El sexo de un organismo se define e identifica por la forma en que está organizado para la reproducción sexual. Contrariamente a lo que algunos activistas afirman, el sexo no se “asigna” al nacer, y es por eso que no se puede “reasignar”.

El sexo es una cuestión corporal, una realidad que puede ser reconocida mucho antes del nacimiento con imágenes de ultrasonido. La distinción conceptual entre hombre y mujer basada en la organización reproductiva, proporciona la única forma coherente de clasificar los dos sexos.

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Esto no debería ser controvertido. El sexo se entiende de esta manera en las especies que se reproducen sexualmente. A nadie le resulta particularmente difícil, y mucho menos polémico, identificar a los miembros masculinos y femeninos de la especie bovina o la especie canina. Es solo recientemente, y exclusivo de la especie humana, que el concepto mismo de sexo se ha vuelto controversial.

Un camino desafiante

La cirugía estética y la administración de hormonas sexuales no pueden convertirnos en el sexo opuesto. Pueden afectar las apariencias, atrofiar o dañar algunas expresiones externas de nuestra organización reproductiva, pero no pueden transformarlo.

Una variedad de estudios revelan que las personas transgénero sufren más patologías psiquiátricas en comparación con la población general.

Desde una perspectiva meramente científica, los hombres transgénero no son hombres biológicos y las mujeres transgénero no son mujeres biológicas. Las afirmaciones de lo contrario simplemente no están respaldadas por evidencia científica.

Tristemente, además de que la “reasignación de sexo” no logra reasignar el sexo biológicamente, también falla en la integridad social y psicológica del individuo que recurre a esas instancias. La evidencia médica sugiere que estos procedimientos no abordan adecuadamente las dificultades psicosociales que enfrentan las personas que se identifican como transgénero.

Cuando los procedimientos son exitosos desde el punto de vista técnico y estético, e incluso en culturas que son relativamente “trans-amigables”, los transicionistas aún enfrentan malos resultados.

Al respecto, el doctor Paul McHugh, profesor de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, explica:

“Los hombres transgénero no se convierten en mujeres, ni las mujeres transgénero se convierten en hombres. Todos se convierten en hombres feminizados o mujeres masculinizadas, falsificaciones o imitadores del sexo con el que se ‘identifican’. En eso reside su problemático futuro”.

Una variedad de estudios revelan que las personas transgénero sufren más patologías psiquiátricas en comparación con la población general. Más del 50 por ciento acusa pensamientos suicidas activos, y el 45 por ciento reporta al menos un episodio depresivo mayor.

Respuesta adecuada

La experiencia de muchos individuos confundidos con el género es que los profesionales de la medicina son rápidos para llegar a un diagnóstico de disforia de género, y recomiendan la terapia de hormonas y la cirugía de reasignación irreversible, sin investigar y tratar los problemas de coexistencia.

La ciencia moderna muestra que nuestra organización sexual comienza con nuestro ADN y desarrollo en el útero, y que las diferencias sexuales se manifiestan en muchos sistemas y órganos corporales, incluso hasta el nivel molecular.

La investigación ha encontrado que problemas psicológicos, como el trastorno de ansiedad, el trastorno por estrés postraumático o la dependencia del alcohol o las drogas, suele acompañar a la disforia de género.

Si un hombre tiene un sentido interno de que es una mujer, o el caso inverso, ¿es eso solo una variedad del funcionamiento humano normal o es una psicopatología?, y en última instancia, ¿cuál sería la mejor manera de ayudar a las personas con disforia de género a manejar sus síntomas?

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Para algunos, se debe aceptar su insistencia de que son del sexo opuesto y se debe apoyar una transición quirúrgica, mientras que otros sugieren que se les debe alentar a reconocer que sus sentimientos están fuera de línea con la realidad y que deben aprender cómo identificarse con sus cuerpos.

Resolver los debates sobre la respuesta adecuada a la disforia de género demanda más que evidencia científica y médica, requiere análisis filosóficos y juicios de cosmovisión sobre cómo se ve el “funcionamiento humano normal”.

Referencias:

Hormone and genetic study in male to female transsexual patients. Journal of Endocrinological Investigation, 2013. https://doi.org/10.3275/8813

Characteristics of Referrals for Gender Dysphoria Over a 13-Year Period. The Journal of Adolescent Health, 2016. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2015.11.010

Dissociative disorders and traumatic childhood experiences in transsexuals. The Journal of Nervous and Mental Disease, 2003. https://doi.org/10.1097/01.NMD.0000054932.22929.5D

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