Durante miles de años, la humanidad ha estado encantada por la belleza de los diamantes. Estas piedras preciosas, frecuentemente descritas como “fragmentos de estrellas” o “lágrimas de los dioses”, personifican un signo de riqueza, glamour y, sobre todo, extravagancia.

Por su exquisita belleza, “fuego” interior y cualidades físicas únicas, los diamantes se valoran por encima de todas las demás gemas. A pesar de la milenaria fascinación por estas piedras preciosas, aun no se cuenta con un entendimiento pleno de cómo se forman.

Orígenes oceánicos

Una teoría popular sostiene que muchos diamantes se forman cuando las losas de los fondos marinos (parte de una placa oceánica) se trituran debajo de las placas continentales en las llamadas zonas de subducción tectónica.

La formación de diamantes es impulsada ​​por el reciclaje de sedimentos marinos en las zonas de subducción oceánicas.

Durante el proceso, la placa oceánica y todos los minerales en el fondo del mar se hunden cientos de kilómetros en el manto de la Tierra, donde cristalizan lentamente a altas temperaturas y presiones aplastantes. Finalmente, estos cristales se mezclan con el magma volcánico llamado kimberlita y estallan en la superficie del planeta como diamantes.

El apoyo a esta teoría se puede encontrar en los minerales oceánicos que dan a los diamantes azules su color característico. Sin embargo, estos diamantes se encuentran entre los más raros y caros de la Tierra, lo que dificulta su estudio.

Pero una reciente investigación realizada por un equipo de geocientíficos de la Universidad Macquarie en Sídney, la Universidad Goethe y la Universidad Johannes Gutenberg de Alemania, proporciona evidencia sobre los orígenes oceánicos de los diamantes.

Para el estudio, los investigadores observaron depósitos de sedimentos salados dentro de una clase de piedra mucho más común conocida como diamantes fibrosos, que si bien son menos preciados por los joyeros, por estar empañados con pequeños depósitos de sal, potasio y otras sustancias, son más valiosos para los científicos, ya que esas trazas de impureza pueden revelar sus orígenes subterráneos.

A tal fin, los investigadores intentaron recrear en laboratorio las reacciones hiperactivas que ocurren cuando los minerales del fondo marino se subducen en el manto de la Tierra.

Condiciones para su formación

Para ello, el equipo colocó muestras de sedimentos marinos en un contenedor con un mineral llamado peridotita, una roca volcánica ampliamente presente en donde se cree que se forman los diamantes, y luego expusieron la mezcla a una combinación de calor intenso y condiciones de presión que imitaban a las que se encuentran en el manto.

Los diamantes simbolizan estatus, riqueza y romance.

Los investigadores encontraron que cuando la mezcla se sometió a presiones de 4 a 6 gigapascales (40.000 a 60.000 veces la presión atmosférica promedio a nivel del mar) y temperaturas entre 800 y 1.100 grados Celsius, se formaron cristales de sal con propiedades casi idénticas a las que se encuentran en los diamantes fibrosos.

Estos resultados demuestran que los procesos que conducen al crecimiento de diamantes son impulsados ​​por el reciclaje de sedimentos marinos en las zonas de subducción oceánicas.

En otras palabras, explican los investigadores, cuando el viejo lecho marino se desliza en el crisol profundo del manto, las fuerzas en colisión crean las condiciones perfectas para la formación de diamantes, confirmando la teoría de su origen oceánico.

Referencia: Melting of sediments in the deep mantle produces saline fluid inclusions in diamonds. Science Advances, 2019. https://doi.org/10.1126/sciadv.aau2620