La interacción con nuestros familiares y amigos es necesaria para sentir que pertenecemos y que contamos con otros.

La vida de los seres humanos supone la toma de decisiones constante. Decidir qué comer, si hacer una diligencia en determinado día, si conviene hacerla a la hora del almuerzo, o trabajar en la hora del almuerzo para salir más temprano, etc.

Para algunas personas, esto puede resultar una tarea muy difícil, mientras que para otras parezca muy sencillo. Sin embargo, puede que el proceso se vuelva más complicado cuando la decisión implica a alguien más, y esto dependerá en gran medida de las personalidades involucradas.

Seguramente has pasado por esta situación: quieres salir con un amigo o amiga, pero no logran ponerse de acuerdo sobre el lugar al que irán. Esto probablemente se deba a que ambos intentan imponer sus preferencias, o bien, ambos son demasiado amables para imponerlas.

Sin embargo, el resultado muchas veces no resulta ser el esperado. Escogen un lugar para comer que no les gustó a ninguno, que seguramente se encontraba muy abajo en la lista de opciones, pero que terminaron escogiendo ambos luego de una ardua negociación.

Más allá de gustos diferentes, la toma de decisiones conjuntas será más o menos difícil dependiendo de los caracteres involucrados.

Un grupo de investigadores del Boston College, el Georgia Tech y la Washington State University, se interesaron por este tema y enfocaron una investigación en descubrir por qué este tipo de decisiones resultan tan complicadas.

Una investigación sobre la toma de decisiones conjunta

Cuando dos personas con actitudes similares, ya sean egoístas o desinteresadas, se juntan, toman decisiones que no agradan a ninguna de las partes.

Los investigadores manejaban la hipótesis de que se obtendrían mejores resultados si una de las personas fuera egoísta y otra fuera desinteresada. Esta puede parecer bastante extraña, considerando el hecho de que el ser humano tiende a ubicarse como prioridad en muchas situaciones.

Hristina Nikolova, profesora asistente de mercadotecnia en la escuela de administración del Boston College, basó su estudio bajo la teoría de que:

“En la toma de decisiones conjunta de un consumidor altruista y egoísta, el socio egoísta expresaría de buena gana su preferencia deseada, mientras que el socio altruista probablemente acepte estas sugerencias. Dado que las preferencias de los consumidores son más similares de lo que reconocen, es probable que una persona altruista obtenga una opción que prefiere, incluso cuando un socio egoísta toma la decisión. Por lo tanto, independientemente de quién tome la decisión, es probable que ambos socios alcancen una decisión conjunta, la cual es relativamente preferida por ambos”.

El estudio reunió a 151 participantes que respondieron un cuestionario para medir su nivel de egoísmo. Luego, miraron algunos videos de programa estadounidense Saturday Night Live, de los cuales escogieron sus preferidos.

La última dinámica consistió en que los participantes se emparejaran al azar y decidieran qué video de Saturday Night Live verían juntos.

Los resultados confirmaron la hipótesis planteada anteriormente. Cuando una persona egoísta se emparejaba con otra similar, había menos probabilidades de que estos llegaran a una decisión satisfactoria. Es decir, ambos terminaban un episodio de Saturday Night Live que no los entretenía.

En cambio, cuando alguien se emparejaba con un compañero que resultaba desinteresado, mientras más egoísta era el primero, mayor probabilidad había de que terminaran viendo un video que les gustó a ambos.

Los investigadores realizaron un segundo estudio en el que midieron el tiempo de negociación.

Nuevamente, su hipótesis fue apoyada por los resultados. Las personas que tenían actitudes similares, ya sea egoísmo o desinterés, negociaban más sobre las cosas que aquellos que tenían actitudes opuestas, es decir, una egoísta y otra desinteresada.

De hecho, cuando la pareja estaba conformada por dos personas egoístas, una intentaba contrarrestar a la otra incluso aunque les gustara lo mismo.

Nikolova concluyó que:

“En el contexto de las elecciones conjuntas, encontramos que dos cabezas egoístas tienen peor desempeño que una cabeza altruista y una egoísta; dos consumidores egoístas eligen conjuntamente las opciones que ninguno de ellos prefiere. Esto sucede porque es probable que ambos socios sean rígidamente egoístas”.

Algo similar ocurre en las discusiones sobre política y religión, por ejemplo, que muchas veces terminan en disgustos entre los participantes incluso cuando manejan puntos de vista similares.

Es mejor que uno de los dos ceda

Cuando uno de los dos es interesado, y el otro egoísta, los resultados son más gratificantes para ambos.

Cuando dos personas egoístas negocian, intentarán imponer su punto de vista sobre el del otro, y es probable que terminen tomando una decisión con la que en realidad ninguno está de acuerdo.

De igual forma, cuando se juntan dos personas desinteresadas, los resultados son similares. En este caso, ambos son demasiado amables o piensan demasiado en el otro para permitir que sus preferencias se impongan. De modo que una vez más, la negociación se extenderá y terminarán tomando una decisión que no agrada a ninguno.

Nikolova sugiere que en estos casos es necesario que uno de los dos ceda, puesto que esto garantiza mejores resultados:

“Cuando ves que tu compañero está actuando de manera egoísta, es mejor dejarlo ir y actuar de manera altruista; deja que ellos tomen la decisión porque esto en última instancia te garantizará un mejor resultado que si actúas de manera egoísta”.

Y aunque en cierta forma suena injusto, existe la posibilidad de que el egoísta escoja una opción de calidad y que el desinteresado, por no importarle tanto imponerse, resulte satisfecho con ella.

Esto prueba que muchas veces estos conflictos no provienen directamente de gustos tan diferentes, sino a la actitud de las personas involucradas.

Referencias:

Ceding and Succeeding: How the Altruistic Can Benefit from the Selfish in Joint Decisions. Lowe, 2019. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1002/jcpy.1108