Dormir mal se ha asociado con una infinidad de problemas de salud que van más allá el ámbito psicológico.

Cuando dormimos mal, se alteran los niveles de cortisol en nuestro organismo lo cual nos genera estrés, y también afecta nuestra alimentación al punto de desajustar nuestros horarios y estimular atracones que pueden desequilibrarnos y llevarnos a la obesidad. Todo ello afecta nuestro estado de ánimo a largo plazo, llevando incluso a problemas de depresión.

Hasta el momento, muchas investigaciones han vinculado la deficiencia del sueño con problemas de salud cardiovascular, pero hasta el momento no se ha descubierto la forma en que esta los ocasiona.

Pero ahora un nuevo estudio ha asociado una noche de mal sueño al aumento de la presión arterial, que a su vez aumenta el riesgo de sufrir un ataque cardíaco, accidente cerebrovascular e incluso la muerte a causa de estas.

Monitorearon la presión arterial y las horas de sueño

Durante dos días se midió la presión arterial de los participantes por intervalos de 45 minutos.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Arizona evaluaron a 300 hombres y mujeres cuyas edades van de 21 y 70 años, sin antecedentes de problemas cardíacos, inscritos en el Estudio del Corazón del Norte de Texas.

Cada uno de los participantes usó manguitos portátiles para la presión arterial durante dos días consecutivos. Con estos dispositivos podría medirse la presión arterial de los participantes al azar durante intervalos de 45 minutos a lo largo de cada día y noche.

Durante la noche, los participantes usaban monitores de actigrafía para monitorear la cantidad de tiempo que esto pasaban en la cama durmiendo profundamente. Estos son dispositivos similares a un reloj de pulsera que miden el movimiento.

Aquellas personas con sueño deficiente presentaron un aumento de la presión arterial durante esa noche. Además, al día siguiente mostraron una presión arterial sistólica más alta, el número más alto en la lectura de la presión arterial de un paciente.

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Tal como señala el estudio:

“Una menor duración y eficiencia del sueño se asocian con una mayor presión arterial sistólica diurna y una mayor presión arterial nocturna cuando se evalúan por separado. Cuando se evalúan juntos, la duración y la eficiencia del sueño divergen en sus asociaciones con la presión arterial en diferentes momentos del día”.

Caroline Doyle, estudiante graduada en el departamento de psicología de la Universidad de Arizona y autora principal del artículo en Psychosomatic Medicine, se refiere a la presión arterial como “uno de los mejores factores predictivos de la salud cardiovascular”.

“Hay mucha literatura que muestra que el sueño tiene algún tipo de impacto en la mortalidad y en las enfermedades cardiovasculares, que es la principal causa de muerte entre las personas en el país. Queríamos ver si podíamos tratar de obtener una parte de esa historia: cómo el sueño podría afectar la enfermedad a través de la presión arterial”.

Ahora es necesario descubrir bajo qué mecanismo la falta de un sueño de calidad aumenta la presión arterial de las personas, y más aún, los efectos que podría tener esta premisa sobre la salud de personas con problemas severos para dormir.

Al mismo tiempo, tenemos una nueva razón para velar por descansar lo suficiente durante las noches y más allá de eso, tener un sueño de calidad.

Referencias:

Associations Between Objective Sleep and Ambulatory Blood Pressure in a Community Sample https://journals.lww.com/psychosomaticmedicine/Abstract/publishahead/Associations_Between_Objective_Sleep_and.98628.aspx

Sleepless Nights Linked to High Blood Pressure. https://uanews.arizona.edu/story/sleepless-nights-linked-high-blood-pressure

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