En términos generales, cuanto más grande es el cerebro en relación con el tamaño del cuerpo, más inteligente es el organismo vivo. Sin embargo, esta ventaja tiene un precio: mantener un cerebro más grande requiere más energía, la cual se obtiene inicialmente de la leche materna, y luego de alimentos.

Para una madre sola es difícil proporcionar lo suficiente para sus crías, especialmente cuando se trata de una camada grande, por lo que requieren de ayuda adicional.

Los padres son más confiables

Anteriormente, se consideraba irrelevante si era el padre o si eran otros miembros del grupo los que ayudaban a la madre a cuidar a sus hijos. Pero un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Zurich, demostró que sí importa quién ayuda a la madre.

La investigación demuestra que contar con un suministro de energía estable y confiable ha permitido la evolución de cerebros de gran tamaño.

En su estudio, los investigadores compararon el tamaño del cerebro y el alcance y la frecuencia de la atención paterna y aloparental (padres no directos) en 480 especies de mamíferos.

La doctora Sandra A. Heldstab, catedrática en el Departamento de Antropología de la Universidad de Zurich, y coautora del estudio, se refirió a los resultados comentando:

“Los padres ayudan de manera consistente y confiable con la crianza de los hijos, mientras que la ayuda de otros miembros del grupo, como los hermanos mayores, por ejemplo, es mucho menos confiable”.

Además, la calidad de la ayuda paterna suele ser superior a la ayuda proporcionada por otros miembros del grupo, que frecuentemente son jóvenes e inexpertos.

Asistencia paterna confiable

Si la asistencia que recibe la hembra para sustentar a sus crías es inconsistente, la evolución toma un camino alternativo. En las especies de mamíferos donde los machos no brindan apoyo, como los leones y los lémures rojos, las madres producen camadas más grandes, con crías de cerebro más pequeño. Si ella recibe suficiente ayuda, todos sobreviven, y si no es así, algunos (o muchos) morirán.

Para que una madre sola pueda satisfacer los requerimientos energéticos que demanda el sustento de sus crías requiere de ayuda adicional, y el padre es la mejor opción.

En términos evolutivos, esta estrategia garantiza que incluso con poca ayuda, algunos de los pequeños sobrevivan, y que la madre no invierta innecesariamente energía en una descendencia de cerebro grande que morirá en ausencia de ayudantes confiables.

Por lo tanto, la investigación demuestra que contar con un suministro de energía estable y confiable, por ejemplo a través de la ayuda paterna, es lo que ha permitido la evolución de cerebros de gran tamaño.

Paradójicamente, esta regla no aplica para los humanos. Los investigadores explican que en nuestro caso, la asistencia paterna en la crianza de los niños es muy confiable, pero también lo es la ayuda que se pueda recibir de otros parientes y no parientes. Esta condición es lo que nos ha permitido desarrollar el cerebro más grande, en relación al tamaño del cuerpo, de todo el reino animal.

Referencia: Allomaternal care, brains and fertility in mammals: who cares matters. Behavioral Ecology and Sociobiology, 2019. https://doi.org/10.1007/s00265-019-2684-x