El estrés se correlaciona con un 75 a 90 por ciento de las visitas médicas.

Cuando se desarrollan dispositivos, procedimientos o tratamientos médicos que no son mejores que los ya existentes, se considera que hay una “reversión médica”. El término ha sido acuñado por Vinay Prasad, un hematólogo-oncólogo de Oregon Health & Universidad de Ciencias (OHSU).

Muchas de estas prácticas son adoptadas por médicos aun cuando haya muy poca evidencia de su efectividad, y estas, sin lugar a dudas, pueden generar barreras que impiden brindar una atención médica más eficiente y económica.

Muchos colegas podrían no estar de acuerdo con la implementación de determinado tratamiento o equipo, sin embargo, demostrar esto puede ser tan difícil como demostrar que sí funcionan. De hecho, rara vez se hace.

Pero un grupo de especialistas decidió abordar la tarea demostró que casi 400 tratamientos, dispositivos y procedimientos son ineficaces.

La investigación se basó en más de 15 años de ensayos controlados aleatorios, los cuales tienen como fin reducir el sesgo al probar nuevos tratamientos. Utilizando como referencia 3,000 artículos de tres revistas médicas líderes del Reino Unido y los EE. UU., los autores de este estudio encontraron un total de 396 prácticas erradas.

Se encontraron reveses en todas las disciplinas médicas, aunque la más citada fue la de enfermedades cardiovasculares, que representó el 20 por ciento de los hallazgos. A este le siguieron la medicina preventiva y los cuidados intensivos.

También se observó que el 33 por ciento de los errores correspondían con medicación, seguidos por los procedimientos con un 20 por ciento y las vitaminas y suplementos en tercer lugar con 13 por ciento.

Aplicación generalizada de medicamentos antiarrítmicos

Se pensaba que la muerte súbita cardíaca provenía de un ritmo cardíaco irregular, por lo cual se generalizó el suministro de fármacos antiarrítmicos. Luego se comprobó que los efectos eran peores que el placebo.

A finales del siglo XX se consideró que la muerte súbita cardíaca era un “problema mundial de salud pública”, y que la mayoría de los casos provenían de un ritmo cardíaco irregular. Fue a raíz de ello que se generalizó el suministro de fármacos antiarrítmicos.

En un artículo de 2011, Prasad y un colega informaron que:

“A fines de la década de 1980, se llevó a cabo el Ensayo de Supresión Anti-arritmia Cardíaca (CAST) para evaluar la seguridad de lo que era habitual. Curiosamente, el reclutamiento para el ensayo fue obstaculizado por los médicos que se negaron a permitir que los pacientes se sometieran a la asignación al azar con un 50 por ciento de posibilidades de no recibir estos medicamentos”.

Aun cuando muchos especialistas se negaron a permitir que los pacientes se sometieran a no recibir los medicamentos antiarrítmicos, al final del estudio se encontró que estos resultaban incluso más mortales que un placebo.

Tal como señala Prasad, “una vez que se establece una práctica ineficaz, puede ser difícil convencer a los practicantes para que abandonen su uso”.

Muchos adultos mayores no están preparados para una situación de emergencia

Las prácticas y equipos médicos errados son pérdida de dinero

Por supuesto, no todos los hallazgos de esta investigación corresponden a casos mortales como el citado anteriormente. Sin embargo, es un hecho que representan una pérdida de dinero para el sector de salud.

Así lo confirmaron investigaciones anteriores realizadas en los Estados Unidos, que pronosticaron que en la población de Medicare, un programa de seguro médico, de 2008 a 2009, el servicio cuesta entre US$ 1.9 y US$ 8.5 mil millones.

“En países como los EE. UU., donde hubo un aumento del 20 por ciento en el gasto entre 2013 y 2015, y los precios de los medicamentos solo superaron el aumento en el gasto agregado en atención de salud, la identificación y el desuso de medicamentos costosos e ineficaces (o posiblemente dañinos) y las prácticas son especialmente importantes”.

Un claro ejemplo de que las reversiones médicas generan pérdidas financieras es el Avastin, un medicamento para el cáncer de mama metastásico, aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés) en el 2008. Cada paciente pagó US$ 88,000 por año, hasta que la agencia canceló su aprobación en el 2011, luego de confirmar que este no aumentó la supervivencia de los pacientes.

Avastin es el nombre comercial de Bevacizumab, un medicamento que se utilizó como terapia para pacientes con cáncer de mama metastásico desde 2008. En 2011 se comprobó que no tuvo influencia en la mortalidad de los pacientes.

Es por ello que los autores solicitan a la FDA y otras agencias del sector salud consultar investigaciones clínicas independientes, gubernamentales y sin conflictos para la aprobación de futuras prácticas.

“La mayoría de los estudios de reversión que encontramos fueron financiados por esas fuentes (63.9 por ciento), con una minoría financiada únicamente por la industria (9.1 por ciento). Por el contrario, la investigación financiada por la industria representó entre el 35 y el 49 por ciento de los ensayos registrados en ClinicalTrials.gov durante los años 2006 a 2014”.

Es necesario llevar a cabo pruebas rigurosas a los nuevos tratamientos que vayan surgiendo antes de que su aplicación sea adoptada por la comunidad. De esta forma, podrían evitarse revocaciones como las registradas por Prasad y sus colegas en su estudio, se evitarían gastos en técnicas inútiles, y más importante aún, se evitan daños innecesarios a los pacientes. De otro modo, la población empezará a desconfiar del sistema médico.

Referencias:

Meta-Research: A comprehensive review of randomized clinical trials in three medical journals reveals 396 medical reversals. https://elifesciences.org/articles/45183

Medical Reversal: Why We Must Raise the Bar Before Adopting New Technologies. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3238324/#R14

Almost 400 medical practices found ineffective in analysis of 3,000 studies. https://www.eurekalert.org/pub_releases/2019-06/e-a4m061119.php

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