El tabaco es uno de los productos más nocivos para la salud y hoy en día es preocupante que, con toda la información que está disponible al alcance de todos, aún existan tantas personas adictas a este estimulante.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos 6 millones de personas mueren al año por el consumo excesivo de tabaco, y, de continuar con esta tendencia, es posible que para el 2030 esta cifra aumente a 8 millones. La popularización de este producto ha traído consecuencias negativas que son demasiado alarmantes como para pasarlas por alto.

Pero, ¿cómo es que algo tan dañino llegó a ser tan popular? Pues para responder esa pregunta, debemos remontarnos a la historia.

Incluso antes de Cristóbal Colón

La planta del tabaco, llamada ‘Nicotiana tabacum’ se extendió por todo el Caribe unos 2500 o 3000 años antes de Cristo, por lo que las poblaciones indígenas que se establecieron en estas tierras ya tenían cierta relación con esta hoja antes de que llegaran los colonizadores.

Para la época de la conquista europea, los indígenas consumían este estimulante con mucha frecuencia, cosa que llamó demasiado la atención de estos extranjeros. Cuando decidieron probarlo, el efecto que les produjo les pareció increíblemente curioso. Poco tiempo después, cuando Colón relató lo que vio, describió que los indígenas recibían “con el resuello para adentro aquel humo, con el cual se adormecen las carnes y cuasi emborracha, y así dizque no sienten el cansancio”. Al descubrir tan “maravillosa planta”, los colonizadores comenzaron a comercializarlo en sus viajes a Europa, y así el tabaco comenzó a extenderse por el mundo.

Unos doscientos años más tarde, el término “cigarrillo” ya se había popularizado y el mundo estaba repleto de él. El hábito de fumar era tan común que lo incluían en los cuadros, tal como lo hizo Francisco de Goya en su obra ‘La cometa’ (1778).

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Para el año 1830, en España ya se había creado el “papel español para cigarrillos”, el cual era aromatizado con alcohol e incluso estampado con colores, de forma que fuera más atractivo para el público y las mujeres eran quienes consumían más el producto. Sin embargo, el auge real se produjo en 1880 cuando James Albert Bonsack inventó una máquina de vapor que podía liar (es decir, “envolver”) millones de cigarrillos.

La llegada del filtro

Casi una década después, en 1957, Ramón Galindo propuso que el filtro, que normalmente iba separado de los cigarrillos, fuera incluído como parte del producto. Esto sin saber lo letal que sería, puesto que este nuevo elemento es uno de los causantes de un tipo de cáncer llamado adenocarcinoma.

Pero la situación, que ya era preocupante, terminó de empeorar cuando la marca Marlboro realizó una campaña para masculinizar a los cigarrillos con filtro, al incluir a un personaje que ha sido un ícono en la publicidad que logró hacer a tabaco un fenómeno mundial: el vaquero.

Hoy en día la cantidad de personas afectadas va cada vez en aumento. Incluso las personas que no fuman también sufren de las consecuencias de estar expuestos al humo del tabaco.

Los seres humanos son autodestructivos y es así como, a pesar de conocer los efectos de este estimulante, lo siguen consumiendo. Es por esto que es importante que la información acerca de los daños que produce el cigarrillo se continúe difundiendo, para que algún día la sociedad realmente escuche y seamos cada vez más sanos.

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