La evidencia psicofísica y fisiológica sugiere cada vez más que el sistema visual procesa rítmicamente la información sensorial, como lo ejemplifica la actividad neural oscilatoria. Estudios recientes muestran que el rendimiento de detección para estímulos visuales fluctúa entre 6 y 8 veces por segundo (6 a 8 hercios), una tasa que los investigadores denominan ritmos theta.

Hasta la fecha, estos hallazgos se han interpretado como un reflejo de la periodicidad de una red de atención que facilita y acelera el procesamiento del estímulo, ya que las señales visuales facilitan la detección del objetivo de manera periódica y en correlación con las fases de la oscilación neural.

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Usando ilusiones ópticas

En este sentido, una reciente investigación realizada por científicos de la Universidad de Tokio, muestra que las ondas rítmicas de la actividad cerebral nos hacen ver o no imágenes complejas que parpadean ante nuestros ojos.

Los investigadores realizaron pruebas utilizando imágenes como el patrón de Gabor.

Estos resultados provienen de una serie de pruebas que involucraron el uso de ilusiones ópticas –imágenes que implican actividad tanto en los ojos como en el cerebro– las cuales se forman a través de trucos que inciden en cualquier parte de nuestro complejo sistema visual.

Para la investigación, el equipo estudió la ilusión del patrón de Gabor, en la que un círculo que se mueve suavemente parece saltar por la pantalla.

En las pruebas realizadas, los espectadores vieron saltos a un ritmo constante independientemente de la velocidad real de la ilusión. El ritmo de los saltos en la ilusión óptica fue notablemente similar al ritmo theta de las ondas cerebrales relacionadas con la atención.

Esta observación provino de una prueba que se realizó de la siguiente manera: inicialmente, los investigadores indicaron a los participantes que presionaran un botón para comenzar, siempre que se sintieran listos.

Luego, después de un tiempo de espera impredecible, dos imágenes parpadearían rápidamente en la pantalla de una computadora, una después de la otra. Luego, los participantes informaron qué imágenes vieron.

Imágenes y ondas cerebrales

El tiempo de espera entre la pulsación del botón y el flash de imagen fue de entre 50 y 800 milisegundos. En ese lapso de tiempo, las ondas cerebrales del ritmo theta pueden fluctuar de 4 a 7 veces.

Si la visualización de la imagen coincidía con el punto bajo de la onda cerebral de atención, ésta podría volverse funcionalmente invisible.

Los participantes fueron mucho más propensos a informar correctamente qué imágenes vieron cuando las imágenes parpadearon al mismo tiempo que un punto alto de sus ondas cerebrales de atención, según lo medido por un EEG (electroencefalograma).

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Lo contrario también era cierto: era más probable que los participantes dieran una respuesta incorrecta cuando las imágenes se mostraban al mismo tiempo que un punto bajo de su onda cerebral de atención.

Teóricamente, una imagen podría volverse funcionalmente invisible si siempre destellara en el tiempo con los puntos bajos de las ondas cerebrales de la atención del ritmo theta.

Los autores del estudio manifiestan que este es el primer registro de la actividad cerebral rítmica utilizada para lograr una percepción visual integrada.

Referencia: Attention periodically binds visual features as single events depending on neural oscillations phase-locked to action. Journal of Neuroscience, 2019. https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.2494-18.2019

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