Entre los alimentos crudos y alimentos cocidos o procesados, hay una diferencia, no solo en apariencia, sino también en términos de sabor, valores nutricionales y efectos en la salud. Tanto es así que nuestro cerebro parece considerarlas entidades diferentes.

De acuerdo a los resultados de una reciente investigación, la corteza occipital de nuestro cerebro se activará para reconocer los alimentos crudos, como las frutas, mientras que el reconocimiento de un trozo de pan o un buen plato de pasta con salsa, requiere de la activación de otra región del cerebro llamada giro temporal medio.

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Pruebas de reconocimiento

La comida es esencial para la vida, por lo tanto, poder reconocer fácilmente si es tóxica, sabrosa o nutritiva es una capacidad de suma importancia para nuestra subsistencia. Para ayudarnos en este sentido, los humanos contamos con lo que se conoce como la memoria semántica, que es un gran almacén de información sobre todo lo que sabemos, incluidas las propiedades sensoriales o abstractas de los objetos.

Los investigadores identificaron una red de regiones cerebrales responsables de la recuperación e integración de la información alimentaria.

Un modelo propuesto en los últimos años establece que la memoria semántica se compone de dos partes: la sensorial, responsable de identificar “lo vivo”, y una parte funcional, encargada de identificar “lo no vivo”, y a partir de este enfoque, los investigadores decidieron averiguar si ocurre algo similar en el caso de los alimentos.

Para ello, el equipo de investigación involucró en el estudio a individuos sanos y pacientes con diferentes enfermedades neurodegenerativas, los cuales presentaron un daño extenso en las partes del cerebro asociadas con la memoria semántica.

A todos los individuos se les administraron pruebas de reconocimiento: se les presentaron imágenes de alimentos, naturales y procesados, pero también imágenes de artículos no comestibles, divididos entre seres vivos, como plantas, y no vivos, por ejemplo: herramientas.

Utilizando una técnica “morfométrica” definida, los investigadores pudieron relacionar los resultados de las pruebas semánticas con el volumen del cerebro y luego identificar las áreas del cerebro que, si se atrofian (como en el caso de pacientes que padecen enfermedades neurodegenerativas) están vinculadas a peores capacidades de reconocimiento.

Teoría confirmada

Los resultados confirmaron que en el reconocimiento de los alimentos naturales está implicada la misma región cerebral responsable del reconocimiento de los seres vivos, la corteza lateral occipital, involucrada en la memoria semántica sensorial.

Poder reconocer si un alimento es tóxico, sabroso o nutritivo es una capacidad de suma importancia para nuestra subsistencia.

Asimismo, se comprobó que otra parte del cerebro, el giro temporal medio, involucrado en la memoria semántica funcional, está relacionado en el reconocimiento tanto de los alimentos procesados ​​como de los seres no vivos.

Los resultados de estas pruebas, además de confirmar la teoría planteada, permitieron identificar varias regiones cerebrales que están fuertemente relacionadas con el reconocimiento de alimentos.

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Los investigadores explican que es como si hubiera una red de regiones cerebrales responsables de la recuperación e integración de la información alimentaria, la cual nos permite interactuar correctamente con ellos, por ejemplo, comerlos directamente o cocinarlos.

Este proceso sería, por lo tanto, el resultado de la acción conjunta de diferentes partes del cerebro, algunas de las cuales están diseñadas para reconocer sus propiedades sensoriales y funcionales, otras para integrarlas y coordinar el comportamiento basado en ellas.

Referencia: Food knowledge depends upon the integrity of both sensory and functional properties: a VBM, TBSS and DTI tractography study. Scientific Reports, 2019. https://doi.org/10.1038/s41598-019-43919-8

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