaxia, de hecho, pudo haber colisionado con la Vía Láctea en un pasado no muy lejano.

Esta observación apoya la hipótesis de que la influencia gravitatoria de Antlia 2 sería la responsable de las ondulaciones en la distribución del gas de hidrógeno atómico de la parte exterior del disco de la Vía Láctea.

Finalmente, explican los investigadores, las características de la galaxia enana y su efecto sobre la Vía Láctea son una función de los modelos de materia oscura utilizados y, por lo tanto, podrían servir como un laboratorio natural para probar estos modelos.

Referencia: Antlia2’s role in driving the ripples in the outer gas disk of the Galaxy. arXiv, 2019. https://arxiv.org/abs/1906.04203v1